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El fútbol, en su esencia más pura, siempre ofrece una oportunidad para reescribir la historia. Este domingo, cuando Peñarol cruce el umbral del Gran Parque Central para enfrentarse a Nacional en un clima de absoluta hostilidad por la cuarta fecha del Torneo Apertura -sin un solo hincha carbonero en las tribunas-, todos los ojos estarán puestos en una figura de guantes firmes y mirada desafiante: Washington Aguerre.

Para el arquero aurinegro, este no es un partido más. Es la posibilidad de romper un maleficio estadístico que lo persigue desde su adolescencia y de consolidarse como el guardián definitivo del equipo que hoy dirige Diego Aguirre.

Un debut precoz en el fuego cruzado

La historia de Washington Aguerre con los clásicos comenzó como un cuento de realismo mágico. Corría el año 2015, y bajo el ala de una leyenda como Pablo Bengoechea como entrenador, un joven de apenas 17 años tuvo que saltar al campo en un amistoso por la Copa Bandes. Aquella noche, entró reemplazando al experimentado Pablo Migliore. Fue el bautismo de fuego de un niño en un mundo de gigantes; Peñarol perdió 1-0 con un gol que Carlos De Pena le anotó a él y si bien la derrota no computó para la historia oficial, marcó el inicio de una cuenta pendiente.

La espina del Intermedio

Desde aquel debut, el camino de Aguerre tuvo escalas fuera de Los Aromos hasta su esperado regreso. En su segunda etapa, ha demostrado ser un arquero de jerarquía, pero los resultados en el duelo máximo le han sido esquivos: de cuatro clásicos disputados, acumula dos empates y dos derrotas.

La herida más reciente y dolorosa se dio en la final del Torneo Intermedio 2024. En una tarde de nervios de punta que terminó 1-1, la definición por penales puso a Aguerre en el centro del escenario. Hizo lo que se le pide a un referente: atajó un penal y convirtió el suyo con una frialdad asombrosa. Sin embargo, el destino fue esquivo para el equipo de Diego Aguirre y la copa terminó en las vitrinas tricolores tras caer 8-7. A pesar de su esfuerzo individual, la victoria colectiva se le volvió a escapar entre los dedos.

El examen final en territorio ajeno

El escenario de este domingo añade un tinte épico. Jugar en el Gran Parque Central, solo ante la hinchada rival, requiere una fortaleza mental que Aguerre parece haber forjado a fuego. Peñarol llega con la necesidad de reafirmar su remontada ante Deportivo Maldonado y Aguerre con la urgencia personal de tachar la única casilla vacía en su currículum: vencer al tradicional rival.

¿Podrá el arquero que debutó siendo un niño finalmente celebrar un triunfo clásico? El domingo, en el silencio de la parcialidad carbonera, se escuchará solo el grito de sus guantes buscando la gloria.

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