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La obra narrativa de Lolita Bosch es inmensa, pero mucho más inmensa es la tarea que lleva adelante a través de su blog Nuestra aparente rendición, en el que busca construir un puente internacional de diálogo y paz que ayude a poner un freno a la violencia que impera en México, país que esta escritora nacida en Barcelona en 1970 decidió hacer suyo hace 20 años.

Dicho de otro modo, a Bosch puede leérsela en Tres historias europeas, La persona que fuimos, La familia de mi padre o Esto que ves es un rostro, que son algunas de sus novelas, pero es a través de Nuestra aparente rendición –un blog con miles de seguidores y que reúne más de 300 colaboraciones que realizan proyectos especiales, como El mapa latinoamericano de nuestro futuro, 72 migrantes, Por las mujeres asesinadas de Juárez y Bicentenario– que esta licenciada en Filosofía se muestra tal como es: convencida, luchadora y optimista, pero a su vez con miedo de que México y el mundo se vaya cada vez más por el desbarrancadero.

De visita en Montevideo, donde llegó como invitada del Centro Cultural de España, Bosch habló con El Observador del dolor de la escritura y del dolor que se respira en México, “el país que asumí como mío y que considero mi casa. Ser catalana lo heredé, me viene dado, no ha resultado ningún esfuerzo; México, no, México tuve que inventarlo, entenderlo, escribirlo, repensarlo”.

¿Qué relación hay entre la escritura y la violencia?
Creo que la violencia existe en la escritura en distintos niveles. Por ejemplo, la violencia propia del lenguaje, en el sentido de cómo uno va tensándolo, viendo hasta qué punto somos capaces de soportarlo. En mi caso, encuentro que la literatura me sirve para reconstruir muchas situaciones que de otro modo no podría entender. Es muy duro para alguien que ha pasado un período muy extremo de violencia esta incomprensión que soluciona la escritura.

¿Un ejemplo de esto?
Auschwitz... Nuestra manera de entender a las víctimas de la violencia de la historia nos da la sensación de haber estado en Auschwitz. Reconstruir esta cosa que rompe la realidad de una forma muy brutal es algo que logramos a través de la literatura. Y esto puedo confirmarlo porque lo veo en Nuestra aparente rendición, donde he invitado no solo a escritores, editores, historiadores y académicos a buscar un camino de paz para México, sino que también he invitado a que den su opinión policías, narcos, soldados, amas de casa, sicarios… en fin, todos. Solo así creo que podemos pensar cuál es el proceso de paz para México. Y solo así podemos pensar qué es el miedo, la inseguridad, la violencia corporal tan horrible que sientes al salir a la calle.

¿Se suscribe a la frase “la violencia engendra más violencia”?
No, no estoy muy segura. Sí creo que hay muchas víctimas de la violencia que han buscado salidas pacíficas. En mi caso, por ejemplo, para lo que me ha servido acercarme a la crueldad de la violencia en México es para no pelearme con nadie nunca más. Es más, si sirviera para la paz, abrazaría a un sicario. Creo que el mundo es un lugar muy subjetivo, que depende mucho de cuánto te quieran y cuánto te hayan educado.

Así como Roland Barthes esgrimió que existe el grado cero de la escritura, ¿hay un grado cero de la violencia?
No, no lo creo. De hecho, creo que la violencia va menguando. Lo que existe es cada vez más métodos estrictos de violencia. Ya lo dijeron los sobrevivientes de Auschwitz: lo que se perfeccionará son los métodos de asesinato. Es decir, un fusil AK- 47 matará más rápido y a más gente que una lanza. El punto está en que cada generación tenga más acceso a la cultura y a la educación, que, aunque suene mal, son las armas para contrarrestar toda esta violencia, que no solo es la del narcotráfico, es la violencia silenciosa de la pobreza, del machismo, de la xenofobia. Yo creo mucho en el poder de la cultura y la educación y que eso pueda ayudar.

¿Pero qué se está leyendo en ese sentido?
Bueno, eso es un acto de voluntad. Pero creo infinitamente en el poder de la palabra, y esto dicho sin romanticismos. Si bien leemos mucha mierda, nunca desprestigiaría a alguien porque lee El código Da Vinci. En catalán hay un proverbio que dice si vols estar-te ben servit, fes-te tu mateix el llit, que quiere decir: si quieres estar bien servido hazte tú mismo la cama. A la libertad que te ofrece el acto de leer es muy difícil renunciar.

Antes dijo que en el blog ha invitado a escribir a historiadores, académicos, narcos y sicarios… ¿Cómo conviven allí estas voces tan distintas?
Muy pacíficamente. Es sorprendente, sí, pero todos buscan construir un diálogo de paz. En mi caso, quiero saber qué le pasa a un sicario. No creo que un sicario sea malo por matar, así como no creo que yo sea buena por no matar. En definitiva, la finalidad de todos, la del sicario, la del presidente de México y la mía, es permanecer vivos. Por eso también creamos El mapa latinoamericano de nuestro futuro, en el que 50 escritores, muchos del Cono Sur, dan cuenta de su experiencia...

Pero en algún momento a nadie le importó esa experiencia...
Es cierto, y así es que México se fue a la mierda en cinco años, y cualquier otro país puede irse al carajo. De hecho, creo que todo puede ser peor, si bien soy una mujer optimista, México puede irse más a la mierda. Por fortuna la sociedad civil está reaccionando, pero todo puede ser mucho peor.

¿Y cuál sería ese peor escenario?
La militarización del país. De hecho, hace muy pocos días, un pueblo indígena de la sierra de Michoacán, copado por un cartel que se llama La Familia, que tiene un código religioso muy extraño y que ha hecho tres propuestas de rendición que el gobierno no respondió, se levantó en armas. Ese es el peor escenario. Allí los niños se armaron con machetes y esos niños van a ser todos asesinados porque van a enfrentarse con personas con un armamento más sofisticado, comprando en Estados Unidos fácilmente, dado que cruzan la frontera sin problemas. Esto es terrible. El sonido del machete afilándose es terrible.

¿Y qué hacer con la literatura cuando pasa esto?
Mucho. Porque la capacidad de usar e l lenguaje en un texto narrativo permite una interpretación distinta de la realidad. La información en la prensa es sustituible. Es decir, cuando cuelgan a una chica pelirroja en el puente de Tijuana, con su torso desnudo y los brazos cortados, esa imagen da la vuelta al mundo. Cuando un sicario de apenas 11 o 12 años, El Ponchis, decapita a sus víctimas, esa imagen da la vuelta al mundo. En Nuestra aparente rendición llevo 9.108 muertos contados. Esas imágenes no dan la vuelta al mundo. Cuando todo el mundo estuvo mirando la boda real, nadie miró que en México hubo 30 balaceras, como hay cada día, o que hay 400 muertos por semana. La literatura es algo que duele tanto como emociona. Por eso sirve.

¿Por qué, después de 20 años de vivir en México, decide volverse a Barcelona?
Porque no se puede más. Si bien es una expresión muy mexicana, estamos hasta la madre. Creo que el presidente tiene miedo, por él y por sus hijos. Creo que el policía corrupto también tiene miedo. La gente tiene miedo. La petición que hacemos es que, si no saben hacer su trabajo, que se vayan. Pero es muy difícil solucionar lo que pasa en México. Nosotros, saliendo a la calle, lo que estamos haciendo es llamar la atención, nada más. No creo que el gobierno esté haciendo lo que debe hacer, ni el de México ni el de EEUU ni la comunidad internacional, por eso no hemos ido a hablar con Hillary Clinton. No puedo hablar con alguien cuyo discurso está basado en la hipocresía. Pero cuidado: no sirve responsabilizar solo a los gringos. Todos somos parte de esto, toda América se mete una raya. Yo, desde que empezó el conflicto en México, no me he vuelto a meter una raya.
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