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La feria San Miguel tiene una larga historia en el Paso Molino. Primero estuvo instalada en Avenida Agraciada a la altura de Juan Antonio Artigas, pero durante el gobierno municipal de Tabaré Vázquez fue trasladada a pocas cuadras, a la altura de la cabecera sur del viaducto, cerca del cruce con Marcelino Díaz y García.

En 2026 aún trabajan ocho de los vendedores que abrieron por primera vez las carpas el 7 de enero de 1993 en ese segundo lugar. Uno de ellos es Beto, que si bien ya tiene hace rato edad para retirarse, tiene que trabajar para “completar la jubilación mínima” que percibe. En diálogo con El Observador, cuenta que llegaron a ser 50 los puestos en la feria, pero que ahora son alrededor de 20.

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Las ventas no son buenas, apenas algunos transeúntes se asoman por los pasillos un lunes de fin de mes, aunque sea semana de cobro de aguinaldo. “Las ventas están como la popularidad de Orsi”, bromea otro vendedor de ropa sobre la caída en las encuestas de aprobación del presidente. Otro lamenta que no hay previsión de mejora y se alerta por la futura apertura del shopping Aventura en Sayago, que -en esto coinciden varios comerciantes- podría ser el golpe de gracia para este barrio.

Los pasillos del lugar, quizá por el poco movimiento o por tener techo de chapa, son especialmente fríos y, en buena parte, están descuidados. Aún asoman caños de las estructuras de carpas que existían hace mucho. Los probadores no invitan a cambiarse y el lugar no tiene baño, un largo reclamo de los comerciantes. Por años usaron los sanitarios del Bar de Vida, ubicado en frente, pero desde su cierre en febrero ya no tienen esa posibilidad. Algunos van a comercios vecinos.

Las bajas ventas -algo que se repite en otras ferias permanentes, como los Techitos Verdes y el Mercado Cordón- es reconocida por la Intendencia de Montevideo, que la semana pasada firmó una resolución para exonerar a los permisarios de pagar el canon, es decir, el alquiler del puesto, por un año.

“La Gerencia de Economía Local informa sobre la disminución en las ventas e ingresos de los comercios de la zona Paso Molino, en particular de los permisarios de la Feria Permanente San Miguel, debido a múltiples factores como el crecimiento de las grandes superficies, competencia desleal de venta ambulante y nuevas modalidades de comercialización online”, dice la resolución.

Desde la IM indicaron a El Observador que la exoneración del canon es “una medida de acompañamiento mientras la Intendencia lleva adelante un proceso participativo con las y los feriantes para definir la replanificación y el realojo de la feria”.

La comuna confía en construir “una propuesta que permita mejorar las condiciones de funcionamiento de la feria, contemplando tanto las necesidades de las personas feriantes como del entorno y de la ciudadanía”.

El traslado fallido

No es la primera vez que se busca relocalizar la feria San Miguel. En 2023 el traslado era “imprescindible para el avance de las obras del Ferrocarril Central”, según consta en una resolución de la IM.

Por eso se abrió una licitación para relocalizar los puestos unas cuadras más arriba, en el otro extremo del viaducto, pero no sobre la vereda, sino bajo el puente, donde estacionaban los autos.

La licitación fracasó y la IM resolvió en febrero de 2023 adjudicar de manera directa a la empresa Rucelook S.A. la construcción de los 26 puestos más un espacio con baños y garita de seguridad. Pagó $ 13.656.680, que equivale a US$ 360.334 con la cotización de ese momento.

Los puestos se construyeron e instalaron, pero algo falló: la seguridad vial. Están ubicados en medio de la avenida Agraciada y resultó imposible garantizar la seguridad de los trabajadores y clientes. “Venís con un botija y te pisa un ómnibus”, resumió un comerciante.

Así las cosas, nunca se ocuparon y las estructuras vacías continúan hasta hoy.

También tenían otro problema, que hacía que los feriantes no se quisieran mudar: el tamaño. “Son jaulas de leones”, describe un comerciante de la zona, en referencia a su pequeño tamaño. Según el pliego de licitación, tienen 1.81 metros de ancho y 2.27 de profundidad.

No fue el único gasto para estos puestos. La estructura cuenta con seguridad privada pagada por la IM. Por ejemplo, una resolución del año pasado otorga $334.953 a la empresa Cervini S.A. por la vigilancia del mes de julio.

Los comerciantes de las veredas del viaducto esperan ansiosos que retiren los contenedores. “Mató toda la zona”, dice un almacenero, mientras invita a mirar hacia los costados. Al no haber lugar para estacionar en el centro de la avenida, el movimiento escasea y las ventas de su local cayeron.

Alertados por este caso fallido, los feriantes ya planifican el posible realojo. Algunos de los feriantes tienen como objetivo mudarse temporalmente a la vereda de enfrente, como vendedores ambulantes, mientras se derrumban los puestos actuales y se construyen unos nuevos.

“Queremos un proyecto serio y concreto. No nos queremos ir de acá”, dice uno de ellos, mientras atiende a su primer cliente en un buen rato, un joven que pregunta a cuánto está la remera suplente de la selección y sigue caminando.

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