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Capital internacional de la danza, ciudad de las flores, de las bicicletas o el Manchester de Santa Catarina. Como se la quiera llamar, Joinville, en Brasil, apuesta a pasar de ser reconocida como la mayor ciudad industrial de ese estado, a un punto turístico donde la cultura se mezcle con el campo y la historia.
Desde sus inicios, a mediados del siglo XIX, Joinville fue pensada como una ciudad industrial. No en vano es el polo tecnológico, económico e industrial más importante de Santa Cantarina. En total, posee 1.800 industrias y 15.500 comercios y es la sexta ciudad que tuvo mayor crecimiento en Brasil en los últimos 10 años.
Sin embargo, ser un polo fabril no conformaba a los joinvillenses. Una vez desarrolladas las industrias metalúrgica, del plástico, de la madera textil y hasta del tabaco, el objetivo fue posicionarse a nivel turístico en Brasil y en la región.
A pesar de tener paisajes rurales que permiten explotar el turismo rural, en Joinville prima el sector de eventos, especialmente por dos festivales que atraen más de 200 mil personas por año. A mediados de julio, y desde hace 33 años, la ciudad entera se calza las zapatillas de baile durante el Festival de Danza de Joinville, que desde 2005 es considerado por el libro de los récords Guinness como el más grande del mundo.
En noviembre se realiza el Festival de las Flores, donde productores y aficionados de diferentes partes del mundo visitan Joinville para ver exposiciones de, por ejemplo, más de 5.000 orquídeas.
Según el presidente de Embratur (Instituto de Turismo de Brasil), Vinicius Lummertz, Joinville ya se ha posicionado como un destino turístico para los brasileros, pero ahora se concentra en crecer hacia el exterior. "Una ciudad comienza a crecer turísticamente en un radio de 200 kilómetros. Luego se va expandiendo", dijo.

La danza como marca

El desafío de Joinville consistió en transformar una ciudad meramente industrial en una de servicios, que ofreciera atracciones a visitantes con diferentes gustos. La mejor forma de comenzar era con lo que venían haciendo desde sus comienzos: desarrollar la industria. Fue así como lograron posicionar al turismo industrial como una opción para los viajeros locales o internacionales.
En sus inicios, el Festival de Danza se realizaba en un gimnasio. Pero a medida que pasaban que los años, crecía en número de presentaciones, participantes y espectadores.
Hasta que en 1998, el alcalde de ese momento –firme impulsor de la cultura– decidió construir el centro de eventos de la ciudad, que cuenta con un teatro para 500 personas y una sala principal para 5.000. Dos años después, la danza se consolidó como una de las marcas principales de la ciudad de Santa Catalina.
La escuela de ballet rusa Bolshoi estaba interesada en que otro país replicara su experiencia. Entre idas y venidas, Joinville se transformó en la primera y única ciudad del mundo que tiene una sede del Bolshoi. "Pasó a ser una marca y es el soporte de la ciudad", afirmó el presidente del instituto de turismo.
El turismo de eventos crece cada vez más en Brasil. Lummertz explicó que en los últimos años presenta un crecimiento de entre 15% y 20% anual y el país se ubica en el décimo puesto en el mundo.
Joinville apuesta a seguir explotando eventos como el Festival de Danza y que los turistas no asocien Santa Catarina solo con Florianópolis y sus playas.
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