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Cuando el Banco de Previsión Social le aprobó una prestación por su diagnóstico de TDAH, Lían ya llevaba casi dos años atrapado en un laberinto burocrático. Su partida de nacimiento cubana seguía sin transformarse en un documento válido para Uruguay. Su caso es apenas una muestra de un fenómeno mayor: miles de cubanos que llegan al país y encuentran obstáculos para regularizar su situación.

Al comienzo son síntomas. Mientras el resto de los niños recién se acomodan en los bancos, él ya parece estar en otro lugar. Mira por la ventana, tamborilea los dedos sobre la mesa, se da vuelta ante cualquier ruido y pregunta varias veces cuánto falta para el recreo. Lían solo quiere correr. Cuando finalmente llega ese momento, es de los primeros en cruzar la puerta: sale disparando al patio como si hubiera pasado toda la mañana conteniendo una energía imposible de guardar entre cuatro paredes.

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La maestra, paciente, lo observa y contiene. Puede que este niño que hasta hace poco jugaba con sus amiguitos en Cuba, con otro clima, otros olores y acentos, de pronto esté afrontando el duelo de migrar.

En el cuaderno, esa misma inquietud deja huellas. Las palabras quedan a medio camino, algunas letras se mezclan, otras se escapan del renglón. No es falta de ganas ni de esfuerzo. Su pensamiento parece avanzar más rápido que la mano que intenta seguirlo con el lápiz. Empieza una tarea con entusiasmo, pero cualquier estímulo lo desvía hacia otra cosa antes de terminarla.

La maestra de la escuela 44 de Montevideo —sus padres piden nombrar a la institución por su “invaluable apoyo”— no ve desinterés ni rebeldía. Ve a un niño inteligente, curioso y lleno de vitalidad, pero también a alguien que parece librar una batalla silenciosa para concentrarse. Por eso, con la experiencia que dan los años frente a un salón de clase y la sensibilidad de quien sabe mirar más allá de las notas, conversa con la familia y les sugiere una consulta con el pediatra. No como una alarma, sino como una oportunidad para entender mejor qué le está pasando y darle las herramientas que necesita para desplegar todo su potencial.

Adrián y Jenny, los padres, no lo dudan. Hacen caso y vuelven a agradecer “el acceso inmediato a la educación y a la salud” que les dio Uruguay. Un pediatra les deriva a un psiquiatra infantil y sale de la consulta con un diagnóstico que resumen en cuatro letras: TDAH. Es el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad que en el caso de Lían, por su nivel moderado, amerita que el Banco de Previsión Social le dé una prestación para, entre otras cosas, acceda a un acompañamiento psicológico.

Ahí empieza el problema. O quizás el problema haya empezado antes, cuando la familia decidió escapar de una Cuba que se les hacía cada vez más asfixiante, sin los papeles originales apostillados. El BPS les pedía el comienzo la inscripción de la partida de nacimiento del niño registrada en el formato uruguayo (en Registro Civil).

El consulado de Uruguay en Cuba está atendiendo dos horas por día dadas las restricciones energéticas. Aun así, solo el año pasado han hecho unas 33.000 actuaciones (trámites de distintas visas, legalizaciones o cualquier otro acto administrativo que hace un funcionario consular). Es una cifra que más que duplica las registradas en 2024 (unas 12.000). Los datos de Cancillería muestran que las solicitudes no se desaceleraron.

Para seguir explicando el problema en números: cuando la familia de Lían inició el trámite, el Registro Civil de Uruguay tenía unos 14 meses de atraso con los expedientes. Ahora bajó a 20 días. Pero la buena noticia viene acompañada de una “novedad manejable”: la mitad de todas las trascripciones (adaptaciones a Uruguay) de documentos tramitados en 2026 eran de cubanos. Es decir: quitando los registros de uruguayos, que corren por otra cuenta, entre los extranjeros la nacionalidad cubana es la que está acaparando la demanda.

Y el consulado de Cuba en Uruguay recién empezó a hacer trámites migratorios en Uruguay desde hace un mes: antecedentes penales, partidas de nacimiento, matrimonio y pasaportes. Por lo cual la falta de difusión de esa vía es incipiente. Pero las autoridades uruguayas lo ven como una descomprensión, mucho más si se logra que sus emisiones vayan a una revisión en línea sin tener que pasar por una legalización burocrática. Cancillería está disputa a “resignar el cobro por legalizaciones porque lo importante es que el trámite sea de mejor calidad, más sencillo, fácil y permita la regularización lo antes posible”.

La peripecia del caso Lían —luchando con la burocracia de Uruguay y de Cuba— demoró casi dos años. Para cuando llegó, a fines de 2025 y en medio de un alza de inmigración de isleños que encuentran en este lado del sur el único cobijo ante parte de una región que se cierra a la movilidad humana, la familia ya había tomado la decisión de irse a vivir a España. Jenny se adelanta y desde el otro lado del Atlántico dice:

—La decisión de irnos estuvo vinculada a cuestiones de juntarnos toda la familia que había salido para distintos lados. Es verdad que en Uruguay el costo de vida era caro, pero también lo es para la media de los uruguayos. Es un país al que le debemos mucho, al que queremos, al que agradecemos incluso en las demoras, pero nos tuvimos que ir justo cuando por fin accedimos a la prestación.

Otros miles siguen en Uruguay, esperando. “Mi hijo necesita la partida de nacimiento en formato uruguayo para que le acepten pase a otorrino en una institución privada”. “Mi papá tiene problemas con la partida de nacimiento en formato Uruguayo porque no le quieren registrar los dos apellidos”. “Hemos perdido posibilidad de mejoras en el trabajo, préstamos, créditos, y devoluciones de FONASA e IRPF porque no le aceptan la cédula vencida en el Abitab”. La lista sigue.

La luz entre los apagones

En una de las reuniones de la Junta Nacional de Migración uno de los participantes —con tono jocoso, pero hablando en serio— dijo: la creciente inmigración de cubanos “le está salvando la plata” a un Uruguay cada vez más envejecido y con menos población.

El 2025 hubo un récord histórico de llegada de cubanos a Uruguay, siendo el país de la región que, en relación a su tamaño de habitantes, más está recibiendo a los isleños. Antes —léase cuando inició el éxodo más masivo tras la muerte de Fidel Castro— muchos buscaban a Uruguay como un trampolín para cumplir el sueño americano. Eso fue cambiando. Y la proyección de 2026 —en base a la tendencia que muestran los datos de los primeros cinco meses del año que la Dirección Nacional de Migración le dio a El Observador— indica que el saldo anual será similar al récord.

Cuba está en una de las peores contracciones económicas de su historia. La intervención de Donald Trump este 2026 no dio la generación de empleos ni baja de precios que algunos esperaban. Al contrario. El país está cada vez con más carencias: hospitales que se quedan sin insumos y sin sus médicos más capacitados, comida que se pudre por la falta de refrigeración, apagones.

Nicaragua cortó las visas y la ruta desde la isla al norte por el continente, o bien la emigración a Costa Rica, se hizo cuesta arriba. En cambio aumentó el flujo por Sudamérica y, según un informe de la Agencia Brasileña de Inteligencia al que accedió Búsqueda, se identifican distintas redes de traficantes de cubanos.

La familia de Lían no escapó a aquella odisea. Iniciaron el viaje a Surinam, de allí a la Guyana Francesa, luego pasaje a Brasil hasta llegar a Uruguay. Solo que desde entonces se acrecentó el flujo y los puntos de tráfico.

Esa es una preocupación que comparte Brasil, la agencia especializada de las Naciones Unidas y las autoridades de Uruguay. Para evitar todo este embudo los distintos ministerios locales involucrados están tomando medidas.

La apuesta por menos burocracia

El Registro Civil dio prioridad, abrió ventanillas para inmigrantes y la dirección acepta el análisis de casos excepcionales para que no se repitan casos como los de Lían.

La Junta Nacional de Migración trabajó en redacción de un nuevo decreto de arraigo que acelere la residencia. Está circulando entre los ministerios un texto tentativo.

La reunificación familiar fue fortalecida. Se permite el seguimiento por correo electrónico y se incorporaron seis personas para esa tarea. En números ya se nota: la Dirección Nacional de Migración confirma que en los cinco primeros meses de 2026 se concedieron 543 residencias por arraigo familiar a ciudadanos cubanos, casi la misma cantidad que todo 2025 (había sido 564).

Las visas de reunificación son gratuitas. No salen 42 dólares ni se necesitan gestores.

Jenny, la mamá de Lían, recuerda que para conseguir la legalización a distancia en el consulado uruguayo un hombre le cedió el horario de su cita y lo hizo en su lugar. El objetivo ahora es que eso no sea necesario. En parte porque trabajan en una plataforma electrónica que actualice la que se usa desde 2014.

Cancillería quiere firmar con sus homólogos cubanos dos acuerdos. Uno es de seguridad social, para que en la ida y vuelta entre ambos países no se pierdan los años trabajados. El segundo es un convenio de apostillas para simplificar trámites sin costo y que la legalización se confirme en línea sin necesidad de pérdida de tiempo, de pago a gestores o falsificaciones.

Eso, sumado a que el consulado de Cuba en Uruguay empezó a dar servicios de trámites migratorios, intenta que se aprovechen dos leyes. Una que establece que “los documentos relativos a trámites migratorios que sean expedidos por los Consulados extranjeros acreditados en la República, siempre que contengan la firma y sello del Consulado respectivo, serán considerados válidos y eficaces dentro del territorio nacional para su presentación ante cualquier institución u organismo de carácter público o privado”. Y otra en que “los organismos nacionales que deban resolver sobre trámites migratorios, podrán tener por válidos y eficaces a los efectos de dichos trámites migratorios, sin necesidad de legalización o apostillado, aquellos documentos públicos electrónicos extranjeros con firma electrónica”.

Jenny celebra los cambios o al menos esos intentos. Lían ya está en otro continente, con la prestación europea. Pero ella sabe que en Uruguay “cualquiera se cruza con migrantes recientes que están con algún problema de documentación”. Tal vez es aquel que le llevó el delivery esta semana, el que cargó la fruta que usted comió, el que cuidó a un abuelo en su día, el que operó de los ojos, o cualquier otro invisibilizado entre montañas de papeles.

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