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¿Qué habrá sido de los botijas que integraban la generación del cemento de contacto?

Uruguay hace 23 años, sin pasta base, sin sicarios, sin Bonomi, pero nauseabundo de violencia

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05 de diciembre de 2018 a las 11:42

Hace 23 años, en 1995, yo cubría Casa de Gobierno para el semanario Búsqueda, pero hacía tiempo que había comenzado a salir del trillo político para hacer fuentes en la Policía y conocer gente vinculada de la seguridad pública. Más allá de las estadísticas (por entonces había menos de 6.000 rapiñas), la realidad social de algunas zonas hacía advertir un futuro poco venturoso. Una semana de hace 23 años visité durante varios días a Cerro Norte, porque en ese momento era señalado como el barrio más complicado.

Hace 23 años, el gobierno colorado ya le había pasado la posta al nacionalista y este se lo había devuelto al Partido Colorado. Faltaban 10 años para que la izquierda accediera al gobierno, Eduardo Bonomi no era más que un ex preso político y recién un lustro después, durante el gobierno de Jorge Batlle, entraría la pasta base de cocaína. Por entonces el paco estaba a la sombra de la droga del momento: el cemento de contacto. De hecho, trabajadores sociales hablaban de la generación del cemento. Nadie hablaba de sicarios, pero estaba lleno de menores con tres, cuatro homicidios.

Algunos siguieron matando en la cárcel, a unos les tocó morir jóvenes y a otros les perdí la pista. En momentos en que las fórmulas mágicas para combatir la inseguridad sonarán fuerte en campaña electoral, reproduzco íntegro con autorización del semanario, aquel informe que escribí para Búsqueda, hace 23 años:

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Haití, Santín Carlos Rossi, Puerto Rico y Santa Cruz de la Sierra son cuatro calles como otras tantas de la Villa del Cerro, pero se han transformado hoy en la frontera que encierra un gueto. La pobreza y la violencia campean dentro de esos límites donde hace 20 años fueron inauguradas 860 viviendas de dos complejos habitacionales. Entre los gastados blocks de dos plantas, la escena se repite cada día: los niños están por todas partes y hacen sentir su peso las “barras” de adolescentes y jóvenes que beben abundante alcohol en recipientes de plástico, fuman marihuana en pipas e inhalan cemento en bolsas de nylon. Aunque considera que se ha convertido en una guarida de delincuentes, la Policía evita entrar y cuando lo hace –para algún allanamiento o reconstruir un homicidio– va en comandos y armada a guerra. Pero algunos profesionales que trabajan en el área social siguen cruzando la línea. El jueves 9, mientras caminaba entre niños de humilde vestir, esquivaba pequeños basurales y charcos malolientes, y evitaba los agrupamientos de muchachos, una asistente social comentó a Búsqueda: “A esta hora se puede transitar; en un rato más, ya no”. Eran las 12 del mediodía en Cerro Norte.

El más pesado

La calle Rio de Janeiro separa los complejos 19 de Abril y 19 de Junio, formados por blocks de dos plantas, con cuatro viviendas cada uno, separados por estrechos pasajes –que ya son leyenda en la zona– y pequeños jardines en los que ahora pululan las construcciones precarias, porque la familia creció demasiado o porque el lugar fue cedido o vendido a nuevos habitantes. 

En el lugar, ubicado a medio camino entre la falda del Cerro y los accesos a Montevideo, viven unas 5 mil personas según el último censo, una cifra que cuestionan quienes conocen la “importante población flotante” que tiene el barrio.

En algunas esquinas, volquetas desbordan basura que se esparce entre las viviendas. Algunos pagan luz y otros la roban. Algunos dicen pagar un alquiler simbólico al Banco Hipotecario, otros nunca pagaron nada y hay quienes vendieron la vivienda y se fueron a vivir en ranchos que construyeron en los alrededores del barrio. Los cantegriles y barrios de viviendas precarias surgen como hongos en la zona.

El comisario de la Seccional 24, Juan Carlos Noble, advirtió que un cantegril en formación en las faldas del Cerro ya se vislumbra como un nuevo escondite para delincuentes.

La Policía aseguró que otros barrios de Montevideo van por el mismo camino pero que, entre ellos, Cerro Norte es el más “pesado”.

“Un error”

Todo anduvo mal desde un comienzo. El Cerro, un barrio de extracción obrera, vio un día de hace 20 años cómo la primera dama Josefina Herrán Puig de Bordaberry inauguraba un complejo habitacional en la zona norte de la villa, donde el gobierno ubicó trabajadores sin vivienda pero también habitantes del conventillo Medio Mundo y marginales sin techo que estaban en el corralón municipal. 

“Arrancaban las puertas y las ventanas para hacer leña”, es uno de los comentarios que aún hoy se recuerda sobre parte de aquella experiencia de “erradicación de cantegriles”.

“El mejor poto de mi vida lo vi plantado en un wáter de Cerro Norte”, dijo una profesional que trabajó en la zona.

Juntar en un mismo lugar a sectores marginales de “escaso nivel educativo, fue un error”, a juicio de Mariana Pebaque, una asistente social del Centro de Salud del Cerro.

Palpando el rechazo que provocó la creación de Cerro Norte, una investigación realizada en 1994 por el Ciclo Básico de Medicina lo calificó como “un barrio artificial”, ya que la gente que lo habita “fue puesta allí contra su voluntad y la de las personas que ya habitaban la zona o los alrededores”.

Pero las cosas no siempre han ido igual en Cerro Norte. “Hasta 1985 yo le puedo asegurar que era distinto, había peleas sí y ese tipo de cosas pero no había armas ni drogas como hay ahora”, se lamentó una mujer que vivió más de 10 años en el lugar antes de mudarse. “La cosa se empezó a complicar en el ’85 cuando soltaron a los presos porque muchos se fueron a vivir ahí”, añadió, aludiendo a la amnistía que el Parlamento votó ese año para los presos comunes.

El inspector principal Ricardo Bernal, director de la Dirección de Seguridad de la Jefatura de Policía de Montevideo, avala las palabras de la mujer: “Ahora es muy difícil para la Policía hacer operaciones, se está tornando un lugar impenetrable, pero hace un tiempo no era tan así”.

“Es un barrio que tiene problemas que van creciendo y se van extendiendo a otras zonas del Cerro. En principio, en Cerro Norte había personas de distinta condición pero se ha ido convirtiendo en un refugio de delincuentes”, agregó el oficial.

¿Líbano?

En estos 20 años sus habitantes fueron protagonistas de un proceso de marginalización que hizo de Cerro Norte un barrio difícil hasta para nacer. A 20 minutos en auto del Centro de Montevideo, quienes allí nacen tienen tantas probabilidades de morir en el parto o en el año siguiente a él como la tienen los niños del Líbano o de Moldavia, es decir en el entorno de 30 muertes cada mil nacimientos. 

Uruguay exhibe internacionalmente una tasa de mortalidad infantil de 19,8 por mil nacidos, pero ese guarismo se alcanza promediando el 13 por mil que se constata en la salud privada y el 29,2 por mil de la salud pública, según las últimas cifras del gobierno, que pueden variar cuando en los próximos días se conozcan nuevos estudios.

A pesar de ello, en Cerro Norte, ubicado en el área geográfica del departamento donde más del 35% de los hogares tiene sus necesidades básicas insatisfechas (NBI), los bebés nacen sin cesar y muchas niñas los cargan como si fueran muñecos. Un trabajo del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y del Fortalecimiento del Área Social (FAS) reveló que 20% de los hogares de menores ingresos aglutina al 42% de todos los niños uruguayos.

En el Centro de Salud del Cerro ya no sorprenden las madres que van por su décimo embarazo ni la gravidez en niñas de 12 años. “Pasan de la infancia a la maternidad”, comentó el director del centro, el doctor Federico Cardozo.

Una escuela especial

No parece haber relación entre la cantidad de niños que se ven en las calles de Cerro Norte y los 410 que asisten a la escuela número 271 Ana Frank, ubicada dentro mismo del predio de las viviendas y donde, además, funciona un comedor. Encariñada con la escuela y con sus niños, su directora, Teresita Francia, explicó que hay escolares que viven en Cerro Norte pero que asisten a otras dos escuelas que están en la zona. Cuando detecta alguna deserción entre los inscriptos, la denuncia.

Pero la investigación realizada por los estudiantes de Medicina en el ’94 dijo que mientras otras escuelas del barrio estaban “superpobladas” no ocurría lo mismo con la Ana Frank, por la sencilla razón de que ningún padre quiere mandar a sus hijos a un centro de enseñanza que tiene custodia policial en forma permanente.

La educadora admitió que Cerro Norte tiene sobre sí “un estigma que se extiende a la escuela” y advirtió que el lugar está adquiriendo características de gueto.

“¿Quién quiere entrar a Cerro Norte? ¿Quién viene de visita o a pasear? Los que están acá, ¿cómo hacen para salir si no consiguen trabajo y si muchas veces cuando los van a buscar tienen que ocultar su verdadera dirección porque, si no, no los aceptan?”

Notoriamente uno de los “extraños” más respetados dentro de Cerro Norte, la directora de la escuela señaló que a pesar de todo “hay 22 maestros en los dos turnos de la escuela que están comprometidos con la educación y que cada año optan por volver aquí”.

Actualmente hay 90 niños en primer año, 45 en sexto y el promedio de egresos en ese nivel es de 50 alumnos por año. Según la investigación de los estudiantes de Medicina, el nivel de repetición es de 50%, aunque educadores que trabajan en el lugar dicen que las estadísticas en una escuela de estas características deben ser evaluadas con parámetros distintos a los tradicionales. 

Una encuesta demostró que 4,25% de los mayores de 10 años no sabe leer, que 23,8% de los mayores de 12 años no completó la primaria y que 50% tiene dificultades para comprender una lectura.

En la escuela “existe un grave clima de agresión, donde el niño reproduce e imita impresiones del pasado proveniente de su núcleo familiar”, añadió el informe y señaló que estos niños integran un grupo de “riesgo” cuya “proyección de futuro no (es) muy estimulante”.

La generación del cemento

 De mantenerse algunos indicadores sociales surgidos del censo de 1985, cuando la mayoría de estos niños sea adolescente pasará a engrosar las “barras de la esquina”, toda una institución en Cerro Norte.

Los últimos datos oficiales mostraron que más de 50% de los jóvenes que vive en esas zonas está inactivo y no asiste a clase, es decir, no hace nada. 

Un número no determinado pero muy importante de adolescentes y jóvenes de Cerro Norte se droga, algunos desde muy temprana edad. Hay testimonios que dan cuenta de drogadictos terminales de 17 años de edad y algunos trabajadores sociales hablan ya de “la generación del pegamento”, jóvenes criados sin hábitos de trabajo que han inhalado cemento de contacto por años. 

La droga más consumida parece ser el alcohol. “A las 11 (de la mañana) se levantan y para eso de las dos de la tarde reenganchan con el alcohol del día anterior y la cosa se empieza a complicar”, dijo una asistente social que trabaja en el lugar.

Se consume cocaína y marihuana, en este caso con menor inhibición y a veces en las esquinas. Algunas asistentes sociales y educadoras dijeron a Búsqueda que algunos jóvenes aseguran que también ha circulado “crack” por Cerro Norte. Conocida como “la droga de los pobres”, el crack, piedras a base de cocaína que se fuman, hace estragos en los barrios bajos de los Estados Unidos.

Pero la droga más tradicional entre los adolescentes de Cerro Norte es el cemento de contacto. Un pomo cuesta 10 pesos y una lata de cuarto quilo 18 pesos. Algunos lo inhalan desde los 11 años, y antes también.

“Están todo el día con eso; uno los ve (inhalando) de las bolsas. Un muchacho que estaba siempre en una esquina y que consume cemento desde chico, ahora está como loco, habla solo, es espantoso”, comentó una ex vecina de Cerro Norte que prefirió no dar su nombre.

Relató que una familia conocida suya “está desesperada por sacar de la droga” a uno de sus integrantes, un joven de 15 años que hace tiempo inhala cemento. “No tienen a dónde llevarlo, porque en el Iname (Instituto Nacional del Menor) le dicen que de ahí se va a escapar. Depende de eso, no come, y cada vez que consume (cemento) queda hecho una piltrafa.”

Un especialista explicó que inhalar cemento puede provocar una polineuropatía que afecta los nervios periféricos, luego puede afectar el sistema nervioso central y provocar daño neuronal.

“Yo estuve cuatro años consumiendo cemento casi todos los días. Alucinaba. (...) Te quema los pulmones. Cuando dejaba de consumir me dolían todos los huesos”, dijo un muchacho de 20 años que recibió a Búsqueda en su vivienda de Cerro Norte.

“Ahora el barrio está más tranquilo pero lo que pasa es que no hay trabajo. Yo quiero trabajar pero no consigo. A veces nos juntamos y tratamos de conseguir algo para los gurises, porque hay mucha miseria. (...) A veces pasa que algún botija --¡son todos buenos botijas, eh!-- se vuela la cabeza (con cemento) y sale y...algo hay que hacer”, añadió.

El comisario Noble dijo que “a veces” concurren a la zona miembros de la junta antidrogas pero que, según se le ha informado, en Cerro Norte el tráfico “es pequeño” comparado con el de la zona costera, donde las autoridades han decidido enfocar su accionar.

l Dueños de la calle. Algunas escenas que se ven en el lugar parecen salidas de una película sobre el Bronx de Nueva York: el alcohol circula a raudales, enormes radiograbadores sonando, casi no se ven adultos y los jóvenes ganan la calle cobrando peaje “para el vino” a los extraños que se atreven a circular por allí.

Una persona que vivió en Cerro Norte, y que pidió mantener el anonimato, comentó: “Yo me fui hace años y todos eran chiquilines divinos; ahora, cada vez que regreso no lo puedo creer cuando los veo. Nunca pensé que pudieran ser tan agresivos. A ‘El Romi’ lo conocí desde chico; era un gurí bárbaro, empezó a consumir cemento y quedó así”, dijo, aludiendo al menor de 17 años que ya tenía un antecedente por homicidio y 10 anotaciones en la Policía cuando meses atrás protagonizó dos sangrientas rapiñas en las que murieron tres personas.

Una vecina del lugar sostuvo que las madres de esos jóvenes “saben que están en eso y que roban pero, ¿qué van a hacer? Si los internan se escapan y vuelven. Entonces los dejan y cada tanto los muchachos hacen alguna salida y le traen aunque sea 100 pesos para la comida”.

Cono Cardozo, comisario de Menores, opinó que “cuando se da a conocer el apodo de un menor infractor se lo mitifica y otros menores tratan de imitarlo o de unirse a su banda. Si decimos que es muy peligroso, que puede cometer homicidios, se lo endiosa y otros creen que hay que hacerlo como él, porque eso es algo importante”.

“Pero son pobres tipos --reflexionó Cardozo-- y la gran mayoría son analfabetos Si quisiéramos, aquí, en la Comisaría, podríamos engañarlos, porque no saben defender sus derechos, no los conocen. Podríamos estafarlos con sus pertenencias o con sus declaraciones porque no saben leer. Algunos inhalan cemento de contacto desde pequeños y con ellos cuesta mucho, ya no razonar, sino conversar sobre algo.”

Embert Martínez, secretario de la Junta Local del Cerro, afirmó que dentro de esas “barras, los jóvenes funcionan con sus propios códigos y, ante la falta de referentes, tienen hacia ellas un sentido de pertenencia muy grande”.

El dirigente comunal dijo que en esa zona era muy fuerte la presencia del Partido Comunista como factor aglutinador de la acción barrial, pero ahora decayó. Datos de la Corte Electoral sobre las últimas elecciones muestran sin embargo que en los circuitos de la zona norte del Cerro la izquierda sigue siendo un bastión y que allí el Encuentro Progresista tuvo 8.190 votos, el Partido Colorado 3.744, el Partido Nacional 2.424 y el Nuevo Espacio 893.

El más difícil

 La Policía brindó estos datos sobre la delincuencia registrada en los barrios desde el 1º de enero al 30 de abril de este año: procesados, 571 en todo Montevideo (28 vivían en el Cerro), menores internados 118 (10), rapiñas 1.324 (cometidas en el Cerro 64), hurtos 10.284 (189), heridos de bala 167 (10), heridos de arma blanca 50 (5), violaciones 54 (2) y homicidios 26 (1).

Si bien la mayoría de los delitos cometidos en el Cerro lo fueron en Cerro Norte estas cifras no revelan la realidad delictiva de esa zona señalada por el inspector Bernal como “el punto más difícil de Montevideo”.

Ocurre que la mayoría de los delitos cometidos en Cerro Norte no se denuncian por temor a represalias (según la Policía), por una solidaridad que allí funciona de una manera muy particular (según sociólogos) o para evitar que la Policía entre y haga peor las cosas (según vecinos del barrio).

“‘Me sentí herido’, te dicen, pero no acusan a nadie”, señaló el comisario Noble quien recuerda aún cómo hace unos meses sus policías vivieron momentos de zozobra cuando en medio de un operativo en Cerro Norte cientos de vecinos los apedrearon e incluso los balearon. Una de sus unidades también fue baleada hace más de un mes junto a una ambulancia del Servicio de Emergencia Médico Móvil (SEMM), que resolvió no entrar más a la zona.

Para ingresar a Cerro Norte, la Policía manda al Grupo Especial de Operaciones (GEO) que actúa en comandos de 15 hombres. Vecinos del barrio acusaron a algunos policías de cometer atropellos en el lugar y de balear a menores que estaban en la calle pero que no estaban armados.

Bernal, que por su cargo en la Policía conoce detalladamente la realidad en los barrios más conflictivos, dijo que Cerro Norte sufrió “un proceso de marginalización muy grande que no se detiene y que se va incrementando. Tenemos temor de que eso se convierta en un gueto de delincuentes, como le está pasando a otras zonas de la ciudad”, entre las que mencionó los barrios Borro y Cuarenta Semanas.

Para algunos técnicos, como el psicólogo social Antonio Pérez García, en esos lugares está surgiendo “una subcultura diferente dentro de la sociedad (...) cuya característica es no pertenecer al sistema normal. Esa gente vive en medios donde el desarraigo y la pérdida de valores tradicionales crea otros sistemas de valores que sirven a esos sectores para sobrevivir pero que entran en contradicción con el resto de la sociedad”.

Todos lanzan oscuros augurios sobre el futuro si no hay cambios en esos lugares. Una asistente social del Centro de Salud del Cerro dijo que “las generaciones que vienen (en Cerro Norte) tendrán un nivel educacional más bajo y serán más agresivas que las actuales”.

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