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Inaugurada en diciembre de 2012 junto al Corredor Garzón, la Terminal Colón buscaba ser “un antes y un después” -en palabras de la entonces intendenta de Montevideo, Ana Olivera- para el barrio Colón y la movilidad de la zona noroeste de Montevideo. Desde la Intendencia de Montevideo (IM) estimaban que por allí pasarían 25.000 personas por día y funcionarían 22 líneas de ómnibus, además de 46 locales comerciales. Para la construcción se invirtió US$ 5,7 millones.

La realidad, 14 años después, es muy distinta. Varias líneas de ómnibus cambiaron su recorrido para no pasar por allí por la pérdida de tiempo, y de los 46 locales, solo dos están alquilados a privados: dos kioscos. Uno de ellos sigue abierto. En otros espacios hay oficinas públicas, en su mayoría cerradas.

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El lugar es silencioso, a diferencia de lo que uno imagina cuando se habla de una terminal de ómnibus. Un lunes al mediodía hay cerca de una veintena de pasajeros en una estructura inmensa de 35.000 metros cuadrados. Los ómnibus pasan con frecuencia, pero los usuarios escasean. Se bajan dos pasajeros, se suben otros tres y rápidamente vuelve el silencio.

El ruido y el movimiento del barrio están donde siempre, a un kilómetro de allí por la Avenida Eugenio Garzón. En la parada de la Plaza Vidiella y en la de en frente, en la puerta del club Olimpia, hay más personas que en toda la terminal, pero sin una gran estructura, sino con los refugios de ómnibus regulares.

Allí pasan, por ejemplo, los ómnibus de la línea G, que ya no van hasta la terminal. Allí el 526 deja a casi todos sus pasajeros, para luego seguir vacío hasta la terminal.

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Parada de ómnibus sobre Eugenio Garzón, frente a la Plaza Vidiella. Crédito: Agustín Escudero

El director de Transporte de la IM, Richard Delgado, reconoció días atrás en la Junta Departamental que el objetivo de la comuna con la terminal no se cumplió.

“La Terminal Colón era una pieza dentro del Plan de Movilidad, y tenía otra función operativa, que hoy no tiene. Eso es así”, dijo ante la Junta durante la comparecencia del Departamento de Movilidad en el marco de la discusión del Presupuesto, según consta en la versión taquigráfica a la que accedió El Observador.

Sin grandes expectativas de que la situación mejore en cuanto a cantidad de pasajeros, desde la comuna tienen otro objetivo: transformar el lugar en un “gran polo cívico”.

“Hoy nosotros estamos haciendo dos cosas: estamos buscando una mayor eficiencia en el gasto, con diversas estrategias, y estamos buscando dotar de usos a esa terminal y a esa infraestructura que tenemos creada. Por eso la estamos transformando en un gran polo cívico. Además, estamos trabajando en otras opciones para darles usos a otras zonas de la terminal, que a su vez puedan ser atractores de personas, porque sabemos que donde atraemos personas hay atractores de viaje”, dijo Delgado.

El actual “polo cívico” funciona a medias, con movimiento en la oficina de Identificación Civil (DNIC) del segundo piso y estudiantes en el anexo de la UTU, pero con varios locales cerrados, como el del Mides, Antel y el Concejo Vecinal. Se abrirá también una biblioteca municipal.

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Terminal Colón. Crédito: Agustín Escudero

“No tenemos espacios disponibles (para alquilar) actualmente”, aseguró ante la Junta el responsable de la división Unidad Estructuras Fijas de Transporte de la IM, Gabino Oliveira. Sin embargo, casi todos los locales tienen las persianas bajas.

El gasto

¿Qué gasto le implica a la IM mantener este edificio? El Observador lo consultó a través de una solicitud de acceso a la información pública en enero, pero la IM no lo contestó, pese a que la normativa establece que debe hacerlo en 20 días hábiles (o 40 si pide una prórroga).

Las autoridades sí lo respondieron en la Junta. El edil blanco Rafael Seijas fue quien consultó en la Junta cuál era la situación de este “elefante blanco”, un término que se utiliza para definir construcciones de grandes dimensiones no terminadas o que tienen altos costos y se encuentran en desuso.

Oliveira, que aceptó el término "elefante blanco" por el "tamaño de la estructura", detalló que la terminal tiene ingresos mensuales por $63.000 producto de los alquileres de los kioscos, del local del Mides y de la DNIC.

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Terminal Colón. Crédito: Agustín Escudero

Mientras que los ingresos anuales alcanzan los $756.000, los egresos rozan los $15 millones.

Oliveira detalló que la terminal gasta $11.980.000 en funcionamiento y aproximadamente $3.000.000 en mantenimiento edilicio, “dependiendo de las patologías que se vayan produciendo”.

El jerarca destacó, sin embargo, que se ha logrado “achicar los costos enormemente”, a partir de una reducción en la cantidad de trabajadores de limpieza y de vigilancia. Esto permitió reducir los gastos de funcionamiento "de $17 millones a $11 millones anuales".

Al edil opositor Seijas no le convenció la reducción de las pérdidas: "Es un monumento al gasto mal gestionado. Hace más de 10 años que casi no se usa y perdemos millones que se podrían destinar a otras cosas. Pese a la enorme infraestructura que se utiliza, (el intendente Mario) Bergara no propone nada, por lo que los montevideanos seguiremos perdiendo millones", lamentó en diálogo con El Observador.

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