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Alejandro Falco tiene 49 años y vive en Villa del Rosario, un pequeño poblado de Lavalleja. Hace una pausa, mira hacia la calle y trata de recordar cuándo fue la última vez que escuchó llorar a un bebé. No está seguro. En el pueblo, según el último censo, ya no queda ningún niño menor de cinco años.

Falco es un apellido con historia en ese poblado que está más cerca del límite con Canelones que de la ciudad de Minas. Por eso Alejandro pide unos segundos y saca cuentas, como si estuviesen desfilando los habitantes por su mente, y enseguida dice:

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—Claro, los más chicos son los hijos de la almacenera pero que ya están más grandes.

A 200 kilómetros clavados desde allí, en Ombúes de Oribe (Durazno), Marta Foster cuenta que en los 52 años que habita en ese poblado dedicado al trabajo agropecuario y con paisajes para el senderismo, “los ombúes fueron desapareciendo como los niños”.

Lo dice con ironía y un dejo de preocupación. Porque “las casas se van vaciando, la gente deja la campaña”. Toma una pausa y se corrige: “No solo la campaña, la juventud tiene o quiere tener cada vez menos hijos. No sé si será que falta trabajo, si es todo muy caro, un cambio cultural o qué, pero esto se va vaciando”.

Villa del Rosario, Ombúes de Oribe, Estación Migues donde la imagen del viejo tren que ya no es tal son ejemplos extremos —casi caricaturescos— de un país en que los nacimientos se desplomaron de manera generalizada. Hay 26 localidades sin niños menores de cinco años. Y hasta el barrio “más joven” de Montevideo, Casavalle, cuenta con 1.515 bebés o preescolares menos que en el censo anterior.

El país donde desaparecen los niños

El Instituto Nacional de Estadística divide a la capital de Uruguay en 62 barrios. Solo en uno de ellos, Bañados de Carrasco, creció la cantidad de niños chicos de un censo al otro. El resto se fue vaciando:

Montevideo perdió en poco más una década a 21.961 niños menores de cinco años. Y el golpe más fuerte se da en la periferia y aquellos barrios en que el embarazo de adolescentes era más alto. Peñarol, Las Acacias, Casabó, Bella Italia, la Unión y Nuevo París se suman a Casavalle en esas pérdidas que superan los 700 niños en un período tan corto.

Donde había más niños es donde más cambia y más rápido.

El demógrafo Ignacio Pardo, especialista en fecundidad, ve en esa “gran caída” un cambio interesante: poco a poco empiezan a converger la cantidad de hijos en los distintos barrios de Montevideo, aunque eso no implica un cambio tan marcado en las edades (sobre todo porque los más pobres se siguen muriendo antes, tienen a sus primeros hijos un poco antes y los más ricos después), ni tampoco en la condiciones de crianza y vida de esos hijos sea la misma. Y ahí está parte del desafío.

El interior no escapa al vacío de niños ni las desigualdades. Solo un tercio de las 535 localidades que son comparativas entre 2011 y 2023 (porque hay datos en ambos censos y no cambiaron su nomenclatura) ha subido la cantidad de niños pequeños. Los ejemplos más evidentes son la capital de Rivera, la de Maldonado, y el tan aclamado "boom" de la costa este: Neptunia, Pinamar, Punta del Este, Balneario Buenos Aires y La Paloma.

Pero buena parte de los poblados más chicos y menos costeros han empezado el vaciamiento antes. Nahuel Jorge cita a su abuelo para resumir lo que pasa en Estación Migues, donde viven: “Ahora en el pueblo las matemáticas son sencillas porque al haber solo 100 habitantes es una pavada sacar porcentajes”.

Nahuel tiene solo 28 años y es el alcalde del municipio que incluye a su localidad. Cuando su padre iba a la escuela había más niños que cuando le tocó su turno. Cuando la hermana chica fue a la escuela, ya eran aún menos que cuando el representante político se había graduado. Y ahora no solo son menos aún, sino que la mayoría llegan desde parajes cercanos.

Detrás de la capilla hay una plaza con juegos infantiles. Está vacía. También el viejo predio de AFE donde antes se armaban partidos de fútbol y carreras de bicicleta. Nahuel Jorge recuerda que allí se juntaban decenas de niños. Hoy el silencio ocupa el lugar que antes tenía el ruido de los recreos.

En la siguiente tabla puede ir viendo el cambio en los menores de cinco años, localidad por localidad:

El país donde los adultos mayores ya igualan a los niños

El interior, que en términos generales es más rejuvenecido que Montevideo, tuvo en una sola generación (esa que va desde el censo 1996 a 2023) casi una duplicación del envejecimiento. Pasó de 42 mayores de 65 años cada 100 menores de 15 años, a 79 cada 100.

En la capital del país parece estar resurgiendo aquella publicidad de un turista por cada habitante de Uruguay, a un adulto mayor por cada niño o adolescente.

Al norte del Río Negro y, sobre todo en la frontera con Brasil, están los departamentos menos envejecidos.

Sandra Umpiérrez (70) espera que alguna vez llegue la gimnasia a la zona. En La Loma, Soriano, hay casi ocho adultos mayores por menor de 15 años. Y la doña no lo duda: “Este es un pueblo que tiene entrada, pero no hay salida. No conduce a ningún lado”.

Es literal, se ingresa y egresa por la misma parte. Pero también es simbólico. La poca población fue envejeciendo. Y los nuevos habitantes llegaron de mayor, como para retirarse rodeados de campo.

Como en los poblados muy pequeñas pueden pasar estas curiosidades, a continuación se seleccionaron las cinco localidades más envejecidas y las cinco menos envejecidas

La falta de niños es un motivo para que una sociedad envejezca. Pero hay otro que tiene que ver con que los adultos lleguen a más adultos. Dicen que la muerte es democrática: más tarde o más temprano, ricos o pobres, a todos les llega por igual. Pero un estudio del Programa de Población de la Universidad de la República muestra cómo la última bocanada de aire de la vida es, a la vez, un reflejo de la desigualdad. Al momento de nacer, los varones uruguayos más pobres tienen una esperanza de llegar a vivir, en promedio, 69 años. En el mismo país, los varones más ricos esperan alcanzar los 78 años. Es decir: hay nueve años de vida de diferencia por el simple hecho del contexto, los ingresos y otros indicadores que hacen al nivel socioeconómico de la población.

Eso pinta al mapa de envejecimiento de Montevideo casi idéntico a las necesidades básicas satisfechas:

Los más viejos entre los viejos

La costa sur y este es, también, la región más sobreenvejecida de Montevideo. Así le llaman los técnicos a las zonas en que la población de más de 84 años tiene un peso mayor entre las personas mayores (la población mayor de 65 años). Más de la quinta parte de los adultos mayores de Carrasco, Punta Gorda, Parque Rodó, Pocitos, Malvín, entre otros, son octogenarios, nonagenarios o centenarios.

Este fenómeno, dice el demógrafo Pardo, “no solo se explica porque en las zonas más pobres se vive menos años, sino por la alta fecundidad de esas zonas, que hace que el resto de las edades tenga menor peso relativo. El otro factor que afecta la composición por edad de un territorio son los patrones de movilidad residencial, cuando quienes entran o salen de un barrio tienen cierto perfil por edad. Por ejemplo, cuando las personas de más edad tienden a mudarse a otro barrio”.

De yapa, un dato curioso

Paso Farías en Artigas, Cerros de San Juan en Colonia, Cuchilla de Buricayupí en Paysandú y Arrocera El Tigre en Treinta y Tres tiene algo en común: en ninguna de ellas figuran habitantes mayores de 65 años. Otra vez, es una imagen caricaturesca que, en este caso, va a contrapelo de la marcha de un país que envejece.

¿Cómo se procesó la información?

Con la colaboración del maestrando en Economía Aplicada Juan Ignacio Pintos, El Observador procesó los microdatos de los censos 1996, 2011, 2023 (con ponderación a mayo de 2026).

En el siguiente enlace quedan disponibles todos los datos procesados con sus variables. En la primera hoja del documento están las definiciones: ingrese aquí.

Temas:

niños Uruguay barrio LOCALIDAD país adultos mayores

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