"Se va a imponer el sentido común y vamos a ganar", le dijo a este medio Byron Donalds, quien está cerca de convertirse en el primer gobernador negro de Florida. En su discurso, Donalds buscó romper el hielo con un chiste sobre cierta rivalidad amable entre Florida y Texas. Los locales no lo recibieron como él esperaba y se llevó unos breves booo que pudo revertir minutos después.
La batalla contra los medios tradicionales tuvo, en los pasillos del estadio de Dallas, un plan B. "¿Cansado de la narrativa? Escribí vos", sugería un cartel de Substack. La plataforma digital de publicación online tiene un stand en la convención, invitando a los participantes a relatar en primera persona su experiencia. Una sublevación partidaria contra la prensa que suele tener una mirada crítica del planeta Trump y sus satélites.
La convención rápidamente desnudó su condición de Trump-a-palooza, como los propios asistentes la denominaron con una cuota de humor. El mensaje principal del evento del líder con su núcleo duro de votantes fue: la batalla no está perdida. El jefe del movimiento pidió a los estadounidenses que arenguen a los independientes, que persuadan a quienes le prestaron el voto en 2024 y ahora dudan si renovar el crédito, quedarse en casa o apostar por la oposición demócrata.
Entre sus cientos de ramificaciones, el presidente hizo un anuncio concreto. Prometió 5.000 dólares a cada "adulto estadounidense" si los republicanos mantienen el control del Congreso en la votación del 3 de noviembre. Ese martes se renovarán las 435 bancas de la Cámara de Representantes y 35 de las 100 del Senado.
"Si los republicanos ganan, ustedes ganan con nosotros y reciben 5.000 dólares. Se llamará el dividendo Trump", dijo. Sin dar demasiadas precisiones, planteó que Estados Unidos "está ganando mucho dinero". El público lo celebró. Pero no lo hizo de manera especial. Antes y después del anuncio también lo vivaron. "¡U- S-A!", fue el himno espontáneo que coreaban los miles de asistentes.
La promesa del líder tuvo mucho más impacto en las redacciones de los medios que entre sus fans. En vivo y directo, el compromiso dinerario (plan platita se denominaría en algunos países de América Latina) fue asimilado como una ocurrencia más de Trump.
Así Trump evidenció su enorme interés en romper la estadística. ¿Cuál? La que condena a los presidentes de Estados Unidos a perder las midterms, con poquísimas excepciones. "Vamos a cambiarlo", se ilusionó en la noche de Dallas.
Las últimas encuestas lo contradicen. Proyectan una victoria demócrata para el control de la Cámara Baja y una probabilidad de fifty-fifty para el Senado, según el agregador de resultados de Decision Desk HQ. Pero no sería la primera vez que las encuestas se equivocan en perjuicio de Trump. En la última década, el neoyorquino fue subestimado sin falta por las consultoras y las mediciones de opinión.
"Que estemos conversando sobre la mera posibilidad de que ganemos, ya es un triunfo para nosotros", opina ante El Observador un estratega republicano. ¿Se trata de un análisis optimista o pesimista? Un elegante mix.
La sucesión de Trump
"Les pido que finjan que estoy en la boleta de votación. Estoy en la boleta, solo una vez más", rogó. En el acto, un grupo de seguidores MAGA empezó a corear el "one more time", en referencia a la posibilidad de que Trump vaya por un (trabado constitucionalmente) tercer mandato. Pero el grito de guerra no prendió en la multitud. El presidente dejó de coquetear con esa idea en el último año. Y en la noche de Dallas dijo que él sólo disfrutaría durante pocos meses las remodelaciones que está encarando en la Casa Blanca.
En los pasillos del estadio, El Observador USA preguntó a los militantes republicanos por su preferencia para la sucesión de Trump: sólo una mujer, sobre diez consultados, planteó que era injusto que Trump no pudiera ir por un nuevo mandato. El resto señaló a Marco Rubio (primero) y a JD Vance como sus favoritos.
"Quizás no debería decirlo, pero a mi me gusta Rubio, está haciendo un gran trabajo", le dijo a este medio la candidata a representante de Texas Lauren Peña.
La ausencia del secretario de Estado, de gira por América Latina, fue leída por algunos trumpólogos como un prematuro gesto de toma de partido por parte de Trump en favor de su vice. ¿Será así? Falta demasiado para saberlo.
"Si perdemos, van a perder la frontera, las reducciones de impuestos; van a perder la seguridad, van a perder su riqueza, el país se irá al infierno y ustedes se irán al infierno, así como hace dos años", aseguró el presidente de 80 años en referencia a Joe Biden.
Texas, bastión republicano
El dress code del Trump-a-palooza fue apoteóticamente texano: botas para las mujeres; sombreros de ala ancha para los varones. La mayoría de las 20.000 personas que coparon el American Airlines Center eran locales. Trump decidió que la inédita Convención Nacional Republicana en la previa a las midterms se realizara en Dallas.
La última vez que un demócrata ganó una elección estatal en Texas fue en 1994. Pero esta vez las encuestas marcan una riesgosa paridad. Perder en este estado sería un fuerte golpe simbólico para los republicanos. Por eso James Talarico fue especialmente apuntado por Trump. El presidente le hizo bullying al llamarlo James Talafreako, generando risotadas de la audiencia.
Dos horas antes, el rival directo de Talarico por la banca en el Senado, el trumpista Ken Paxton, lo describió como "un socialista que quiere destruirnos y ponerle impuestos a todo". "No necesitamos un tercer senador de California", se quejó con ocurrencia.
Ex maestro de escuela, Talarico es una estrella en ascenso dentro del sistema demócrata. Domina el español a la perfección en un estado con 6,5 millones de latinos en condiciones de votar.
Si bien es encasillable en el ala izquierdista del partido, con un discurso populista que antagoniza entre ricos y el pueblo, su fe evangélica lo diferencia de los clásicos liberals seculares. Desde el escenario y los pasillos del American Airlines Center, el joven texano fue crucificado por los MAGA. Todo un síntoma, ante encuestas que lo muestran 2 puntos arriba de Paxton.
Ken Paxton en la Convención Republicana
El presidente optó por un baño político sureño para energizar a las bases MAGA tras dos años de desgaste lógico. Pero a la vez potenciado por la impopular guerra en Irán, que sigue empantanada en el laberinto de Medio Oriente.
"Todavía tenemos pendiente bajar la inflación y salir de las guerras interminables. No lo logramos en estos dos años, pero estamos a tiempo", admitió ante este medio James Fishback, inversor de Miami y ex candidato a gobernador de Florida. Fue una de las pocas voces que se animó a salir del tono ultra-optimista de la convención.
Trump predijo una victoria que haría bajar de inmediato los precios del petróleo. Insistió en que el estrecho de Ormuz debería llevar su nombre.
"Los precios de los alimentos y de casi todos los demás artículos están bajando rápidamente. Y, por cierto, el petróleo bajará en cuanto ganemos la guerra con Irán, que está teniendo lugar ahora mismo", sostuvo.
La amenaza del comunismo
Durante toda la tarde, los oradores previos a Trump pegaron a los demócratas con el peligro del avance del comunismo. Lo hicieron a caballo del crecimiento del ala izquierdista de los dems. Los apuntados fueron Zohran Mamdani; Abdul El-Sayed, quien podría ser en Michigan el primer senador musulmán de la historia de Estados Unidos; la florideana Angie Nixon; y James Talarico.
Trump se subió a ese clima y alertó sobre una ola de comunismo que amenaza a Estados Unidos.
"Va a ser un país comunista si ellos ganan", afirmó. "Su voto decidirá si nuestro país tropieza en la puerta de salida de los próximos 250 años o se lanza hacia adelante y jamás, jamás mira atrás".
Un senador demócrata coincidió en agitar el fantasma del comunismo. ¿Quién? El díscolo John Fetterman, cada vez más enfrentado con el ala izquierda de su propio partido. Mandó un video de apoyo a la cruzada MAGA contra los sectores más radicalizados de los demócratas.
Su aparición avivó especulaciones sobre una posible deserción. De pegar el salto, se trataría de un duro golpe a las esperanzas demócratas de lograr ser mayoría en el Senado.
La convención también funciona como una vía de recaudación: a los donantes se les ofreció una foto con Trump a cambio de 88.600 dólares, mientras que el acceso a una mesa redonda con el presidente cuesta 250.000 dólares. Pero la cita en Dallas va mucho más allá del afán recaudatorio. Perder la mayoría en ambas cámaras pondría a Trump a la defensiva permanente en el segundo tiempo de su mandato.
"Si perdemos, lo primero que van a intentar es hacerle un impeachment aunque no tengan argumentos, especialmente porque Trump no es una persona del establishment", se lamentó el veterano activista William Oden, lookeado con sombrero cowboy y lentejuelas rojas y azules.