Un pasillo de hotel. Un cine vacío. Los subsuelos de un hospital. Un pasaje lateral en una estación de metro. Una tienda en reforma. Lugares vacantes, de transición, anónimos. No lugares. Lugares inquietantes. Caldo de extrañeza, de miedo, de familiaridad y algo ajeno al mismo tiempo.
Internet, en su infinita y colectiva sabiduría, tomó el concepto antropológico de la liminalidad y lo convirtió en un meme. Y ahora ese meme se convirtió en película: este jueves se estrena en Uruguay Backrooms, que toma una de las teorías conspirativas más famosas de la web y a través de la visión de un director veinteañero y el trabajo de actores nominados al Oscar, parece destinada a convertirse en uno de los taquillazos del género de este año.
Historia de un no lugar
La liminalidad viene de los viejos ritos de paso religiosos, y se refiere a las personas que en medio de ese viaje, no están ni en el mismo lugar que empezaron ni en el nuevo al que tienen que llegar.
Los espacios liminales, entonces, son esos no lugares que cuando no están habitados, incomodan por lo vacío, por la sensación de estar perdido fuera de la realidad. Dislocado.
La subcultura web de los espacios liminales se consolidó dentro del universo online en los últimos años, con decenas de cuentas en redes sociales y otros repositorios consagrados a recopilar imágenes de este tipo de lugares con su aura estrafalaria e inquietante. Hay, incluso, cuentas de espacios liminales uruguayos donde se cruzan pasillos de facultades vacías, Piriápolis fuera de temporada y hasta el Teatro Solís.
Como toda leyenda, es difícil precisar el origen de esta obsesión virtual y de la mitología que se generó alrededor de estos espacios. Si bien se suele trazar el 2019 como el año donde el fenómeno se hizo más patente, ya desde al menos toda una década antes las imágenes de espacios liminales circulaban en plan terror por blogs, foros y redes.
En particular, una imagen que muestra un recinto amplio, alfombrado y amarillo. Una alfombra polvorienta cubre el suelo, un papel pintado una serie de paredes que emergen de lugares poco ortodoxos, y unas luces impersonales que le dan al espacio un aire entre oficina, casa embrujada y pesadilla.
El toque final se lo da el ángulo inclinado de la foto, que el cine nos enseñó que se usa para ilustrar cuando algo es raro, siniestro o descoyuntado de la realidad.
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La foto original fue tomada por una cámara digital allá por 2002, y publicada en internet para ilustrar el trabajo de renovación del segundo piso de un local de la cadena HobbyTown ubicado en Wisconsin, Estados Unidos. Esta tienda consagrada a la venta de juguetes y modelos a escala (que ya no existe) había sufrido daños por una pérdida de agua y había sido vaciada para reformas.
Ese origen inocente se pervirtió para siempre cuando en 2019 la imagen fue republicada, esta vez acompañada por una mitología terrorífica propia, firmada por un usuario anónimo. La historia postulaba que uno podía sin darse cuenta zafarse de la realidad y caer en este territorio liminal, atrapado para siempre y perseguido por entidades residentes en ese plano paralelo. Habían nacido las “Backrooms”.
De internet al cine
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La teoría de las Backrooms se viralizó y se convirtió en una de las historias más célebres dentro del género del terror conocido como creepypastas: historias de miedo que circulan online, aunque ocasionalmente salta al mundo real como el caso de “la ballena azul” que horrorizó a padres de varios puntos del mundo, incluyendo Uruguay, hace algunos años o el personaje Slenderman, que llegó al cine.
La influencia de esta teoría de internet derivó hacia lugares como la estética de la serie Severance o el videojuego japonés Exit 8 (que este año tuvo su adaptación cinematográfica), y una serie web publicada en YouTube por un joven realizador llamado Kane Parsons.
En enero de 2022 Parsons subió a su canal un corto que simulaba ser un “found footage” (material encontrado) de las backrooms sin mucha expectativa. A los pocos días, cuando los algoritmos parecían inclinados a darle la razón, el video explotó, y su corto se convirtió en el principio de una serie.
Embed - Tráiler de "Backrooms"
Un año después, Parsons se convirtió en uno de los fichajes más recientes de Hollywood dentro de la cantera inagotable en la que se ha convertido YouTube, particularmente para el cine de terror. El estudio A24 anunció su contratación para convertir su saga de las Backrooms en una película, con el respaldo de algunos de los nombres propios del género de los últimos tiempos, entre los que se cuentan el cineasta James Wan (cocreador de la saga El juego del miedo y responsable de El conjuro), el productor y director Shawn Levy (uno de los capos de Stranger Things) y Osgood Perkins, prolífico cineasta detrás de algunas de las películas más interesantes del terror contemporáneo.
El combo se completa con actores “de prestigio” como el británico Chiwetel Ejiofor y la noruega Renate Reinsve, dos nominados al Oscar que encabezan el proyecto como un dueño de una mueblería y su terapeuta, que terminan zambullidos en las backrooms de forma involuntaria. Casi como cuando uno termina scrolleando fotos de lugares liminales.