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El nomenclátor de calles de Montevideo cuenta con varios errores y curiosidades en los nombres de los homenajeados. Uno de los fallos, que en los próximos meses podría ser corregido si la Junta Departamental refrenda el pedido de la Intendencia de Montevideo, es el de Ramón Anadón, cuya avenida en el Buceo, desde hace décadas, se llama Ramón Anador.

El genealogista Enrique Yarza, quien investigó y descubrió el verdadero nombre de Anadón a partir de documentos de la época, repasó en entrevista con El Observador otros errores y curiosidades del nomenclátor montevideano.

Yarza aclaró, en primer lugar, que no es partidario de cambiar los nombres de ninguna calle, salvo el caso de Ramón Anador, donde se homenajeó a “una persona que no existe”.

“Las calles son testimonios que la ciudad ha ido recogiendo con distintos criterios a lo largo del tiempo. Nadie puede sentirse con derecho a removerlos de su lugar sin incurrir en grave sacrilegio contra el conjunto de la ciudad”, dijo.

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Compartida por el Prado y Capurro, la calle Hermanos Gil recuerda a tres hombres -Teófilo, Daniel y Juan- que pelearon contra el militarismo gobernante en el último tramo del siglo XIX en Uruguay. Sin embargo, el verdadero apellido de los hermanos era Hill (colina), pues tenían ascendencia británica.

En Buceo, la calle Juan M. Espinosa hace referencia a Juan Montero Espinosa. Si bien la “M” hace pensar que se trata de un segundo nombre de pila, en realidad es de su primer apellido. Montero fue un guerrero y escritor uruguayo que participó en las campañas libertadoras de Perú y Ecuador.

Una pequeña calle del barrio La Blanqueada recuerda a Joaquín Campana, un político de la época de la independencia que era hijo de un inmigrante irlandés. “En realidad se llamaba Campbell. La traducción de “Bell” es campana”, explicó Yarza.

Andrés Cheveste, baquiano que se encargó de conseguir la caballada para la Cruzada Libertadora, cuenta con una calle en el barrio Atahualpa, pero también vio su apellido alterado. “Él era Etcheveste, un típico apellido vasco. El 'etche', 'etchea', quiere decir casa y el 'este' quiere decir 'la otra' o 'la de más allá'. Acá se lo conocía como el baquiano Cheveste, en realidad es Etcheveste”, detalló el genealogista.

En Buceo y Parque Batlle está ubicada la calle Estivao, que parece recordar un apellido portugués o brasileño. En realidad, también era de origen vasco: Jacinto Estibao era un militar argentino del ejército constitucional uruguayo durante la Guerra Grande y, su apellido, era una castellanización de Estibaoz.

Cerca de allí, en la zona del cementerio del Buceo, está la calle General de División Roberto P. (Pantaleón) Riverós, que es la versión afrancesada del apellido gallego Ribeiro.

En otros casos, directamente, se cayó en un error al “uruguayizar” los nombres. En Brazo Oriental corre la calle Roberto Koch, un homenaje al médico alemán ganador del premio Nobel Robert Koch.

Los grandes personajes

Varias calles, monumentos, y hasta departamentos sirvieron de homenaje a personajes destacados de la historia nacional que decidieron adaptar sus nombres.

Tal es el caso de José Pedro Varela, el reformador de la educación en Uruguay, que en realidad se llamaba Pedro José Varela, pero decidió alterar el orden para diferenciarse de Pedro José Varela, presidente entre 1875 y 1876 tras un golpe de Estado contra José Ellauri. Estos Varela no tenían relación familiar.

El jefe de los Treinta y Tres Orientales, Juan Antonio Lavalleja, también cuenta con una curiosa historia en su nombre. El genealogista explicó que, por sus padres, en realidad él debió llamarse Juan Antonio Pérez de la Valleja. Sin embargo, adoptó un cambió en el apellido de su padre y lo convirtió en Lavalleja.

Historia parecida tiene el primer presidente de Uruguay, Fructuoso Rivera. Su padre se llamaba Pablo Perafán de Rivera y su hermano era Félix Perafán. Sin embargo, él adaptó el segundo apellido de su padre como el primero.

Julio Herrera y Obes -que cuenta con una calle en homenaje en pleno Centro de la capital- tiene dos cuestiones a analizar. Primero, que se llamaba Julián y no Julio. Segundo, él decidió tomar ambos apellidos de su padre, para conservar el prestigio del apellido Obes, una familia de estirpe patricia en la historia política y militar del Uruguay de esa época. Su nombre natural hubiera sido, entonces, Julián Herrera y Martínez.

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Finalmente, Alejo Rosell y Rius -que cuenta con una calle en Villa Dolores- era un reconocido empresario y filántropo oriental, hijo de Alejo de Ibaceta y de Esperanza Rius. Él decidió adoptar, como primer apellido, el del segundo marido de su madre, y no el de su padre.

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