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Peñarol fue más de lo mismo. Pasaron 34 días desde que cerró un penoso primer semestre de 2026 -eliminado de toda competencia internacional y con 21 puntos perdidos entre el Torneo Apertura y el Torneo Intermedio-, tiempo suficiente para cerrar filas, trabajar duro y reforzarse adecuadamente. Sin embargo, el equipo volvió a escena y a duras penas pudo rescatar un empate contra Racing.

Jugó mal el equipo de Diego Aguirre y no es novedad. Mostró alarmantes fallas defensivas, careció de ideas en la generación del juego y no dio signo alguno de mejoría.

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Racing lo atacó en el primer tiempo como oliendo que Peñarol no podía cambiar, basado en el simple hecho de que el plantel era prácticamente el mismo.

Entonces lo mandó a Esteban Da Silva a atacar en velocidad a Maximiliano Olivera, el capitán que recientemente logró una extensión de su contrato por seis meses más.

Tomás Habib y Maximiliano Olivera

Bastaron un par de corridas de Da Silva, una subida de Guillermo Cotugno y dos caídas por ese sector del grandote Sebastián Da Silva para que Olivera se cargara con una amarilla -que por milímetros no fue roja- y un gol en contra.

En el gol, Roberto Fernández volvió a demostrar defectos en situaciones de resolución elemental, básica: fue a despejar (o bartolear) una pelota al borde del área y le erró. Se llenó el pie de aire y sigue sin justificar cómo el aurinegro desembolsó US$ 1,5 millones por el 60% de su ficha.

Alex Vázquez aprovechó el regalito, lo encaró, lo eludió y cuando le salió un malón la acomodó abajo contra un palo. Vázquez ya ha demostrado de sobra ser un jugador de jerarquía, hecho a la medida de partidos importantes. Eso que en este Peñarol no abunda.

Peñarol fue más de lo mismo. Se reiteró tanto que a los 40' Jesús Trindade cayó en el centro del campo y pidió el cambio transformándose en el primer jugador de Peñarol lesionado en el segundo semestre del 2026.

Jesús Trindade, primer lesionado en el segundo semestre de Peñarol 2026

Si en el primer semestre se le lesionaban los jugadores en un partido atrás del otro, el aurinegro siguió de largo en ese reinicio de actividad.

Es más, llegó con dos jugadores lesionados: Diego Laxalt y Kevin Rodríguez, que no pudieron ir ni al banco.

El ingreso del argentino Leonel Jaime le dio otro aire a Peñarol.

El extremo zurdo se mostró participativo, encarador, veloz y con buen manejo de pelota. Pero no tuvo prácticamente con quién asociarse, no tuvo un lateral que lo acompañara al ataque, alguien que se ofreciera a tirarle una pared. Entonces todo quedó librado a su impulso individual.

Para el segundo tiempo entró Franco Romero, quien no solo no dio ninguna garantía en defensa sino que también jugó muy mal la pelota.

Allá a las cansadas, el aurinegro se encontró con un penal y Abel Hernández rescató un empate.

Abel Hernández

Washington Aguerre, uno de los pocos que dio la talla, metió una mano salvadora en un córner y con ayuda del palo salvó la derrota.

Aguirre superpobló el ataque pero cuando Hernández se tonificó con el gol lo sacó enseguida.

Todo dejó una sensación de desconcierto y desorden. El equipo corre para atacar, Darias acelera, Cabrera pica, Umpiérrez lanza. Pero no hay un cómo.

A Peñarol se le lesionó Leonardo Fernández el 9 de abril. Hicieron un esfuerzo bárbaro -en eso sí hay un método eficaz y bien trabajado, por "estrategia"- para esconder la lesión y revelar su alcance. Pero ese esfuerzo no se vio acompasado por la contratación de un jugador de similares características. Y de eso ya pasaron tres meses.

Obviamente no hay muchos Leo Fernández en el mercado. Pero este Peñarol necesita un pienso, una idea, un abastecedor de juego, una pausa, un elemento que active al resto que logre generar circuitos y juego asociado.

Ahora el equipo apunta al argentino Juan Barinaga, de Boca Juniors, un lateral derecho por el que se negocia un cargo para que llegue a préstamo.

Para el primer semestre se había contratado en octubre a Franco Escobar que se fue de Peñarol diciendo que siempre fue "defensor central" y que en Peñarol le pedían cosas que no estaba capacitado para hacer (cumplir una función ofensiva).

Está en la puerta de llegada Jonathan Rodríguez, que lleva un año sin jugar.

Hasta en eso Peñarol se reitera. En la forma de contratar -más allá de que Rodríguez es un jugador de trayectoria y jerarquía-, en las lesiones de sus jugadores, en los malos rendimientos individuales, en la falta de juego colectivo.

Si hubo trabajo en estos 34 días no se notó. Y la gente lo hizo notar despidiendo al equipo con silbidos. Otra vez.

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