En Uruguay nacieron el año que acaba de terminar más empresas que seres humanos. La caída de la natalidad sigue a tal velocidad que basta un ejemplo lúdico —y futbolístico— para entenderlo. El Estadio Centenario es la sede del partido “inaugural” del Mundial 2030. Las autoridades deciden invitar a ocupar las gradas a todos los nacidos en el país en 2025; esos 28.842 bebés según las cifras preliminares del Ministerio de Salud Pública (MSP). Apenas logran llenar las tribunas de atrás de los arcos (aquellas con menos capacidad). El resto queda vacío.
Ahora imaginemos —siempre en el plano de la ficción y sin que se ofenda a aquel que cree en la resucitación o la reencarnación— que a ese mismo partido se invitan a los 34.838 muertos registrados el 2025 de manera preliminar por el MSP. Sería necesaria la Tribuna Olímpica (la de más capacidad incluyendo su platea) y una de las cabeceras.
Primera conclusión: en Uruguay los fallecimientos superan a los nacimientos, y ya van cinco años consecutivos de esta tendencia.
Segunda conclusión: en Uruguay hay mujeres en edad reproductiva que fueron postergando su embarazo. Varios demógrafos —incluyendo aquellos que hicieron las proyecciones de población del último censo— insisten en que hay chances de que muchas de esas mujeres serán madres aunque sea más tarde. Y eso causará una especie de “efecto rebote”. Por ahora nada indica que haya sucedido.
Y ahí viene uno de los primeros datos inesperados para las autoridades sanitarias. “La natalidad siguió bajando y lo hizo de una manera tan significativa que no esperábamos”, reconoció la directora general de la Salud, Fernanda Nozar, quien además domina el tema porque es profesora agregada de Ginecología.
La caída de los nacimientos de un año al otro fue del 4%, una variación a la baja similar a la de 2016, 2020, 2021, 2023 y 2024. Conclusión “no tan esperada”: son tan pocos los nuevos bebés que hay que remontarse a 1886 —cuando nacía el diario El Día y el militarismo de Máximo Santos intentaba dar paso al civismo— para encontrar un guarismo similar y Uruguay no sale del rótulo de país con “ultra baja fecundidad”.
El Observador aprovechó las nuevas estimaciones y proyecciones del censo poblacional, los datos preliminares de nacimientos y calculó la cantidad de hijos en promedio que tienen las mujeres uruguayas en edad reproductiva (eso que la ciencia llama tasa global de fecundidad). El resultado (1,16) iguala al país al mínimo histórico que había tenido Japón, un rara avis que aplicó planes millonarios para incentivar —con escaso éxitos— a que las parejas tuvieran más hijos.
“Mi prejuicio personal es que vamos a una meseta, tras la baja de nacimientos, y vamos a empezar a subir”, dice Nozar. Su explicación no tiene tanto que ver con que algún día serán madres aquellas que quisieron postergar su embarazo, sino con la atención sanitaria.
Poco a poco Uruguay va incorporado en el ámbito asistencial la idea de que el proceso reproductivo importa. Cuando se atiende a mujeres o varones por alguna patología, se les trata de explicar cómo puede afectar su capacidad reproductiva. Antes eso no se hablaba y hoy es de lo primero que se menciona en la consulta médica. Se habla de las opciones de preservar la fertilidad, de las prestaciones del Fondo Nacional de Recursos y hasta hay ejemplos que empiezan a demostrar cómo la lactancia es beneficiosa para las mujeres (por ejemplo para reducir las chances de cáncer de mama).
Pero, por ahora, las cifras 2025 solo permiten una tercera conclusión que fue todavía más inesperada: “Los datos de la mortalidad son todavía más preliminares que los de nacimientos, porque requieren otras revisiones. Pero hubo un dato que nos sorprendió: a priori hubo 1.118 muertes menos que el año anterior, lo que significa una baja en números (absolutos) todavía más fuerte que la caída de nacimientos”. A Nozar se le escapa una leve sonrisa cuando lo dice y enseguida empieza se ataja para la repregunta:
—¿Qué explica la baja de las muertes en una país cada vez más envejecido (cuanto más edad, mas chances de fallecer)?
— A pesar de las críticas que le hacemos al Sistema Nacional Integrado de Salud, que requiere cambios en el corto plazo, tenemos un sistema (bastante) integrado. Eso da acceso a todos, a todos los niveles. Y ha habido un énfasis en mejorar el primer nivel de atención para prevenir enfermedades o captar a tiempo otras. Todo hace indicar que bajaron las muertes por cánceres, por causas cardiovasculares...
Hay otras causas de muerte que parecen estar bajando también. Todo indica que el suicidio disminuyó, pero es muy prematuro arriesgar ya una cifra exacta. Las muertes inclasificables (esas que El Observador había advertido por su notable aumento), ya habían disminuido dos puntos porcentuales en los 10 primeros meses del año. Y hubo —también a priori— una baja en la mortalidad infantil.
A Nozar se le vuelve a dibujar una sonrisa. Sabe que son números pequeños que no mueven la aguja. Pero se alegra porque ella misma, como ginecóloga, ha visto de cerca algunos problemas que llevan a la muerte de los menores de un año, el susto ante el aumento que había habido en 2023, y está en sus planes la mejora de las maternidades para que se complementen y que las gestantes puedan atenderse en el más especializado para su caso sin importar de qué prestador son usuarias.
La siguiente gráfica interactiva muestra cómo en solo medio siglo la sociedad uruguaya ha progresado en su disminución de la mortalidad infantil, el corrimiento de las muertes a edades más viejas, cómo las mujeres sobreviven más que los varones, y cómo en la edad joven los varones fallecen más que ellas por las muertes violentas (homicidios, suicidios y accidentes de tránsito).
Cuando en 1854 la Familia Real británica le pidió al mejor escultor de la época que hiciera una estatua en homenaje a la infanta María Cristina, quien por una “debilidad nerviosa” había fallecido al tercer día, se morían en Uruguay más de 100 niños cada 1.000 nacidos vivos. Ahora son apenas seis cada 1.000 y la ciencia no sabe cuánto más podrá bajar. Las tendencias a veces tienen su límite.