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Las telenovelas insisten con la misma receta: un hombre adulto y rico conoce a una mujer joven y pobre. Se enamoran y —pese a la presión social— viven una relación tan romántica que no da lugar para roces ni diferendos. Pero la realidad no siempre coincide con la ficción. Un estudio poblacional reveló que uno de cada siete uruguayos pensó en poner fin a su relación de pareja en el último año, aunque le cueste admitirlo en público.

Como dice el dicho: “Los trapos sucios se lavan en casa”. Así titularon su estudio las investigadoras Natalia Carballo y Pamela Jiménez —ambas de la academia costarricense—, tras constatar que, en Uruguay, las parejas muestran en público un nivel de satisfacción que no condice con lo que sucede puertas adentro de su hogar.

En una escala del 0 al 10, en que 0 equivale a “nada satisfecho” y diez a “totalmente satisfecho”, ¿cuán satisfecho está con su relación de pareja? Ante esta pregunta que formuló la Encuesta de Género y Generaciones, la inmensa mayoría de los uruguayos que están en pareja respondió muy cerca del 10 (totalmente satisfecho). No importa si se trata de un baby boomer que nació tras las guerras mundiales o un joven milenial. El mandato social es claro: ¡hay que decir que uno está contento!

Pero cuando a esos mismos uruguayos en pareja se les pregunta sobre si pensaron en separarse, “los trapos sucios” empiezan a quedar al descubierto. Por ejemplo, la generación de los milenials (aquellos que nacieron entre 1981 y 1993), la quinta parte pensó en poner fin a su relación durante los últimos doce meses.

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Y es entonces que Carballo y Jiménez observaron un dato clave: “Las mujeres de todas las edades muestran un mayor interés o disposición a finalizar su relación de pareja”. ¿Por qué? ¿Es que ellas tienen un umbral de tolerancia más bajo? ¿O será que dentro del hogar ocurren —o no ocurren— cosas que están afectando más a ellas?

La vida en pareja cambió. En el mundo —sobre todo en ese mundo occidental— aumentaron las separaciones, crecieron las uniones libres de personas de distintos estratos, subieron las uniones civiles en detrimento del matrimonio religioso, la gente que se casa lo hace más tarde, tiene hijos —si es que tiene— más tarde, y, “lentamente”, las tareas no remuneradas del hogar empiezan a compartirse entre los integrantes.

“Lentamente”. Las mujeres en Uruguay siguen cargando con buena parte de la crianza infantil, con el cuidado de los adultos, con la limpieza del hogar (ella dedican casi dos tercios de su tiempo al trabajo no remunerado, mientras que sus pares varones solo un tercio). Y eso se traduce, según el estudio de Carballo y Jiménez, en que los mayores conflictos de pareja se están dando por la “falta de corresponsabilidad familiar”.

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El dinero no está entre los principales desacuerdos que enfrentan a las parejas uruguayas. Tampoco las amistades, la familia política, los chistes sobre los suegros, ni siquiera el tener hijos. Pero sí genera conflicto cómo se cría y quién se encarga de la crianza de esos hijos, el tiempo que se dedica a limpiar o cocinar, y, por transitiva, la escasez de tiempo de ocio. Las autoras lo definen como “la pobreza del tiempo de las mujeres”.

Que las mujeres de las generaciones más jóvenes “sean las que hayan pensado en finalizar su relación en mayor porcentaje que los hombres nos habla de un cambio generacional importante”. Y dado que las mujeres milenials “manifiestan mayores desacuerdos con la división de tareas en el hogar podemos estar ante la insatisfacción con normas sociales y culturales y el interés de no repetir los mismos patrones que generaciones previas”. Así lo concluye el estudio que forma parte de un libro que recopila investigaciones basadas en la Encuesta de Género y Generaciones.

¿Las mujeres jóvenes no quieren repetir la división de roles de las generaciones anteriores? Para eso faltan más estudios. También será necesaria otra investigación, dicen las autoras, para saber si el haber conocido a la pareja por internet la hace más endeble.

Siete de cada diez milenials encuestados está en pareja. El 13% de ellos conoció a su actual pareja a través de medios digitales o apps de citas. Entre los más veteranos, en cambio, menos del 1% conoció a su pareja por la red.

Los trapos, poco a poco, se van conociendo.

Aquí puede acceder al libro completo y la metodología del estudio.

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