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Un señor mira a su equipo sentado sobre una heladerita. Cada tanto se levanta de un salto, grita, corrige, gesticula como si el partido pudiera cambiar apenas moviendo unos centímetros el cuerpo. Después da una conferencia de prensa y vuelve a desconcertar: algunos le reprochan que no mire a los ojos; otros celebran justamente eso, la sensación de que todavía no aprendió —o no quiso aprender— el idioma automático del fútbol moderno. Hay quienes se lo cruzan caminando por la rambla, solo, como uno más. Otros lo descubren tomando apuntes en una libreta en un café, aferrado al papel y a la tinta como si la tecnología todavía no hubiese encontrado una forma mejor de unir la cabeza con la mano.

Ese señor al que apodan el “Loco”, Marcelo Bielsa, supo enamorar en el arranque de las Eliminatorias con un fútbol que devolvía una vieja ilusión: la de creer que Uruguay podía competir sin resignar belleza ni intensidad. Pero el flechazo se fue desgastando. Llegaron las derrotas, la frustración en la Copa América, las expectativas infladas y, con ellas, la impaciencia de un país que convierte cada partido en un plebiscito emocional.

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A semanas del Mundial de 2026, Bielsa carga con un saldo de opinión pública negativo. Y eso que hay una porción importante de uruguayos —más de un tercio— que todavía evita los extremos: ni lo aprueba ni lo condena.

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Del otro lado hay un plantel. Futbolistas que tuvieron que aprender a convivir con un recambio generacional acelerado, con compañeros nuevos, con métodos distintos y con el peso permanente de una camiseta que nunca juega sola. Jugadores que transpiran mientras alrededor se multiplican los diagnósticos, las nostalgias y las comparaciones imposibles. Porque en el país de los tres millones de directores técnicos, el juicio sobre la celeste siempre está abierto. Y hoy, según la encuesta de El Observador y académicos de la Universidad de la República (Udelar), el balance sobre el rendimiento de los deportistas de Uruguay rumbo al Mundial también es más negativo que positivo. Incluso un poco peor que el del propio Bielsa, aunque dentro de márgenes que prácticamente se tocan.

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La encuesta de El Observador, la Unidad de Métodos y Acceso a Datos, y el estadístico Juan Pablo Ferreira (también de la Udelar) ya había revelado que la “fiebre mundialista” que otrora acaparó algunas ediciones, no es tal. Los uruguayos ven que Uruguay quedará eliminado antes de lo que, al entender de la mayoría de sondeados, sería una buena perfomance. Aquí puede recordar aquella nota.

A diferencia de la opinión sobre si Luis Suárez tuvo que haber sido convocado, o la imagen de Paco Casal e incluso la de Ignacio Alonso, la brecha entre los hinchas de Peñarol y Nacional se difumina a la hora de evaluar a Bielsa y su plantel. Ni siquiera hay miradas distintas por región, por sexo o edad. Es una mirada que parece atravesar cualquiera de los clivajes clásicos.

Un gol en contra

Un equipo no son solo titulares ni un entrenador está separado del plantel. Es un binomio, aunque en el fútbol siga pesando aquella definición de suicidio altruista (en términos del sociólogo Émile Durkheim). El barco se hunde y el capitán espera a que se salve cada uno de los pasajeros y la tripulación aunque ello (como en la película Titanic) le cause la muerte.

Es probable que cierta carga de la evaluación del señor de la heladerita y los jugadores del recambio esté mediada por aquella tensión interna que se hizo pública. Por aquellas declaraciones de Luis Suárez al referirse sobre lo que (supuestamente) aconteció en el Complejo Celeste: "Ves que los jugadores van y no disfrutan. Ves que en sus equipos se divierten, sonríen y no lo hacen en la selección, no lo están disfrutando. Me duele lo que se está viviendo en la selección uruguaya".

La encuesta de El Observador y los académicos aprovechó a medir aquella disputa. Y esto fue lo que encontró a la hora de adjudicar la principal responsabilidad: Y ahí si aparece una vieja fisura: los bolsos defienden más a Suárez que aquellos que simpatizan con Peñarol.

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El fútbol, al menos en cómo se vive en estas latitudes, es algo más que once tipos contra once corriendo en un rectángulo e intentado meter una bola dentro de tres palos. Ya lo dijo el exjugador y exentrenador Jorge Valdano: "El fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes".

¿Cómo se hizo la encuesta?

El Observador, Udelar y Ferreira aplican a nivel masivo en Uruguay un monitoreo de la opinión pública con encuestas no probabilísticas que permiten inferencias a través de modelos alternativos.

Aquí puede ver algunas de las notas realizadas mediante estas técnicas.

Este proyecto de encuestas —anónimas y cuyos datos no son usados con otros fines que académicos y periodísticos— es una apuesta a la innovación en la aplicación de nuevos modelos de investigación social, la confección de trabajos comunicacionales de calidad e independientes (no reciben apoyo de empresas ni de políticos), y la elaboración de documentos académicos que permiten generar conocimiento.

Para este sondeo puntual fueron encuestados 3.991 voluntarios.

Contó con el apoyo del politólogo Juan Ignacio Pintos.

A continuación los detalles metodológicos:

Temas:

Mundial 2026 encuesta EO encuesta Marcelo Bielsa selección uruguaya GOL

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