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Embed - El día que José Batlle y Ordóñez mató a un rival en un duelo | MEMORIA CRIMINAL

La mañana del 2 de abril de 1920 quedó marcada como uno de los episodios más singulares y violentos de la historia política uruguaya. En la cancha del Parque Central, en Montevideo, un duelo a pistola terminó con la muerte de un diputado en ejercicio y puso en evidencia una época en la que las disputas públicas podían resolverse con armas. El caso es revisitado por "Memoria Criminal", el ciclo de El Observador que reconstruye los episodios policiales más impactantes del país.

Ese día, bajo la lluvia, el expresidente José Batlle y Ordóñez aguardaba a su contrincante en el campo de juego. Del otro lado estaba Washington Beltrán, un joven diputado del Partido Nacional de 35 años, que comenzaba a ganar protagonismo en la escena política.

El enfrentamiento no había sido casual ni espontáneo. Tenía un origen claro: una editorial publicada el día anterior.

Un artículo que desató el duelo

El 1° de abril de 1920, el diario El País —del que Beltrán era copropietario— publicó un artículo titulado “¡Qué tupé!”, en el que acusaba a Batlle de corrupción y de manipular elecciones.

En un contexto político donde el honor tenía un peso determinante, la publicación fue interpretada como una agresión directa.

Batlle, sintiéndose atacado, reaccionó de inmediato y envió a sus padrinos para formalizar el duelo. La confrontación quedó sellada en pocas horas.

Ambos contendientes se ubicaron a 25 pasos de distancia. En el primer intercambio, los disparos no dieron en el blanco.

Las armas utilizadas —pistolas de avancarga— eran modelos antiguos que, en teoría, reducían la precisión y buscaban evitar consecuencias fatales. Sin embargo, el segundo disparo cambió el curso del enfrentamiento.

Batlle y Ordóñez, de 63 años y con experiencia en este tipo de enfrentamientos, acertó un tiro que atravesó el tórax de Beltrán. El diputado murió prácticamente en el acto.

Una práctica habitual en la política de la época

El duelo no fue un hecho aislado, sino parte de una cultura política en la que las disputas públicas, incluso las surgidas en la prensa, podían escalar hasta enfrentamientos armados.

El propio Batlle había participado en otros dos duelos en menos de un año, lo que da cuenta de una práctica extendida en determinados círculos de poder. Tras la muerte de Beltrán, Batlle y Ordóñez juró no volver a batirse a duelo.

El episodio dejó una marca en la historia política del país: no solo por la muerte de un dirigente en ascenso, sino porque simbolizó el cierre de una etapa en la que el honor se defendía con la vida.

Más de un siglo después, el duelo en el Parque Central sigue siendo recordado como uno de los hechos más impactantes de la historia política uruguaya, en un tiempo donde las palabras podían tener consecuencias irreversibles.

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