25 de junio de 2011 19:57 hs

¿Cómo observa la relación del Frente Amplio con el gobierno?
Nadie duda de que el Frente Amplio necesita una renovación. No podemos continuar actuando con la misma estructura que tuvo el Frente Amplio para ejercer el rol de oposición. Transitar de la oposición al oficialismo constituye una transformación que debe verse expresada en una nueva orgánica que dé cabida a múltiples expresiones que hoy no están incluidas. O hay renovación o el Frente Amplio terminará, como fuerza política, en algo bastante testimonial que a lo sumo ejercerá un rol de contralor de la gestión del gobierno, pero sin capacidad de iniciativa política y, por tanto, comenzará a reducirse a su mínima expresión.

¿Qué deberá hacer la izquierda para cambiar?
Hay que encontrar un mecanismo, por ejemplo, para que se expresen las redes sociales. Son necesarios los debates a través de las nuevas formas de comunicación y que esto luego tenga una instancia presencial que valide las decisiones. También tiene que haber necesariamente un proceso de renovación de figuras en el Frente Amplio. Lo otro que parece claro es que no existen en la izquierda 30 y pico de grupos de expresiones ideológicas diferentes. A lo sumo habrá tres, cuatro, cinco, seis expresiones. Hay que acelerar un proceso que permita ir generando instancias en las que se vayan juntando distintas organizaciones políticas. De la misma manera que algunos critican que las estructuras de base están vaciadas, está claro que, del otro lado, las estructuras de los grupos también. Hay grupos sin sustento o con escasa representación en la gente. Hay que incentivar la generación de estructuras sectoriales que conjuguen grupos que solo se explican, en muchos casos, por la necesaria expresión electoral que luego hay que tener.

¿La Vertiente está dispuesta a dar ese paso?
En la Vertiente hay una voluntad de caminar en un proceso de acercamiento con sectores del Frente Amplio con los cuales hemos tenido coincidencias. Hay que promover esos procesos. Me parece que fuera del espacio tradicional de los dos partidos históricos de la izquierda, el Partido Comunista y el Partido Socialista, y los otros dos grandes grupos, el Frente Líber Seregni y el MPP, existe una corriente de sectores que han logrado construir cierta identidad a lo largo del tiempo y que pueden trabajar para construir un escenario destinado a generar nuevos equilibrios en el Frente Amplio.

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¿Cómo ve el rol de la fuerza política en relación con el gobierno?
Tengo la percepción de que la fuerza política tiene una intrínseca dificultad para seguir la gestión del gobierno porque los tiempos son distintos.
El primer reflejo de la fuerza política no es la defensa de la gestión del gobierno. En general es necesario convencer más que sentir un reflejo natural en las posiciones.
Eso refleja la historia del Frente.
Yo no creo en los respaldos incondicionales, pero lo cierto es que la fuerza política no logra difundir lo que hace el gobierno.

¿Siente que hay una oposición interna?
La fuerza política no difunde la gestión del gobierno aun en los temas que son unánimes. Los temas de consenso no son de agenda; la agenda se construye a través de los disensos.
Es algo así como decir: “Lo que está bien, está bien. Centro mis baterías en lo que tengo diferencias”. Lo que me parece clave es recuperar lo que ha sido una seña de identidad del Frente Amplio. Siempre hubo disensos y está bien; el problema es cómo se resuelven. Hemos atravesado por una de las experiencias más traumáticas que ha vivido la izquierda en los últimos años: la ruptura de la unidad de acción. Aquí lo que hay que restablecer es la regla de oro: se discute hasta que se resuelve y el mandato es para todos.
Esto permitió acumular fuerzas y acceder al gobierno. Hay que recuperar valores fundacionales y de identidad de la izquierda.

Hablamos del fracaso del proyecto interpretativo de la ley de Caducidad. ¿Qué riesgo hay si los desacatos continúan?
Es la primera vez que la resolución de un Plenario Nacional es desacatada y esto concluye en que la propuesta resulta perdedora. No es la primera vez que se desacata. Pasó en la ley de Educación, pero todos sabíamos que salía igual. Era la antesala de lo que vino después. Si eso se generaliza como una práctica permanente, solo nos queda esperar la derrota.
Si el “no estoy de acuerdo y no acato” se transforma en un de-sacato reiterado es una antesala de la derrota del Frente Amplio porque va a inviabilizar la gestión del gobierno y a generar un enorme descrédito en la fuerza política. Si no somos capaces de volver a la unidad, no queda mucha chance.

¿Qué visión tiene sobre la marcha de gobierno?
Me parece que hay dos o tres grandes desafíos que el país tiene sobre los cuales hay que avanzar. El presidente dijo educación, educación y más educación, y ahí está uno de los desafíos principales. (Hay que ver) si somos capaces de implementar los cambios de la ley de Educación en profundidad porque buena parte de las transformaciones que el país tiene que llevar adelante dependen de eso y es una responsabilidad del gobierno en general.


Pero el gobierno no tiene mayoría en los órganos de conducción de la educación. ¿Está con las manos atadas?
El presidente en su momento estableció una prioridad que fue integrar a la oposición. Eso fue un gran acierto político. Era consciente de que tenía tres lugares con una situación muy particular: ASSE, BPS y el Codicen. En esos tres organismos la participación de la oposición más los actores sociales hacía que el gobierno quedara en minoría. Mi impresión es que habría que evaluar la posibilidad de que sin modificar la representación de actores sociales y la presencia de la oposición, el gobierno pudiera mantener la mayoría ampliando la cantidad de miembros. Si el rol de la oposición es de contralor y propuesta, como fue planteado, el gobierno debería mantener sus mayorías.

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