6 de octubre de 2026 14:54 hs

En la Asamblea General de la ONU, el presidente Trump pronunció un discurso de victoria. Una década después de decirles a sus seguidores durante la campaña electoral que acumularía tantas victorias que "incluso podrían cansarse de ganar", presentó una lista de logros, entre los que se incluyen la resolución de ocho guerras, medidas contra "el matón de Medio Oriente" en Irán, un acuerdo con Dinamarca sobre Groenlandia y el arresto del "dictador criminal Nicolás Maduro.

Hay que reconocerle a Trump que algunas de estas victorias son significativas: una paz frágil pero importante en Gaza y una Venezuela que avanza lentamente hacia elecciones por primera vez en más de 10 años.

Sin embargo, su discurso triunfal también dejó al descubierto otra realidad: los crecientes límites de su poder al entrar en la fase final de su mandato, con unos índices de aprobación en mínimos y teniedo que interactuar con líderes cuyos mandatos se extenderán mucho más allá del suyo. Trump, que supo ser la fuerza más poderosa e impredecible en el escenario internacional, ya ha superado el punto álgido de su capacidad para alterar el orden global.

Donal Trump

Donal Trump

La prueba del debilitamiento de su influencia se observa en sus principales prioridades: los aranceles, la guerra con Irán y las medidas de control migratorio.

La guerra comercial

A principios de este año, la Corte Suprema invalidó el uso que hizo Trump de los poderes de emergencia para imponer aranceles, en un fallo de 6 a 3. Incluso antes de esa decisión, Trump se enfrentó a los límites de su poder en su breve guerra comercial con China, cuando intentó forzar concesiones con un arancel del 145%, antes de tener que dar marcha atrás para evitar un grave daño a la economía estadounidense, ya que Pekín respondió con un arancel del 125% y la suspensión de las exportaciones de minerales críticos.

Ahora, Trump no solo ha moderado sus políticas hacia China, sino que ha dado un giro casi total a su postura, como lo demuestra la reciente visita del presidente Xi a Washington: Trump acudió a recibirlo al aeropuerto, algo que no hacía un líder estadounidense en una visita de Estado desde 1962, y se ofreció a venderle armas a China, lo cual viola la ley estadounidense.

Cuando Trump intentó intensificar la presión comercial sobre Canadá, el primer ministro Mark Carney respondió con aranceles de represalia y una nueva estrategia de potencia intermedia. Trump interpretó correctamente que tenía influencia económica sobre Canadá (ya que más del 70% de las exportaciones canadienses se dirigen a EEUU), pero subestimó el desequilibrio de poder entre él, un líder impopular al que solo le quedan dos años de mandato, y Carney, a quien apoya más del 60% de los canadienses; una ola de apoyo que probablemente lo mantendrá en el cargo durante los próximos años.

Ahora Canadá está pensando aún más en grande: forjando una conexión más estrecha con la Unión Europea e intentando que otros países, como Australia y el Reino Unido, se sumen a esta iniciativa.

El conflicto con Irán

Trump se ha topado con límites similares en la guerra con Irán. Tras intentar orquestar un cambio rápido de régimen, sin contar con las tropas terrestres necesarias para ello, el gobierno estadounidense se vio sorprendido por el control iraní del Estrecho de Ormuz y se ha visto incapaz de alcanzar un acuerdo duradero para reabrir el estrecho.

La tarea de Trump para resolver esta guerra se ve dificultada por el hecho de que los iraníes ya no confían en los acuerdos estadounidenses, dada la decisión de Trump de romper el acuerdo nuclear original del presidente Obama en su primer mandato y, posteriormente, atacar a Irán mientras negociaba activamente uno nuevo en su segundo mandato.

Como resultado, la estrategia de Irán consiste en esperar a que termine el mandato de Trump, con la esperanza de que la presión económica derivada del cierre del estrecho y su capital político cada vez más escaso lo obliguen finalmente a ofrecer mayores concesiones. Aunque Trump ha intentado transmitir el mensaje de que no dará marcha atrás, amenazando con "aniquilar" al país, enfatizando que una derrota en las elecciones de medio mandato no alterará su estrategia y enviando nuevas fuerzas a Medio Oriente, Irán no se ha dejado intimidar.

La política migratoria

A nivel nacional, las políticas insignia de Trump en materia de control migratorio también están enfrentando resistencia. A principios de este año, la Operación Metro Surge en Minnesota desencadenó tal nivel de violencia y disturbios que el "zar de la frontera", Tom Homan, tuvo que poner fin a la iniciativa.

Ahora, los republicanos de la Cámara de Representantes y del Senado, muchos de los cuales se postulan para la reelección este noviembre y enfrentan pocas posibilidades debido a la caída en los índices de aprobación de Trump, se están distanciando de él. Incluso el senador Jim Justice, aliado de larga data de Trump, quien está considerando postularse para gobernador de Virginia Occidental, ahora sostiene que las políticas migratorias del gobierno "se están haciendo mal".

Trump, sin duda, sigue siendo una figura trascendental en el escenario mundial: está al frente del ejército más poderoso y de la economía más dinámica del mundo en una época con escasas salvaguardas internacionales. Pero la brecha entre sus ambiciones y sus capacidades se está ampliando. Como resultado, el nivel de riesgo global asociado con Trump está disminuyendo en todos los frentes, excepto en uno: la inteligencia artificial.

La IA es la única excepción en la que la capacidad de Trump para alterar el orden mundial está aumentando. Su decisión de descartar la regulación de la IA con el fin de "ganar" la carrera de la IA contra China, a pesar de los incidentes de seguridad cada vez más frecuentes documentados por empresas como OpenAI y Anthropic —desde intentos de desarrollar armas biológicas utilizando IA hasta oleadas de ataques de piratería por parte de gobiernos sin escrúpulos—, hace casi seguro que, tarde o temprano, surgirá una crisis impulsada por la IA.

Dicha crisis, al igual que las acciones de Trump en materia de comercio, Irán y la aplicación de las leyes de inmigración, se intensificará de formas que actualmente son imprevisibles y demostrará aún más los límites de su poder en los últimos años de su presidencia.

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