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El Mundial 2026 sumó su primer gran escándalo extrafutbolístico y reglamentario. En una resolución que despertó una ola de críticas y suspicacias en el ambiente del fútbol, el Comité Disciplinario de la FIFA tomó la drástica decisión de dejar en suspenso la sanción del delantero estadounidense Folarin Balogun en la jornada de este domingo.

De esta manera, a pesar de haber sido expulsado con tarjeta roja directa en el último compromiso frente a Bosnia y Herzegovina, el atacante estrella del conjunto norteamericano quedó plenamente habilitado para disputar el trascendental choque de octavos de final ante Bélgica de este lunes.

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Un hecho sin precedentes en los Mundiales

La controversia se instaló de inmediato debido a la rigidez habitual del reglamento en los Mundiales. El pasado miércoles, durante los dieciseisavos de final, el árbitro brasileño Raphael Claus expulsó a Folarin Balogun tras una fuerte entrada sobre el defensor bosnio Tarik Muharemovic.

En primera instancia, los propios portavoces del máximo organismo del fútbol le habían confirmado a la prensa internacional que las tarjetas rojas directas y sus correspondientes suspensiones automáticas de una fecha eran inapelables en este certamen.

Sin embargo, los asesores legales de la federación organizadora encontraron un resquicio legal en el Código Disciplinario. Apoyándose en el artículo 27 de dicha normativa, el tribunal resolvió sancionar formalmente al goleador con un partido de suspensión por infringir las reglas de juego, pero aclaró que la aplicación efectiva del castigo quedará congelada bajo un período de prueba de un año.

Así, en una especie de "condena en suspenso", Balogun solo cumplirá la fecha de penalización si reincide en una falta grave durante los próximos doce meses.

La medida representa un alivio descomunal para el cuerpo técnico liderado por Mauricio Pochettino, que recupera a su principal carta de gol y máximo artillero en lo que va de la cita mundialista.

No obstante, el dictamen encendió el debate entre las delegaciones rivales, donde muchos analistas e hinchas consideran que el veredicto sienta un precedente peligroso y exhibe un trato preferencial hacia una de las selecciones anfitrionas del torneo.

Con la polémica instalada, Estados Unidos y Bélgica se verán las caras en Seattle, con Balogun en la cancha y la lupa del mundo sobre el arbitraje.

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