El paisaje de la zona este de Carrasco Norte está cargado de contrastes. Si se mira dentro del barrio, la imagen es como de película estadounidense: casas de varios pisos con patios verde, calles limpias, garitas de seguridad y carteles que piden ir despacio por los niños que juegan en la calle. Pero si se observa al arroyo Carrasco, aparece un gran barrial y una máquina que sirven de antesala a la isla de basura que asoma a la altura de las calles Costanera y Eduardo Vernazza.
A finales de febrero se instaló allí una biobarda industrial: una linga atada a dos macizos de concreto que sostiene una red de contención de acero que soporta hasta 4,75 toneladas.
El objetivo era mejorar la situación de uno de los cursos de agua más contaminados del área metropolitana. Entre otros problemas, los vecinos han reclamado varias veces por los olores que desprende, especialmente en verano. Además, tal como se informó meses atrás, las playas más contaminadas del país durante enero fueron las que están cercanas a este arroyo: Shangrilá, Parque Carrasco y Carrasco.
La linga está tensionada. Tan tensionada que está talando, de a poco, uno de los árboles que ayuda a soportar las toneladas de basura que se quieren ir agua abajo, rumbo al Río de la Plata.
Es que el fenómeno de El Niño, con sus abundantes lluvias, ha aumentado el cauce del arroyo haciendo que los residuos voluminosos que estaban retenidos en distintos puntos de la cuenca se desplazaran hasta chocar con la biobarda industrial.
En la larga lista de residuos destacan las decenas de carcasas de electrodomésticos (calefones, heladeras, cocinas, algún televisor) y los cientos de botellas. Luego, se pueden enumerar infinidad de objetos: maletas, pelotas, championes, juguetes y muchas más.
“En las primeras semanas se sacaron diez camiones, unos 60.000 kilos, más o menos. Una locura”, dijo a El Observador Mauro De la Vega, director ejecutivo de la Alianza Uruguaya por el Agua, la organización sin fines de lucro que, en convenio con las intendencias de Canelones y Montevideo (IM), instaló la biobarda.
El acuerdo establece que la IM se encarga de la limpieza de los residuos que terminan en la biobarda y Canelones de la vigilancia. La inversión de US$ 150.000 corrió por cuenta de la Alianza Uruguaya por el Agua, que recibió el apoyo de las empresas colaboradoras —que financian los proyectos como parte de la responsabilidad social empresarial— y desarrolladores inmobiliarios ubicados en la zona.
Cuando la isla de basura es suficientemente grande y se acerca a la costa montevideana, una máquina que permanece en la zona, se encarga de sacarla y cargarla en camiones, para llevarla a la usina de Felipe Cardoso. “El acuerdo dice que saquen la basura cada 20, 25 días. Pero en casos como estos, que se junta mucha basura por la lluvia, vienen antes”, explicó De la Vega.
"En estos seis meses llevamos 120.000 kilos de basura retirados del arroyo", celebró.
Vecinos de ambos lados del arroyo consultados por El Observador destacaron las mejoras que ha generado la biobarda al retener los residuos sólidos, pero alertaron que no es la única contaminación del arroyo.
“Está funcionando muy bien. Antes nos llegaban animales muertos, heladeras, cocinas, cualquier cosa. Se ve el trabajo, da confianza”, dijo Mariela Carulla, vecina de Barra de Carrasco (al sur de la biobarda), integrante de la asociación de vecinos del barrio, que hace años denuncia el fuerte olor que sale del arroyo.
Carulla aclaró, de todas formas, que es muy pronto para concluir si esta es la solución definitiva para el mal olor. “En invierno el olor baja. La prueba va a ser en verano. Hay cosas que generan olor que no las agarra la biobarda, la contaminación biológica, las aguas servidas, las aguas contaminadas. También puede haber contaminación de sólidos al sur de la biobarda”, indicó.
Rodrigo González, director de Gestión Ambiental de la Intendencia de Canelones definió como una “experiencia de éxito” el caso de la biobarda y adelantó que el próximo paso es la puesta en marcha de la “cosechadora anfibia”, una máquina que ya fue adquirida y en las próximas semanas se pondrá en marcha para recolectar los camalotes.
Estas plantas acuáticas flotantes son, en parte, responsables del mal olor, porque retienen la basura y no le permiten circular. “Dentro de esas plantas se trancan los envases y la basura. Es lo que genera olor cuando hace mucho calor”, explicó De la Vega.
El paso siguiente, que se está tramitando en la comuna canaria hace años, es el realojo del asentamiento de Paso Carrasco Sur, ubicado apenas al norte de la biobarda y apuntado como uno de los responsables de la contaminación del arroyo. Vecinos y autoridades han señalado que clasificadores de este asentamiento arrojan residuos al agua sin control.
De la Vega consideró que el plan se podría “replicar en el arroyo Miguelete”. “Lo estamos evaluando, estamos trabajando con la intendencia de una propuesta similar a esta. Es muy claro el impacto que tiene y se ve como, al final, la inversión se recupera porque estás limpiando un curso de agua”.