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Cualquiera los ve: en las ferias, en páginas de internet, en centros turísticos. Los frasquitos con gotas de aceites y una chala dibujada al frente como forma de presentación, son casi que una consulta obligatoria para curiosos que saben que Uruguay fue pionero en regular el mercado del cannabis. Sin embargo, cuando se trata del uso medicinal, diez años no fueron suficientes para masificar su uso por parte de pacientes: el desconocimiento entre los profesionales médicos sigue siendo alto, el precio en las farmacias es inaccesible para muchos, y la fórmula sigue sin integrar el Formulario Terapéutico de Medicamentos: la lista oficial y obligatoria de medicinas que los prestadores de salud están obligados a tener.

A diez años de su impulso, el acceso al cannabis medicinal sigue dependiendo del bolsillo del paciente y del médico que tenga enfrente.

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Este año, el Comité Técnico Asesor sobre Cannabis Terapéutico —creado por ley en 2019 pero conformado recién el año pasado—, impulsó por tercera vez ante el Ministerio de Salud Pública el ingreso al listado.

Hoy solo un puñado de los 7.300 médicos que hay en el país se ha especializado en el tema. En la Sociedad Uruguaya de Endocannabinología (SUEN), conformada hace una década, trabajan algo más de cuarenta profesionales atendiendo y recomendando el cannabis medicinal para determinadas patologías o afecciones para las que su uso está científicamente probado con resultados exitosos.

En las mutualistas, solo dos —Casmu y la Asociación Española— tienen clínicas especializadas en estos tratamientos, aunque los medicamentos requieren de un copago. En Pereira Rossell y el BPS ofrecen también la medicación, de manera gratuita. Para el resto del sistema, depende del médico que le toque al paciente: si tiene conocimientos en cannabis, si tiene deseo de recomendar a un profesional preparado para guiar tratamientos.

Desde mayo, el Sindicato Médico del Uruguay está ofreciendo un curso online para profesionales de la medicina —para todas las especialidades— con el fin de preparar a los médicos a ofrecer estos tratamientos. Había 50 cupos; ingresaron 110 y quedaron otros tantos en lista de espera, dice a El Observador Julia Galzerano, médica internista que desde hace más de una década es la referente en cannabis medicinal en Uruguay.

"Los médicos tenemos los mismos prejuicios que la población. Nos formamos pensando que el cannabis era una sustancia de abuso y no una herramienta terapéutica", dijo Galzerano.

El problema del poco avance, dice ella, tiene que ver con varios factores. Primero, el desconocimiento general de los médicos, que no han recibido formación en esto. Segundo, que los médicos conocen los tratamientos muchas veces a impulso de los labortarios, y estos laboratorios sielen hacer pocas o nulas visitas a médicos. Tercero, el precio. Al no integrar el Formulario Terapéutico de Medicamenos, los medicamentos de cannabis avalados y regulados por el MSP que se venden en farmacias van de $ 5 mil el frasco de una concentración de 5% de Cannabidiol a $ 9 mil la concentración de 10%. En las mutualistas el precio es algo menor, pero sigue manteniéndose en el rango.

Después están los que aparecen en ferias, las concentraciones caseras, que no tienen regulación, que no tienen respaldo del MSP y que su concentración y cantidad de activos es desconocida, así como también sus efectos. Eso sí: son más baratos. Aunque no hay datos oficiales, los especialistas perciben que estos productos son los que más se consumen.

Para Galzerano, la resolución de que entre al Formulario puede marcar un punto de inflexión en un sistema donde el acceso sigue siendo limitado. "Seguimos teniendo una pata en lo medicinal", resumió Galzerano, referente de la Sociedad Uruguaya de Endocannabinología (SUEN). El Ministerio de Salud Pública ingresó al Formulario un anticoagulante oral, que tiene un uso masivo. Hasta ahora, en las dos solicitudes anteriores, el cannabis medicinal ha quedado por fuera. Ahora está en lista de espera para ser analizado nuevamente.

Los usos probados y recomendados

La evidencia científica más sólida respalda actualmente su uso en epilepsias refractarias, náuseas y vómitos asociados a quimioterapia, espasticidad en esclerosis múltiple y determinados cuadros de dolor neuropático. Sin embargo, en el día a día la principal consulta es de los pacientes otra: el dolor crónico.

Fibromialgia, dolor osteoarticular, migrañas y cefaleas concentran gran parte de las consultas que reciben los equipos especializados.

La investigación Beneficio clínico del tratamiento con cannabinoides para el dolor crónico no oncólogico, publicada en la Revista Médica del Uruguay en 2023 dio como resultado que el uso de este fármaco mejora la calidad de vida de los pacientes con dolor crónico. Redujeron el uso de opioides en 15.7% los pacientes estudiados y lo suspendieron el 8,3%. En tanto, el uso de antiinflamatorios no esteroideos disminuyó en un 23,2% y lo suspendieron el 23% de los pacientes estudiados.

"Muchas veces son personas que toman varios medicamentos y siguen sin encontrar alivio suficiente", explicó Galzerano sobre quiénes son los pacientes que más consultan.

Las enfermedades neurológicas y los pacientes oncológicos constituyen el segundo gran grupo de consultas, sobre todo en etapas de cuidados paliativos.

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