Las promesas de un año más auspicioso que 2017

Los expertos esperan que este sea el año en que la inversión y el empleo dejen de caer
A grandes rasgos, el escenario previsto para 2018 se parece mucho al del año pasado. Un crecimiento m oderado pero sostenido de la actividad económica, una inflación bajo control, un desequilibrio considerable de las cuentas públicas, una región que se recupera pero que permanece inestable, capitales aún baratos y con apetito por deuda emergente aunque menos proclives a colocarse en la economía real.
Sin embargo, cuando se analiza el panorama que trazan los principales expertos en coyuntura económica, surgen diferencias significativas que hacen de 2018 un año mucho más auspicioso que el que acaba de terminar.

Los economistas no esperan grandes sorpresas por el lado del crecimiento económico. La mediana de los analistas consultados en diciembre por la Encuesta de Expectativas Económicas de El Observador estiman que la economía uruguaya creció 3,1% en el último año y que esa expansión se acelerará muy levemente este año, a 3,3%.

Sin embargo, la composición de ese crecimiento será muy diferente. En el último año, la expansión se apoyó por completo en el sector externo y en el consumo doméstico. Pese a la mejora de los grandes números de la economía, la inversión se contrajo y eso repercutió directamente en el mercado laboral. Por más que la economía crecía y otras variables –como la inflación– mostraban un comportamiento más saludable, Uruguay seguía perdiendo puestos de trabajo.


El grueso de los economistas ve signos de cambio en ese diagnóstico. De cara al año que acaba de iniciar, los expertos prevén que se reactive la inversión, que Uruguay se abarate en dólares –con eso ayude a mejorar la rentabilidad de los sectores productivos– y que se detenga la sangría de empleos.
La mediana de expertos prevé que la inversión pase de caer 5,2% en 2017 a crecer 4,4% este año.

Respecto al tipo de cambio, esperan que suba 9,7%, por encima del 7,3% que se espera que aumenten los precios al consumo. En tanto, prevén que la tasa de ocupación trepe de 58,1% de la población en edad de trabajar a 58,5%. Esto no implica un incremento muy grande en la cantidad de trabajadores, pero sí un cambio de tendencia luego de tres años consecutivos de pérdida de empleos.

Estas predicciones se sustentan en una mejora de las condiciones externas y el paulatino levantamiento de una serie de restricciones domésticas que siguen operando pese a que la economía abandonó un período de estancamiento a fines de 2016. Uno de los grandes problemas del último año fue la retisencia de los empresarios a expandir capacidades o generar nuevos proyectos. De ahí la caída de los niveles de inversión privada y el deterioro del mercado laboral.

Sin embargo, las perspectivas más auspiciosas no están exentas de riesgos. Implican, por ejemplo, el mantenimiento de condiciones externas que a todas luces, resultan inestables. Los países vecinos reafirman las señales de recuperación luego de una difícil recesión –en particular, en el caso de Brasil–. Sin embargo, todavía es un crecimiento débil que se da en paralelo con importantes desequilibrios macroeconómicos: déficit fiscal elevado, deuda en aumento, atraso cambiario y –en el caso de Argentina– alta inflación.

Si bien Uruguay depende todavía del acceso a crédito abundante y barato para financiar un déficit fiscal que se resiste a bajar del 3% del PIB, los países vecinos son todavía más dependientes de las actuales circunstancias de los mercados financieros, con necesidades de cubrir desequilibrios más cercanos al 10% del PIB.

De este modo, cualquier fenómeno puntual que afecte significativamente la confianza de los inversores internacionales y agrave las condiciones de acceso al crédito en la región, puede detonar un problema mayúsculo en el vecindario. La probabilidad de que eso suceda es muy baja, pero es un escenario que no puede descartarse por completo.

Otro riesgo viene por el lado del tipo de cambio. El crecimiento previsto para la economía local no solo se sustenta en la expansión de la región sino en el atraso cambiario de Brasil y Argentina, que hace más competitivos los productos y servicios uruguayos –esa es la principal razón por la cual se espera una nueva temporada turística récord este año–. Es poco probable una devaluación significativa en las economías regionales que altere esa perspectiva, pero la evolución del tipo de cambio en los países vecinos es algo a seguir de cerca por los economistas a la hora de actualizar sus proyecciones.

En síntesis, 2018 se presenta como un año más auspicioso, con una recuperación de sectores que todavía se mantienen relegados. Sin embargo, los riesgos no son despreciables y la economía seguirá siendo un factor de preocupación para empresarios, trabajadores y para el gobierno.

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