En el Uruguay donde se dio el primer voto femenino de Sudamérica, jamás gobernó una mujer. En el Uruguay donde ellas entran y se reciben en las universidades más que sus pares varones, se les sigue cuestionando su idoneidad para hacer política. En el Uruguay que quedó en el puesto 14 de 19 países de América Latina con menos proporción de mujeres en los parlamentos, un nuevo estudio de ONU Mujeres da una pista (hasta ahora poco estudiada) que suma al problema. Cuatro de cada cinco (81,3 %) parlamentarias “reportaron haber experimentado al menos una forma de violencia relacionada con su candidatura” durante la última campaña electoral.
“Estas cifras indican que la violencia contra las mujeres en política no es un fenómeno aislado ni excepcional, sino un rasgo estructural de la experiencia electoral de las mujeres políticas en Uruguay”, explican las politólogas Niki Johnson y Verónica Pérez-Bentancur, autoras del trabajo que incluyó las respuestas de 128 parlamentarias de 181 electas como titulares o suplentes.
La violencia contra las mujeres en política no es un fenómeno aislado ni excepcional, sino un rasgo estructural de la experiencia electoral de las mujeres políticas en Uruguay La violencia contra las mujeres en política no es un fenómeno aislado ni excepcional, sino un rasgo estructural de la experiencia electoral de las mujeres políticas en Uruguay
Al menos dos candidatas reconocen haber sido sometidas a pedidos de favores sexuales a cambio de apoyo político. Al menos 36 recibieron comentarios sobre que llegaron a ser candidatas “solo porque hay cuota de género”. Al menos 39 sufrieron dichos “despectivos sobre su papel y capacidad como mujer para estar en política o sobre las mujeres en política en general”. Hubo violencia física. Cientos de hostigamientos en redes sociales. Y la lista sigue.
Dos expresidentes de la República se habían referido a su manera al rol de la mujer en la política. Cuando a José Mujica se le preguntó sobre la precandidatura de Carolina Cosse, respondió de un modo un tanto despectivo: “Tiene un don a favor, es mujer, y están de moda”. Por su lado, Luis Lacalle Pou, explicó porqué pocas mujeres en su partido llegan a altos cargos: “Hay decisiones que se toman en la barra, comiendo un asado y, por lo general, esas reuniones son de hombres”, dijo
Los resultados de la encuesta "indican que la violencia contra las candidatas se manifiesta en múltiples ámbitos, particularmente en las plataformas de redes sociales y las actividades de campaña presenciales (…) Los autores de la violencia fueron predominantemente varones e incluyeron miembros de partidos políticos (tanto del propio partido como de otro), integrantes del público, actores de los medios de comunicación y, en algunos casos, personas con cargos de autoridad (…) Una mayor visibilidad y roles de liderazgo (de esas mujeres) pueden aumentar el riesgo de ataques selectivos”.
La mayoría de las candidatas (59,8 %) informaron haber sufrido violencia durante actividades de campaña presenciales, como actos, encuentros con votantes o actividades puerta a puerta. Si bien el día de las elecciones fue comparativamente menos violento, afectando al 13 % de las mujeres electas “esto podría reflejar la solidez de las instituciones electorales uruguayas, más que la ausencia de hostilidad hacia las mujeres en campaña electoral”.
La mayoría de las candidatas (59,8 %) informaron haber sufrido violencia durante actividades de campaña presenciales La mayoría de las candidatas (59,8 %) informaron haber sufrido violencia durante actividades de campaña presenciales
Lo llamativo —pero que explica parte del problema estructural— es la violencia a la interna de su propio partido:
Cuatro de cada cinco candidatas dice haber recibido el apoyo de su partido político. Pero “al preguntarles sobre experiencias de violencia dentro de su partido, el 50 % de las candidatas afirmó haber experimentado algún tipo de violencia”.
La advertencia de las politólogas especializadas: Es “una tasa significativa en cuanto al posible impacto en las mujeres que deseen seguir una carrera política, en un sistema electoral que no permite a las candidatas presentarse como independientes”.
Es una tasa significativa en cuanto al posible impacto en las mujeres que deseen seguir una carrera política, en un sistema electoral que no permite a las candidatas presentarse como independientes Es una tasa significativa en cuanto al posible impacto en las mujeres que deseen seguir una carrera política, en un sistema electoral que no permite a las candidatas presentarse como independientes
Los autores de esa violencia son casi siempre los varones. Cuando la violencia incluye que se oculte parte de información, son los cargos más altos. Cuando es un cuestionamiento a su capacidad, como mujer, de hacer política, los autores suelen ser otros miembros del partido y por lo general de otros sectores dentro del mismo lema.
Las redes sociales son el lugar de más hostigamiento. Las que más toman medidas suelen bloquear los comentarios. De ahí que el nivel de afectación percibido no sea homogéneo:
El otro diferencial uruguayo, al menos eso dicen las autoras del estudio, es que las familias no suelen ser un lugar de prohibición o desestímulo para que las mujeres hagan su carrera política (como sí lo es en otros países).
Pero los demás resultados dan para concluir que “en ausencia de estrategias eficaces para prevenir y sancionar la violencia política, las iniciativas destinadas a aumentar la representación femenina —como las cuotas de género, la paridad o los programas de formación de líderes— corren el riesgo de verse socavadas, ya que no abordan todas las dinámicas que limitan la capacidad de las mujeres para participar y competir en la política en igualdad de condiciones”.