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Está claro que si algo no le falta a Tabaré Vázquez para ejercer el cargo es oficio. Se trata de un hombre que asumió como primer presidente de izquierda en la historia del país en 2005, cuando la sociedad salía de una de las peores crisis económicas y sociales de la que haya recuerdo. Pero también está claro que los equipos que armó ese año y el que eligió para su segundo período, 10 años después, son bien distintos. A nivel de gabinete, para su primera administración apeló a los caciques del Frente Amplio, en tanto que este año arrancó su segundo período con un consejo de ministros hecho a su medida, con gente de confianza y que incluso no tenían perfil previo en sus áreas, como María Julia Muñoz en educación y Rodolfo Nin en cancillería.

Hasta aquí lo sabido y analizado en profundidad por expertos. Sin embargo el cambio también se ha notado en el círculo más cercano de asesores. Ese grupo de personas que están próximos al presidente, que lo escuchan, a quienes consulta y le sirven para recibir la primera impresión de sus ideas o decisiones. Hace diez años tenía a pocos metros de su despacho en Torre Ejecutiva a Gonzalo Ferández (secretario de la Presidencia 2005-2008), un abogado socialista de primera categoría que manejaba las mañas políticas y era capaz de tejer a todo nivel con tal de cumplir su misión. También lo rodeaba su hermano, Jorge Vázquez (prosecretario de la Presidencia 2005-2010), un hombre de su total confianza que tampoco es ajeno a los códigos políticos y los vaivenes de la escena local. Ahora, Vázquez eligió a Miguel Toma como secretario y a Juan Andrés Roballo como prosecretario. El primero es un abogado muy calificado que no tiene origen político de izquierda, y que se muestra alejado del diálogo con los partidos, al menos a nivel público. El segundo es un abogado joven que fue diputado moderado del FA y luego parte del staff del Ministerio de Trabajo.

De la comparación rápida surge que el presidente se rodea de gente con perfil distinto a la hora de parar la oreja y recibir consejo.

Cuando al mandatario le preguntaron en el semanario Voces a quién dirigía la primera consulta para tomar decisiones, respondió: "Con mi hermano seguimos hablando", en alusión a Jorge Vázquez. Días después, sin embargo, al ser entrevistado en El Observador TV, el hermano del presidente relativizó ese vínculo. "Sí, hablamos. No con la frecuencia que hablábamos antes, porque era prosecretario y tenía el despacho en frente. Pero de vez en cuando hablamos", respondió quien ahora se desempeña como subsecretario de Interior.

Otro de los hombres señalados como confidente de Vázquez es Juan Salgado, presidente de la empresa privada de transporte Cutcsa. A él, el presidente lo nombró asesor honorario de Presidencia. En una entrevista con El País publicada el domingo 29 de noviembre le preguntaron de su vínculo con Vázquez, y este fue parte del intercambio:

-Dicen que usted es el hombre al que el presidente Vázquez más escucha.

-Hay todo un mito alrededor de eso. Somos amigos. Soy amigo de la familia de él, y él es amigo de mi familia.

-Pero usted es asesor presidencial.

-Sí, pero eso es solo un nombramiento. En realidad no cambia nada lo que hemos venido construyendo juntos.

-¿En qué temas lo asesora?

-Charlamos de todo. Charlamos de la vida.

Luego, en ese mismo reportaje, Salgado cuenta que no tiene despacho en Torre Ejecutiva, y asegura haber ido a la sede de Presidencia una sola vez desde marzo, a tomar un café con Toma.

El lunes, al visitar la sede del Frente Amplio para mantener una reunión con el Secretariado Ejecutivo de la coalición de izquierda, el mandatario llevó un documento en power point para mostrar estadísticas de sus primeros nueve meses de gobierno. Allí, indica el detalle de cada una de las reuniones de consejo de ministros, las audiencias que mantuvo con organismos públicos, privados y particulares. También repasa cuántas leyes envió al Parlamento y la aprobación que recibieron hasta el momento. Fue una especie de rendición de cuentas donde intentó mostrar que este primer tramo de administración no pasó en vano, cuando las encuestas marcan que su popularidad cayó a niveles que no lo tenían acostumbrado.

¿Se habrá sentido el presidente en la necesidad de mostrar lo que hizo y no hizo en este tiempo?

Vázquez cierra un año que fue más complicado de lo que cualquiera hubiera imaginado. Tuvo que administrar muchas crisis, alguna de las cuales dejaron llagas abiertas, como la educativa.

Hay quienes afirman que el gabinete y los ministros son los fusibles cuando la cosa no funciona, y que por eso el presidente debería realizar ajustes en 2016. Así lo planteó por ejemplo la senadora Constanza Moreira en una entrevista publicada el viernes en el semanario Brecha.

Sea como fuere, y haya o no habido luna de miel, con diciembre a Vázquez se le esfuman los primeros 10 meses de los 60 que tiene para cumplir como presidente, y es él quien tiene el sartén por el mango.

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