Las nuevas proyecciones de los principales modelos climáticos internacionales refuerzan un escenario cada vez más extremo para El Niño. Según un análisis del meteorólogo brasileño Luiz Nachtigall, de Metsul, las actualizaciones realizadas durante los primeros días de julio muestran un fortalecimiento del fenómeno que, de confirmarse, podría convertirlo en el más intenso desde que existen registros instrumentales.
Los modelos coinciden en que el calentamiento del océano Pacífico ecuatorial continuará acelerándose durante los próximos meses y alcanzaría su máxima intensidad hacia fines de 2026, con valores superiores a los observados durante los históricos episodios de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016.
El modelo europeo elevó nuevamente su pronóstico
Uno de los indicadores que más preocupa a los especialistas es la última actualización del modelo estacional del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF), considerado uno de los más precisos del mundo.
Las nuevas simulaciones proyectan que la anomalía de temperatura en la región Niño 3.4 —ubicada en el Pacífico ecuatorial centro-oriental y utilizada como principal referencia para medir la intensidad del fenómeno— podría alcanzar cerca de +3,9 °C en diciembre.
De concretarse, ese valor superaría ampliamente el máximo registrado durante el potente El Niño de 2015-2016, que hasta ahora constituye el récord moderno.
Según Nachtigall, la diferencia sería de aproximadamente 1,1 °C por encima del récord anterior, un incremento que en una región oceánica de semejante tamaño implica una enorme cantidad adicional de calor almacenado y una mayor capacidad para alterar la circulación atmosférica global.
El Pacífico ya muestra temperaturas excepcionales
El fortalecimiento del fenómeno no es solo una proyección. Actualmente, durante julio, la región Niño 3.4 presenta temperaturas 1,95 °C superiores al promedio del período 1990-2020, prácticamente en el umbral de los +2,0 °C, valor habitualmente asociado a los denominados "Super El Niño".
Los datos publicados por el ECMWF representan además un aumento cercano a 0,3 °C respecto de las proyecciones difundidas en junio, mientras que la mayoría de los escenarios simulados también muestran un mayor calentamiento, reforzando la tendencia hacia un fenómeno cada vez más intenso.
Otros modelos internacionales apuntan al mismo escenario
El escenario extremo no surge únicamente del modelo europeo. Las proyecciones más recientes del modelo estadounidense NOAA FV3 SFSv1.1 Beta, del CFSv2 y del sistema estacional de Météo-France, entre otros, también anticipan un episodio excepcionalmente intenso durante el último trimestre de 2026.
Las diferencias entre ellos se concentran principalmente en el momento del pico máximo del fenómeno: mientras el ECMWF lo ubica alrededor de diciembre, el CFSv2 lo adelanta hacia noviembre.
Sin embargo, todos coinciden en que el evento alcanzaría una intensidad extraordinaria.
El calentamiento global favorece un El Niño más fuerte
El análisis también señala que el aumento sostenido de la temperatura de los océanos debido al calentamiento global facilita que se alcancen registros absolutos cada vez mayores.
No obstante, incluso utilizando indicadores que corrigen ese efecto, como el RONI (Índice Oceánico Relativo Niño), las proyecciones siguen ubicando al fenómeno en niveles históricamente altos, con valores cercanos a +3,4 °C, también por encima de los máximos conocidos.
Qué efectos podría tener un evento de esta magnitud
Si las previsiones actuales terminan confirmándose, el fenómeno podría provocar importantes alteraciones en el clima mundial.
Los episodios más intensos de El Niño suelen modificar los patrones de lluvias, aumentando el riesgo de inundaciones en algunas regiones y favoreciendo sequías severas en otras. También pueden incrementar la frecuencia de las olas de calor e influir en la actividad de los ciclones tropicales en distintos océanos.
Aunque todavía faltan varios meses para alcanzar el máximo desarrollo del fenómeno y los especialistas advierten que las próximas actualizaciones de los modelos serán determinantes, el consenso entre los principales centros meteorológicos internacionales es que 2026 se encamina hacia un El Niño de intensidad histórica, con posibilidades crecientes de convertirse en el más fuerte observado desde que comenzaron las mediciones modernas.