En plena disputa del Mundial 2026, la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut) se vio obligada a intervenir de emergencia en la concentración del conjunto nacional. Tras un polémico episodio en el Centro de Alto Rendimiento (CAR), las autoridades ordenaron a los futbolistas del plantel devolver un lote de relojes de alta gama de la marca Rolex, los cuales habían sido entregados como obsequio por un reconocido influencer estadounidense.
El episodio se originó luego de la visita de Stephen Deleonardis, popularmente conocido en las plataformas digitales como "Steve Will Do It". El creador de contenidos ingresó a las instalaciones con maletines repletos de artículos de lujo con el propósito de regalárselos a los jugadores del plantel.
Según explicó el propio creador, el gesto fue un acto de agradecimiento debido a que el reciente triunfo de México sobre la selección de Chequia le permitió cobrar una millonaria apuesta deportiva que rondaba los US$ 2 millones.
Lo que dice la FIFA
A pesar de que el encuentro quedó registrado en imágenes donde se apreciaba a varios seleccionados eligiendo entusiasmados sus respectivas piezas, la directiva de la Femexfut encendió las alarmas de inmediato al percatarse de las graves implicaciones normativas.
La aceptación de obsequios de semejante valor comercial vulnera de forma directa las estrictas políticas de integridad de la FIFA, las cuales buscan prevenir cualquier sospecha relacionada con el amaño de compromisos deportivos o conflictos de interés dentro de sus torneos oficiales.
De acuerdo con el artículo 21 del reglamento del organismo rector del fútbol mundial, las delegaciones únicamente tienen permitido recibir obsequios que posean un valor estrictamente simbólico.
La normativa estipula con claridad que, ante cualquier mínima incertidumbre sobre la naturaleza del presente, este debe ser rechazado.
La violación de este estatuto contempla castigos severos que pueden ir desde multas económicas considerables hasta la inhabilitación deportiva de los involucrados por un periodo de hasta tres años.
Para contener el impacto institucional y neutralizar cualquier riesgo de sanción deportiva en plena competencia, los directivos agilizaron el trámite para asegurar la devolución total de las joyas.