2 de marzo 2026 - 20:02hs

América Latina está discutiendo su inserción en el nuevo orden mundial. Minerales críticos, IA y energía están a la cabeza de esos sueños para ser parte de un futuro mejor. No es un secreto que países como Argentina, Chile, Perú, Bolivia y Brasil cuentan reservas gigantescas de oro, litio, tierras raras, uranio y cobre, todos materiales vitales para el nuevo mundo naciente. Sin embargo, los gobiernos de la región tratan estos temas como si fueran un asunto técnico.

No lo es. Es un asunto político en el sentido más profundo: el arte de ordenar intereses, construir legitimidad y sostener decisiones consistentes en sus territorios. Y en 2026, con la expansión acelerada de la inteligencia artificial, ese punto deja de ser filosófico: se vuelve un requisito material para que el país capture valor real en el nuevo escenario global.

Marco Rubio cancilleres minerales críticos
El canciller argentino Pablo Quirno, arriba a la derecha, forma parte de la

El canciller argentino Pablo Quirno, arriba a la derecha, forma parte de la "foto de familia" del encuentro sobre minerales críticos liderado por Marco Rubio en Washington.

La IA suele presentarse como un fenómeno digital. Pero es una industria física: chips, centros de datos, redes, agua y, sobre todo, minerales críticos y energía. Para que ese mundo exista, alguien tiene que habilitar el acceso a recursos, permisos, infraestructura, seguridad jurídica y estabilidad social. Ese “alguien” no es un algoritmo construido en Python. Es un código más antiguo llamado política. Un código invisible para las mayorías, pero con reglas, patrones y procesos que han sobrevivido y evolucionado por milenios.

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La política es la única fuerza capaz de oponerse a la IA

Por esto sostengo una tesis incómoda, especialmente para los tecnócratas: la política es la única fuerza capaz de oponerse a la IA, para bien o para mal. Los mercados financian, las empresas ejecutan, la tecnología acelera. Solo la política decide qué es aceptable, en nombre de quién y bajo qué condiciones.

La minería no escapa a esta máxima tampoco. Por el contrario, su potencial expansión o su retracción está atada a la suerte de esta relación de fuerza entre tecnología y política.

Escribo esta suerte de alegato para que la política no deje pasar esta oportunidad única desde Canadá. Puntualmente, desde la Convención de la Asociación de Prospectores y Desarrolladores de Canadá (PDAC). La PDAC 2026 es el encuentro líder en exploración y minería, que se celebra en el Centro de Convenciones Metropolitano de Toronto.

Mina de cobre en Donoso (Panamá). EFE

El gran punto ciego: la micro-política

En América Latina —y hoy específicamente en Argentina— este dilema se juega en las cadenas de suministro de minerales críticos. La discusión, en vez de empezar por el primer capítulo, suele arrancar por el quinto: cuánto litio, cobre o tierras raras tenemos, qué incentivos damos, cómo exportamos más.

Pero la película empieza antes: licencias, consentimiento, tejido social, gobiernos subnacionales, y autoridades locales que no siempre caben en los organigramas. Si esa capa no se gobierna, el suministro se corta. Y si el suministro se corta, el país no entra a la economía material de la IA: queda como espectador o mero proveedor de commodities baratos.

Tierras raras en China. AP

Aquí aparece la micro-política, el gran punto ciego de los marcos actuales. Los grandes acuerdos —entre Estados, grandes mineras, Fondos de inversión— tienden a fallar en lo pequeño: relaciones de confianza, legitimidades comunitarias, liderazgos culturales o religiosos, y dinámicas territoriales que pueden paralizar una mina, una ruta, una planta o un proyecto energético. Esos actores “invisibles” para el ojo no entrenado definen en la práctica si un proyecto vive o muere. Y no se los gestiona con un decreto: se los gestiona con despliegue político en serio.

En Argentina hay antecedentes de proyectos mineros como el de Famatina o el de Esquel, ambos emprendimientos provinciales importantes, pero parados porque falló el micromanagement.

El rol de los gobierno provinciales

Un buen caso de estudio puede ser el Gobierno argentino. Si el RIGI, la reforma laboral y la nueva ley de glaciares se piensan solo como instrumentos jurídicos y económicos, corren el riesgo de repetir el patrón latinoamericano de siempre: buenas intenciones en el papel, conflicto y parálisis en el territorio.

Congreso Argentina. EFE
Congreso de la Nación Argentina.

Congreso de la Nación Argentina.

En este punto los gobiernos provinciales adquieren un nuevo rol. Pero no está claro que estén a la altura de lo que hay en jugo. Sin una estrategia explícita de construcción de legitimidad —una arquitectura de licencia social, resolución de disputas, beneficios verificables, capacidad de negociación subnacional y capilaridad social profunda— esos instrumentos pueden convertirse en otro fracaso. O peor aún: en un catalizador de resistencia.

La ventana es ahora, nadie lo duda. Argentina puede ser parte de la infraestructura global que alimenta la IA o puede quedar atrapada en la trampa extractiva. Pero para lo primero hace falta reconocer una verdad simple: los minerales críticos no son solo geología, son política. Y la política, hoy, es el mineral crítico que la IA no puede extraer. Si no se lo incorpora al diseño de las reformas, el futuro no se construirá; se postergará, otra vez, en nombre de una “modernización” que no logró gobernar lo esencial: el vínculo humano que hace posible cualquier gran acuerdo. Mientras tanto la minera espera y reza.

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