"Dicen que este punto era el único de Uruguay donde había un boliche en cada esquina. Ahí estaba El Latino, allá el Sokos, acá en frente El Chivito de Oro. Lamentablemente, y lo digo de manera sentida, los únicos que quedamos somos nosotros", dijo a El Observador Federico Celsi, propietario del bar Facal, sobre las cuatro esquinas de 18 de Julio y Yí.
La nueva cara de 18 de Julio está plagada de estos ejemplos: en total hay 19 farmacias -contando Farmashop, San Roque, Pigalle, El Túnel, Tundisi y Farmaglam- y 16 restaurantes de cadena, contando La Pasiva, McDonalds, Burger King, Mostaza, Subway e Il Mondo della Pizza, a los que se podría sumar las dos cafeterías Starbucks. También se han abierto cerca de una decena de sucursales de cadenas de supermercados como Tata, El Dorado, Tienda Inglesa y Frog.
Mientras tanto, los antiguos bares tienden a desaparecer. Celsi señala que, entre la Plaza Independencia y la Plaza de los Bomberos (19 cuadras), Facal es el único bar tradicional que queda. Hacia el este, entre esa plaza del Cordón y el Obelisco sobreviven varios más: Las Palmas (Gaboto), Gran Sportman (Tristán Narvaja), Papiros (Joaquín Requena) y Castrobo (Juan Paullier).
El último en cerrar, que tenía menos tradición que los mencionados, fue el Bar 18, ubicado en la esquina con Juan Paullier y que estuvo abierto algunos años, hasta que la caída de las ventas hizo imposible su funcionamiento. Lo mismo le pasó tiempo atrás a otros bares que no llegaron a tener larga vida, como el @Bar en Acevedo Díaz y El Vasco en Martín C. Martínez.
Bar 18. Bares de 18 de julio
Mucho más impacto generó en 2024 el cierre de La Papoñita, un restaurante de gran tamaño ubicado en la esquina de Minas durante 63 años. Sus dueños vincularon la caída de la clientela a dos problemas del barrio: la inseguridad y la falta de lugares de estacionamiento. Allí se instaló la quinta Farmashop de la avenida.
Antes de la pandemia ya había caído en desgracia otro histórico: el bar The Manchester, que durante más de cuatro décadas estuvo ubicado en la esquina de Convención. Allí se instaló La Pasiva.
"De esa vieja guardia no queda ninguno"
Daniel Fernández, presidente de la gremial Cambadu, conoce bien el paisaje. Parado frente a donde estaba La Papoñita y con el también desaparecido La Fiaca -propiedad del fallecido empresario gastronómico y presidente de Nacional Ceferino Rodríguez- a sus espaldas, lamenta que “en no tantos años han desaparecido una cantidad enorme de bares”
“De esa vieja guardia de bolicheros no queda ninguno, fueron muriendo. Hay algunas excepciones con los hijos que siguieron el negocio, como el Gran Sportman y el Facal", dijo a El Observador.
Bar Facal. Bares de 18 de julio
Para Fernández, el problema de los grandes bares tradicionales es estructural. "Los grandes bares están detenidos en el tiempo. Es muy difícil dar un salto. Las inversiones son millonarias, los márgenes están súper reducidos por las grandes cargas fiscales, principalmente municipales, y además han cambiado los hábitos. Fíjate que barcitos chicos, pequeños, están funcionando muy bien", señaló.
En su diagnóstico, muchos jóvenes emprendedores le han “encontrado la vuelta” a otro tipo de servicio, distinto al de los "elefantes blancos". Y apunta a los menús extensos como uno de los grandes errores del modelo tradicional: "Los grandes restaurantes hoy deberían trabajar con tres, cuatro platos y un plato del día con lo que esté barato en el mercado. Y después lo clásico: dos pastas, dos carnes, dos pollos, dos o tres pescados y nada más. Vos no podés tener 32 variedades de pizza", sostuvo.
El modelo que quedó en el tiempo
Celsi, que quedó como el único representante de los bares tradicionales en la primera mitad de la avenida, comparte con Fernández. "Este tipo de negocios de cartas muy extensas, que dan servicio de cafetería, de merienda, de almuerzo, de cena, con una carga de personal muy grande (...) está en desuso en el mundo entero", afirmó.
Bar Facal. Bares de 18 de julio
Pero para el propietario del Facal, la inseguridad y la falta de estacionamiento —los factores que señalaron los dueños de La Papoñita al momento de cerrar— son solo parte de una ecuación más compleja. "Podría agregarte muchísimos puntos más, pero también está un cambio de costumbre del consumidor. Somos los primeros que tenemos que adaptarnos a lo que busca la gente, a lo que busca en las experiencias. Tiempo atrás la ubicación era lo más importante en cuanto a la decisión de ir a un restaurante y hoy en día tiene mucho más importancia el producto que la ubicación. Aparecieron las redes. Antes, que te enteraras que abrieron un lugar a 10 cuadras de 18 de Julio, era milagroso", explicó.
¿Cuál es el secreto de Facal? La adaptación e innovación permanente, aseguró Celsi, una capacidad que atribuye a su padre, fallecido en 2013. "El primer deck que hubo en el Uruguay es el deck de allí, que lo hicimos con la intendencia de Tabaré Vázquez. El primer lugar que tuvo vidrios de piso a techo fue Facal, algo que ahora es básico. Trajimos cosas de afuera, vendimos chocolate caliente con churros después de viajar a España, copiamos los waffles e importamos una máquina de Bélgica, siempre intentamos innovar en los menús, vendemos merchandising, invertimos en accesibilidad", enumeró.
"Nada desaparece, se transforma"
Juan Antonio Varese, que ha investigado y escrito sobre la historia de la ciudad y sus bares, menciona como cambió la avenida. "Yo me acuerdo bien de otro 18 de Julio, lleno de luces, sobre todo de cines. Había un tándem entre el cine y el café, era la antesala o la secuela del cine. Me vas a hacer llorar diciéndome que hay tantas farmacias", expresó.
Para Varese, el declive no es un fenómeno reciente ni abrupto. "Los declives son graduales, es un proceso que empezó en la década del 80 lentamente, con el cambio de costumbres. La gente se reunía menos y los boliches fueron perdiendo porque a la juventud no le interesaba ir a hablar de fútbol, de política, y pasarse horas enteras en un boliche", señaló.
Bar "El Vasco". Bares de 18 de julio
Para el escritor, el caso de 18 de Julio es “un reflejo” de lo que pasa en el resto de la ciudad. “El cambio se dio fundamentalmente porque se ha pauperizado la ciudad. En 18 de Julio hay cada vez menos gente, también hay un tema de inseguridad", afirmó.
Aun así, Varese mantiene una visión -en parte- optimista: "Esto es como en física, nada desaparece, se transforma. Los viejos cafés han dado lugar a las modernas cafeterías, lo que se llaman los cafés de especialidad, donde hay una calidad especial", concluyó.