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El fenómeno de El Niño 2026-2027 continúa intensificándose y, según la última evaluación de Metsul, podría convertirse en el episodio más intenso desde que comenzaron los registros modernos, impulsado por un calentamiento acelerado del océano Pacífico y por condiciones atmosféricas que favorecen su fortalecimiento.

La consultora meteorológica brasileña sostiene que el fenómeno todavía está lejos de alcanzar su máxima intensidad y que los próximos meses serán determinantes, ya que nuevos procesos atmosféricos podrían seguir alimentando el calentamiento del Pacífico tropical.

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Qué está impulsando el fortalecimiento de El Niño

Según Metsul, uno de los principales factores detrás de la rápida evolución del fenómeno es la persistencia de las denominadas ráfagas de viento del oeste (WWB, por sus siglas en inglés).

En condiciones normales, los vientos soplan de este a oeste sobre el Pacífico ecuatorial. Sin embargo, durante los últimos meses se han registrado reiterados episodios en los que esos vientos se debilitan o invierten temporalmente su dirección.

Ese cambio empuja enormes volúmenes de agua cálida acumulados en el Pacífico occidental hacia las costas de Sudamérica, favoreciendo el calentamiento del Pacífico central y oriental.

Como consecuencia también se generan las llamadas ondas Kelvin oceánicas, que transportan agua muy cálida por debajo de la superficie hasta las costas de Perú y Ecuador.

Cuando esas ondas llegan al este del Pacífico, dificultan el afloramiento de aguas frías desde las profundidades, uno de los principales mecanismos naturales que ayudan a enfriar el océano. Sin ese proceso, las temperaturas superficiales continúan aumentando durante semanas o incluso meses.

El Pacífico sigue acumulando calor

Metsul advierte que, además de las elevadas temperaturas superficiales, existe una enorme reserva de calor almacenada bajo el océano, que todavía no emergió completamente.

Los meteorólogos describen esa acumulación como una "lengua caliente" que continúa desplazándose hacia el este y que podría intensificar aún más El Niño durante la segunda mitad del invierno y la primavera.

A eso se suma un calentamiento excepcional frente a las costas de Perú, donde en algunas zonas las temperaturas del mar se ubican entre 7 °C y 8,5 °C por encima del promedio histórico.

La previsión de nuevos episodios de vientos del oeste durante el resto de julio y comienzos de agosto podría generar nuevas ondas Kelvin y transportar todavía más calor hacia el Pacífico oriental.

Ya alcanzó niveles de Super El Niño

Metsul recordó que las condiciones actuales ya alcanzaron niveles compatibles con un Super El Niño, algo que nunca había ocurrido tan temprano en el año.

Según el Índice Oceánico Niño (ONI) de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), la anomalía de temperatura en la región Niño 3.4 alcanzó +2,0 °C, umbral que caracteriza un evento de muy alta intensidad.

La anticipación del fenómeno no tiene antecedentes recientes.

Durante el evento de 2023, ese nivel recién se alcanzó a fines de noviembre. En el histórico episodio de 1982-1983 ocurrió también en noviembre, mientras que en 1997-1998 se registró a comienzos de setiembre y en 2015-2016 a mediados de ese mismo mes.

La NOAA también comenzó este año a utilizar el nuevo Índice Oceánico Relativo de El Niño (rONI), diseñado para reducir la influencia del calentamiento global sobre las mediciones.

Bajo ese indicador, la anomalía actual es de 1,3 °C, aunque el organismo mantiene una probabilidad del 81% de que el fenómeno evolucione hacia un Super El Niño.

Los modelos proyectan un evento histórico

De acuerdo con Metsul, prácticamente todos los principales modelos climáticos internacionales coinciden en que El Niño seguirá fortaleciéndose durante los próximos meses.

Las proyecciones ubican las anomalías de temperatura del Pacífico entre +3 °C y +4 °C, niveles que, de concretarse, convertirían al episodio de 2026-2027 en el más intenso desde que comenzaron las observaciones instrumentales en el siglo XIX.

Qué consecuencias puede tener para Uruguay

Aunque el informe centra su análisis en Brasil, Metsul sostiene que los efectos del fenómeno ya comenzaron y tenderán a intensificarse durante la segunda mitad del invierno, la primavera y el verano.

En el sur de Brasil se espera un incremento significativo de las precipitaciones, con mayor riesgo de inundaciones, tormentas severas, granizadas, vendavales e incluso tornados.

Para Uruguay, un escenario de Super Niño suele asociarse a un aumento de las lluvias respecto a los valores normales, especialmente durante la primavera, además de una mayor frecuencia de episodios de tiempo severo.

No obstante, los meteorólogos aclaran que cada evento de El Niño tiene características propias y que no es posible afirmar que vaya a repetirse una situación como las inundaciones históricas registradas en Rio Grande do Sul en 2024.

La magnitud de los impactos dependerá de la interacción entre El Niño y otros factores atmosféricos, por lo que los eventos extremos solo pueden preverse con mayor precisión a medida que se acercan.

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