Maximiliano Silvera volvió al Campeón del Siglo por primera vez desde su pase de Peñarol a Nacional, y fue clave para la victoria tricolor por 1-0 en el clásico de este domingo por el Torneo Clausura.

El ingreso de Silvera fue fortuito. Maximiliano Gómez se lesionó a los ocho minutos de juego, luego de que Lucas Ferreira cayera encima de su rodilla izquierda tras un cruce aéreo y lo lesionara.

más Noticias

Ingresó a los 14 minutos, luego de que Gómez intentara continuar sin éxito, y la hinchada comenzó a cantar "el que no salta, es un traidor". En la primera dividida, que atrapó Washington Aguerre, el delantero se cruzó con Lucas Ferreira y Gustavo Tejera debió detener el encuentro para hablar con ambos.

Un arranque de partido incomodísimo para el delantero, que de todas formas fue haciéndose fuerte en los cruces aéreos en sus primeros minutos, y arrancó a ganar confianza.

Su mejor nexo fue con Gastón Martirena. En varias ocasiones se anticipó a sus marcas por delante de la zaga para recibir balones aéreos –casi la única herramienta que utilizó el tricolor para avanzar– y logró abrir el juego para el hoy extremo derecho, lo cual le permitió al tricolor ganar metros en cancha antes y después del gol de Francisco Calvo, en medio de un partido en el que jugó casi siempre replegado y apelando a contraataques.

A ello le sumó una presión incesante, aspecto fundamental para ensuciar muchas salidas de Peñarol e impedir que el medio tomara el balón de forma cómoda.

Fue el primer caballito de batalla de un Nacional que jugó a trancar en cada pelota a su rival como si fuera la última, poblar el medio con tres volantes naturales que impidieron el juego por el medio y mantener a una línea de cuatro siempre bien parada atrás.

Maximiliano Silvera contra Maximiliano Olivera en el clásico entre Peñarol y Nacional

Además, generó dos tarjetas amarillas para su rival. A los 38 le anticipó una pelota a Ferreira, que controló largo, y logró la amarilla para el zaguero carbonero, que en el entretiempo salió por Brian Barboza. A los 74, ganó una dividida en su medio de la cancha y se sacó a Eduardo Darias de encima, que se lanzó para cortarlo. Segunda tarjeta.

En el segundo tiempo apenas tocó el balón, y siempre que lo hizo intentó aguantar la pelota para permitir que el equipo saliera del fondo o ganar alguna falta. Se dedicó a presionar, a acompañar en las marcas y a relevar por derecha a un Martirena recién llegado y absolutamente desgastado.

Ese trabajo defensivo tuvo su consecuencia: a los 85 ya se lo notaba acalambrado, y perdió algunas pelotas que intentó mantener cerca de su área, donde ya estaba como un volante más. No obstante, siguió acompañando al juego defensivo hasta el final.

Sin goles o asistencias, Silvera fue una de las figuras del tricolor en un partido en el que sabía que iba a ser señalado por sus rivales y la hinchada carbonera desde el principio, gracias a su trabajo defensivo y a su claridad en las pocas pelotas que tocó.

Temas:

Maximiliano Silvera Nacional Peñarol Campeón del Siglo

Seguí leyendo