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A su vuelta a la Casa Blanca, Donald Trump puso al Brasil de Luiz Inácio Lula da Silva en la mira, especialmente a través de su guerra comercial, con el argumento de que llevaba adelante una "caza de brujas" contra su aliado Jair Bolsonaro. El vínculo bilateral, entre tanto, tuvo idas y vueltas, pero alcanzó un punto crítico esta semana por un impasse diplomático que llevó a que Estados Unidos le retirara la visa a la embajadora brasileña.

A menos de dos meses de las elecciones, en las que Lula se juega la reelección, el presidente brasileño envió el pasado viernes una señal de distensión a su homólogo estadounidense y señaló directamente a su secretario de Estado, Marco Rubio, de quien dijo que es un "antilatinoamericano" que "odia a Brasil".

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Lula, que parte como favorito para los comicios de octubre, pero con una leve ventaja sobre su rival Flávio Bolsonaro que comenzó a achicarse, recordó los encuentros que tuvo con Trump y aseguró que el republicano lo trató siempre "con mucho respeto". En particular, evocó la reunión que mantuvieron a fines del año pasado en Malasia, que ayudó a recomponer el vínculo.

"Yo le dije: mira, Trump, somos dos hombres de 80 años. Yo ya cumplí 80. Él cumplió 80 el 14 de julio. Y tenemos que transmitir al mundo la responsabilidad de las dos democracias más grandes del mundo, que mantienen relaciones diplomáticas desde hace 201 años", afirmó y aseguró que le dijo que deben "transmitir al mundo una cierta armonía" en lugar de basarse en "desinformaciones".

El cara a cara que tuvieron al margen de la cumbre de la ASEAN no fue el primero ni el último desde la vuelta del republicano al poder. Antes se habían cruzado brevemente durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York y este año Lula visitó a Trump en la Casa Blanca en mayo. Pese a las disputas en juego y sus diferencias ideológicas, cada vez que se vieron hubo expresiones de satisfacción en ambos. El estadounidense llegó a decir que había una "excelente química" entre ambos.

El presidente brasileño sugirió en los últimos días a personas cercanas que intentaría conversar telefónicamente con Trump, una llamada que podría darse incluso la próxima semana, según reveló el portal G1, de Globo.

La crisis diplomática y los dardos contra Rubio

Para el gobierno de Lula fue una semana intensa en lo diplomático, con dos crisis en puerta en plena campaña preelectoral. Tras los insultos de Javier Milei al presidente brasileño, que llevaron a que su gobierno rebajara su vínculo con el argentino al nivel de encargado de negocios, la administración Trump revocó la visa de la embajadora brasileña en Washington, Maria Luiza Ribeiro Viotti, por la negativa de Brasil a dar su beneplácito al designado como embajador de Estados Unidos.

La embajadora de Brasil en EEUU, Maria Luiza Ribeiro Viotti

Brasil había comunicado que no se pronunciaría sobre el nombramiento hasta después de las elecciones de octubre y cuestionó a Estados Unidos por hacer pública la nominación en lugar de esperar a la respuesta de Brasilia, tal como estipula la Convención de Viena. Finalmente el Senado de Estados Unidos confirmó el viernes a Daniel Pérez, presidente de la Cámara de Representantes de Florida, como el próximo embajador ante el país sudamericano.

Además de demorar la aprobación de Pérez, hace unas semanas Brasil negó visas a Riley Barnes, subsecretario de Estado para Democracia, Derechos Humanos y Trabajo, y a su subsecretario adjunto, Samuel Samson, a los que acusó de intentar poner en duda el sistema electoral brasileño e "interferir en el proceso político nacional".

La Presidencia brasileña expresó su "repudio" a la decisión sobre Ribeiro Viotti, que por el momento no abandonó el país, y consideró que "no es un hecho aislado". "Forma parte de una escalada deliberada de medidas hostiles contra Brasil, motivadas por razones ideológicas incompatibles con una relación bilateral que siempre se ha caracterizado por el respeto mutuo", señaló en un comunicado.

En medio de la tensión, Lula cuestionó el viernes a Marco Rubio y al Departamento de Estado. "Pero él (Trump) tiene a un ciudadano al que no le gusta Brasil, que no le gusta América Latina, y que es un bolsonarista: el secretario de Estado, Marco Rubio", manifestó. Y siguió: "(Rubio) es un antilatinoamericano, o un latinoamericano frustrado. (...) Es un descendiente de cubanos de Miami, entonces odia a Cuba, odia a Colombia, odia a Brasil, y hace las cosas de forma diferente a lo que nosotros conversamos con Trump".

La disputa comercial

La tensión diplomática se da además en medio de la disputa comercial que mantiene Estados Unidos con Brasil. Poco después de asumir, Trump decretó una serie de aranceles contra sus principales socios comerciales y a Brasil le impuso una tarifa del 50% por el juicio contra su aliado Bolsonaro, condenado entre tanto a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado. Esos gravámenes fueron luego rebajados y parcialmente anulados por la decisión de la Corte Suprema de EEUU de revocar los aranceles recíprocos del mandatario republicano.

Ante el revés judicial, Trump relanzó este año su guerra comercial, con la que asegura busca proteger los intereses nacionales de Estados Unidos, y su administración estableció un nuevo gravamen a Brasil del 25% por "prácticas comerciales desleales" al que se sumó luego un 12,5% por no combatir lo suficiente las importaciones de bienes procedentes del trabajo forzado.

Entre las "prácticas comerciales desleales", el gobierno estadounidense citó el sistema electrónico de pagos automáticos (PIX), la aplicación de las normas para combatir la corrupción, las leyes de protección de la propiedad intelectual, el acceso al mercado de etanol y la supuesta tolerancia a la deforestación ilegal.

Lula recordó este último punto en el acto del viernes, en el que el gobierno brasileño celebró una reducción del 37% en las alertas de deforestación en la Amazonía para el período 2025-2026. Por eso, el mandatario dijo que el argumento del arancel "no es verdadero, otra vez" y que duda que exista "en el mundo" un país que se tome más en serio la cuestión climática que Brasil.

"Nadie, ni los Estados Unidos, toma en serio la cuestión climática como Brasil. Nadie. Ya lo vi a él (Trump) en la ONU diciendo que no cree en la cuestión climática y que es todo mentira", manifestó.

Buque de carga navegando en el puerto de Santos, Brasil

La disputa comercial tuvo un fuerte impacto en el vínculo económico. Los datos de la Cámara Estadounidense de Comercio indican que en el primer semestre de este año las exportaciones de Brasil a EEUU sumaron 17.400 millones de dólares, una caída de 13% respecto al mismo lapso de 2025. Tras este descenso, la participación estadounidense en las exportaciones brasileñas se redujo a 9,4%, el nivel más bajo desde 1997.

En paralelo, Brasil también redujo sus compras a Estados Unidos. Las importaciones cayeron un 12,5% en el primer semestre y se ubicaron en 19.000 millones de dólares, el menor registro de los últimos cinco años. En ese contexto, Brasil fortaleció sus ventas a otros mercados como la Unión Europea, pero sobre todo a China, la potencia que Estados Unidos busca debilitar en la región como parte de su estrategia de predominio en el hemisferio occidental.

El impacto electoral

Los aranceles lanzados por Trump se metieron de lleno en la campaña para las elecciones de octubre en Brasil. El diputado Flávio Bolsonaro aprovechó su cercanía con el gobierno del republicano para pedir que no avanzara con la medida. Después de visitar al líder MAGA en la Casa Blanca, asistió el mes pasado a una audiencia pública de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR). "Cada arancel suplementario está fortaleciendo al mismo gobierno que se pretende presionar", dijo en Washington.

Lula había responsabilizado a los Bolsonaro, tanto a Flávio como a su hermano menor Eduardo, que reside en EEUU, por los gravámenes a los productos brasileños. El argumento de la defensa de la soberanía nacional, sumado a los escándalos que sacudieron a su rival bolsonarista, sirvió para impulsar su candidatura y las últimas encuestas lo ubicaron en primer lugar, tanto para la primera vuelta del 4 de octubre, como para el balotaje que podría celebrarse tres semanas después.

Flávio Bolsonaro

De todas formas, un sondeo dado a conocer esta semana reveló que la distancia entre ambos candidatos se achicó. La encuesta de Quaest, realizada entre el 31 de julio y el 4 de agosto, le dio a Lula un 44% de intención de voto en una eventual segunda vuelta, frente al 39% de Bolsonaro, una diferencia de cinco puntos porcentuales. El mes pasado, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) le sacaba 8 puntos al candidato del Partido Liberal (PL), por 45% a 37%.

Pero además reveló otro cambio: cuando se consultó a los encuestados sobre quién defendía mejor los intereses de Brasil, Lula había registrado un 47% en junio, subió a 51% en julio y cayó ahora al 46%. Bolsonaro, en tanto, registraba un 37%, cayó al 34% y subió ahora a 38%.

"El tema del tarifazo está empezando a cansar al elector", consideró Guilherme Russo, director de Quaest, en entrevista con CNN Brasil. Para el encuestador, el conflicto entre Brasil y Estados Unidos, que antes era favorable para Lula, comienza a convertirse en un punto negativo. "Los nuevos aranceles hacen que el votante piense que Lula no está logrando resolver esto, lo cual difiere un poco de lo que se esperaba el año pasado. La encuesta muestra que Lula está empezando a pagar el precio de esta relación más conflictiva con Estados Unidos", dijo Russo.

Luiz Inácio Lula da Silva

Para el analista Silvio Cascione, director de la consultora Eurasia Group en Brasil, el tema de la política exterior no va a ser decisivo en las elecciones, aunque tampoco debe ser desestimado. El especialista considera que el tema de la relación con EEUU podría ser estratégico para el actual presidente en la campaña electoral, que comienza oficialmente el 16 de agosto.

"Para Lula, hablar de este tema, hablar de la disputa con Estados Unidos —una disputa que, según insiste el gobierno, fue provocada por Bolsonaro— es un intento de resaltar las cualidades que él quiere destacar", explicó. A la vez, dijo que actualmente para los votantes brasileños la asociación con Trump es negativa. "No es algo unánime, pero la mayoría del electorado tiende a ver con malos ojos al gobierno de Trump y sus políticas", apuntó.

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