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¿Impulso a una zona decaída con una inversión millonaria y nuevos empleos o afectación a un ecosistema y más inundaciones? El proyecto para construir un barrio de alto nivel adquisitivo en la zona de Bañados de Carrasco divide las aguas y tendrá un punto de inflexión en las próximas semanas.

La Junta Departamental de Montevideo definirá, entre junio y julio, si decide “declarar de interés” la posibilidad de cambiar el tipo de suelo de las 228 hectáreas y, por tanto, habilitar la realización de un PAI Complementario, es decir, la serie de estudios ambientales y urbanísticos necesarios.

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Se trata del primero de los pasos necesarios. En caso que la mayoría de la Junta lo apruebe y los estudios demuestren su viabilidad, una mayoría especial del legislativo deberá volver a votar, esta vez para confirmar el cambio de tipo de suelo. Luego, finalmente, se deberá aprobar la realización del proyecto.

Este lunes se realizó la primera sesión de la comisión que analiza el tema en la Junta y fueron recibidos los vecinos de la zona y los académicos de la Universidad de la República (Udelar) que trabajan en la zona y están en contra del proyecto. En las próximas semanas comparecerán la desarrolladora inmobiliaria Bislun S.A. y la directora de Planificación de la comuna, María José Iglesias.

El proyecto

El predio está ubicado sobre el eje de la Avenida Punta de Rieles y Camino Dionisos. Enfrente tiene a la cárcel de Punta de Rieles, y a dos kilómetros, está la usina de Felipe Cardoso. Al norte está el barrio Punta de Rieles -rodeado por varios asentamientos, como el Nueva España y El Viñedo- y al sur el barrio San Nicolás y el asentamiento Santa Eugenia, entre otros.

En naranja, la zona que se urbanizaría de Bañados de Carrasco.

El Observador accedió a los tres informes técnicos presentados hasta el momento por el desarrollador inmobiliario para acceder al PAI Complementario, donde se presentan los detalles del proyecto.

En el último de ellos -de octubre de 2025- se detalló que el terreno total es de 228 hectáreas y no 226, como se propuso en primera instancia. El 55% del terreno se destinará para la construcción de unas 3.000 viviendas y comercios, mientras que el espacio restante será de “espacios comunes, lagunas y áreas naturales”.

Dentro de las áreas naturales se cuenta un “parque lineal” que separará el barrio del humedal.

La inversión total, indica el informe, se estima en US$ 1.248 millones en un plazo de 15 años, con la “participación de múltiples inversores”. Además, el desarrollador destaca que la recaudación fiscal sería de US$ 78 millones en IVA, US$ 16 millones en permisos de construcción durante la etapa de obras y US$ 20 millones anuales en Contribución Inmobiliaria una vez que esté instalado el barrio.

También se destaca la generación de 1.461 empleos directos anuales durante “los 15 años promedio de construcción, incluyendo profesionales, trabajadores de la construcción y empleados administrativos”. En cuanto a servicios y comercios una vez que el barrio esté asentado, el desarrollador estima que la “demanda permanente de trabajadores será de al menos 2.700”.

“El proyecto urbanístico es una oportunidad única para dinamizar la economía local y regional mediante una inversión sostenible y socialmente responsable”, enfatizaron los impulsores.

Habrá varios tipos de viviendas: algunos edificios bajos, casas “agrupadas”, viviendas separadas y otras del estilo de chacras. Cuanto más cercanas al humedal, menos densidad de personas.

En el barrio -que no será privado, dado que en Montevideo no están permitidos- también se prevé construir un centro cultural, un “centro cívico”, espacios deportivos, numerosos comercios, un colegio, una iglesia y un observatorio.

Los cuestionamientos

Marcelo Pérez, doctor en Estudios Urbanos y coordinador del Programa Integral Metropolitano (PIM) de la Udelar ubicado en la región noreste de la capital, identifica “varios problemas” al proyecto.

“El proyecto es una locura en tamaño: en hectáreas, es el doble de la Ciudad Vieja. Es como si instalaras dos Ciudad Vieja en un bañado”, introdujo en entrevista con El Observador.

En primer lugar, Pérez se enfocó en la cuestión ambiental: “Hay varios estudios que muestran el valor que tienen los humedales y como, a medida que se urbanizan, se pierden o se ven afectadas las funciones. Si pensás en gran precipitación, no es lo mismo una cuenca o un humedal que trabaja de forma natural, haciendo de esponja, chupándose agua y tratando de que se devuelva lo menos posible a que si vos la tenés urbanizada. El agua corre y se inunda en mayor cantidad. Hay más caudal y menos control”.

La urbanización estaría ubicada en la zona media de la cuenca del arroyo Carrasco, cercana al arroyo Manga. Para Pérez, la principal afectación en cuanto a las inundaciones estaría para la zona baja de la cuenca, sobre Camino Carrasco y Paso Carrasco.

En segundo lugar, el docente universitario apuntó que la urbanización afectaría directamente la preservación de la fauna y flora del lugar. “Hay especies que viven en un hábitat de pajonal, no de urbanización. Los animales se van yendo, se van corriendo. Se han registrado al menos 83 especies de aves, eso no va a seguir, no es posible".

Consultado sobre si la construcción del parque lineal mitigaría el efecto, consideró que puede “contribuir a lo que hay”, pero solo parcialmente: “Vos resolvés el área que intervenís, pero podés generar peores efectos en el área que no intervenís”.

“Solo va a atender a un sector de la cuenca. Después vas a tener que mitigar los impactos que genera la urbanización. Si el agua corre más rápido para Camino Carrasco, ¿Pensás que el privado va a hacerse cargo de lo que pase con Paso Carrasco?”, se preguntó Pérez, que fue una de las cinco personas que comparecieron ante la Junta Departamental para expresar su postura contraria.

Vecinos y colectivos de la zona de Bañados de Carrasco manifestándose durante la comparecencia ante la Junta Departamental

También estuvo presente Luz Cortez, vecina del asentamiento Nueva España que contó a El Observador que en su barrio las inundaciones ya son moneda corriente. “Acá cuando hay un temporal grande hay que empezar a sacar las cosas porque se viene el agua y no queremos que se estropeen. En nuestro barrio sucede, que es un barrio de una zona baja. Venimos reclamando hace tiempo los servicios para el barrio y de repente aparece este proyecto de un día para el otro que no le da respuesta a la realidad que está viviendo el barrio”, cuestionó.

Además, cuestionó que, se los "dejó afuera de la discusión" y que, al instalarse “personas de alto nivel adquisitivo”, se terminaría generando una "gentrificación" de la zona, que podría desencadenar en el encarecimiento del costo de vida del lugar.

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