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El océano Pacífico comenzó a mostrar una señal que los meteorólogos siguen con atención desde hace semanas: el nivel del mar en la franja ecuatorial está aumentando con rapidez y los registros satelitales ya recuerdan a algunos de los episodios de El Niño más intensos de las últimas décadas.

Datos de altimetría satelital analizados por la empresa brasileña Metsul Meteorología y observaciones recientes de la NASA muestran anomalías positivas significativas en la superficie del mar, especialmente en el Pacífico central y oriental, un comportamiento asociado al avance de grandes masas de agua cálida.

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Según Metsul, las mediciones registradas durante mayo revelan un patrón similar al observado en años históricos como 1997, 2015 y 2023, períodos marcados por fenómenos de El Niño de gran intensidad y fuertes impactos climáticos a nivel global.

Las imágenes satelitales muestran que amplias áreas del Pacífico ecuatorial presentan niveles del mar superiores al promedio histórico. En oceanografía, ese aumento no implica solamente más agua: también es una señal indirecta de temperaturas oceánicas más elevadas. Cuando el agua se calienta, se expande y eleva físicamente la superficie del océano.

Las anomalías más importantes aparecen en la región conocida como Niño 3.4, considerada clave para monitorear el ENSO, el sistema climático que engloba los fenómenos de El Niño y La Niña. Esa zona del Pacífico es utilizada internacionalmente como referencia para determinar la intensidad y evolución del fenómeno.

Similitudes con el evento extremo de 1997

Uno de los elementos que más preocupa a los especialistas es la similitud con el inicio del evento de 1997-1998, considerado uno de los “super El Niño” más intensos registrados.

En mayo de 1997 el océano todavía estaba en condiciones neutras, pero en pocas semanas comenzó un calentamiento acelerado que terminó alterando los patrones climáticos globales. Aquel episodio provocó inundaciones, sequías extremas y olas de calor en distintas regiones del planeta.

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Metsul sostiene que el comportamiento observado este año presenta características parecidas: un rápido aumento de agua cálida bajo la superficie oceánica que comienza a emerger y a expandirse hacia el Pacífico oriental.

La agencia meteorológica brasileña indicó que el fenómeno todavía se encuentra en sus primeras etapas, aunque el calentamiento avanza de forma acelerada y podría llevar a que la NOAA —la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos— declare oficialmente el inicio de El Niño en las próximas semanas.

La NASA detectó ondas de agua cálida rumbo a Sudamérica

La NASA también alertó sobre la evolución del fenómeno tras analizar información obtenida por el satélite Sentinel-6 Michael Freilich, desarrollado en conjunto con agencias espaciales europeas.

Según el organismo estadounidense, las observaciones muestran una enorme masa de agua cálida desplazándose desde el Pacífico occidental hacia la costa de Sudamérica, uno de los signos clásicos asociados al desarrollo de El Niño.

Los registros satelitales detectaron zonas frente a Perú con niveles del mar hasta 15 centímetros por encima del promedio histórico durante mayo, una anomalía considerada significativa para esta época del año.

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El fenómeno está impulsado por las llamadas ondas Kelvin, grandes pulsos de agua cálida que atraviesan el océano Pacífico de oeste a este a lo largo del ecuador. Estas ondas aparecen cuando los vientos alisios se debilitan o cambian temporalmente de dirección, permitiendo que el calor acumulado en el Pacífico occidental migre hacia América del Sur.

La NASA identificó una primera onda Kelvin a fines de enero cerca de Micronesia, aunque perdió fuerza semanas después. Luego apareció una segunda onda a comienzos de marzo, que avanzó lentamente por el Pacífico y reforzó el calentamiento oceánico cerca de Sudamérica.

Josh Willis, científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, afirmó que el comportamiento actual “está comenzando a alcanzar” patrones observados durante los eventos extremos de 1997 y 2015.

Qué efectos puede tener El Niño

El Niño altera profundamente la circulación atmosférica global al modificar la distribución del calor en el océano y la posición de las corrientes en chorro.

Dependiendo de la región del planeta, el fenómeno puede generar lluvias torrenciales, inundaciones y tormentas severas, mientras que en otras áreas favorece sequías prolongadas, incendios forestales y temperaturas extremas.

En América del Sur, especialmente en el sur de Brasil, Argentina y Uruguay, los eventos intensos de El Niño suelen estar asociados a precipitaciones por encima de lo normal y una mayor frecuencia de episodios de tormentas fuertes durante primavera y verano.

Los próximos meses serán determinantes para confirmar si el calentamiento actual evoluciona hacia un episodio moderado o si efectivamente se convierte en un “super El Niño” comparable con los más extremos registrados en la historia reciente.

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