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“Tengo documentos del Lava Jato que mencionan a Uruguay”

El periodista argentino Hugo Alconada Mon presentó su último libro en Uruguay, país que aparece varias veces en sus investigaciones sobre corrupción

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12 de enero de 2019 a las 09:06

Dos hombres se saludan en el lobby de un hotel de Punta del Este. Uno viste un jogging gris remangado con una camiseta verde gastada y lleva el pelo largo, desordenadamente atado: es un filósofo argentino. El otro lleva una camisa celeste, jean azul y saco gris, y tiene el pelo prolijamente corto: es un periodista argentino.

Uno, Darío Sztajnszrajber, desafía al poder desde la filosofía. El otro, Hugo Alconada Mon, lo hace desde la investigación periodística. Se dan un abrazo de palmas y cruzan comentarios sobre dos temas: la educación y Estudiantes de La Plata, club del que ambos son hinchas. Hablan pocos minutos, porque ambos tenían citas. Sztajnszrajber volvía en la tarde de este jueves, luego de presentar la noche anterior su último libro, Filosofía en 11 frases, publicado por Planeta. Alconada presentaba el suyo, La raíz de todos los males –de la misma editorial– esa tarde, horas después, pero su cita era con El Observador.

Alconada Mon, 44 años, casado, tres hijas, abogado, magíster por la Universidad de Navarra y profesor visitante de la Universidad de Missouri –entre otros logros académicos–, se dedicó al periodismo para concentrarse en una tarea: desentrañar los esquemas de corrupción en su país y hacer caer a poderosos desviados. 

En la entrevista muy pronto advierte que “tarde o temprano aparece Uruguay” en todas sus investigaciones; que “hay brasileños confesos que detallaron cómo hay uruguayos implicados en el Lava Jato”, como se le conoce a la mayor investigación judicial sobre corrupción en Brasil.  Y también: “Yo tengo múltiples documentos sobre el Lava Jato en donde aparece Uruguay, Uruguay, Uruguay, Uruguay, zona franca, zona franca, cuentas bancarias, Uruguay, Uruguay y Uruguay”. 

En su libro –el quinto– reveló, entre otros secretos, que el presidente de Argentina, Mauricio Macri, le pidió en 2015 a los empresarios más ricos de Argentina el 1% de su patrimonio para obtener la financiación necesaria para su campaña electoral. “Quiero el 1% de tu patrimonio para financiar mi campaña. Vos sabés que si yo gano normalizaremos el país, y el 99% restante de tu patrimonio va a valer mucho más”, le decía Macri a los empresarios, según consta en La Raíz.

Alconada habla despacio, seguro, con voz firme –pide sostener él mismo el micrófono para que la voz se sienta clara–, y suele repetir enunciados –“No les llamó la atención que (…) no les llamó la atención qué (…) no les llamó la atención qué”– para imprimir énfasis e ironía al aludir a la falta de rigor para liquidar un problema “endémico” que afecta tanto a Argentina como al continente. Dice que tiene “sangre uruguaya”, que desde que tiene memoria vacaciona en Uruguay y que simpatiza con Peñarol.

Prensa, presión social, jueces y fiscales comprometidos y una legislación acorde. Estos son los componentes que usted consigna en más de un pasaje en su libro como factores claves para contener el sistema de corrupción en Argentina. ¿Tiene solución?

Yo creo que sí. El punto es si la sociedad quiere eso, que es una historia muy distinta. No hay recetas mágicas. Y tampoco es una cuestión de mesianismo. Cuando vos vas a cocinar un chivito al plato, la receta está, ¿pero la queremos usar? Entonces cuando tenés problema de corrupción como tiene la Argentina, la receta ya se conoce. Por ejemplo, durante años no tuvimos figura de arrepentidos, y cuando la aprobamos, hace un par de años, tampoco es que se hizo la mejor ley; es una buena señal, pero no es completa. Lo que te dicen una y otra vez los grandes expertos que saben sobre esto, es que para un problema sistémico necesitás una solución sistémica. No te alcanza con retocar una o dos leyes, sino todo un paquete, además de capacitar personal y demás.  

¿Cuántos casos de corrupción se detallan en el libro? Porque la mayor parte de las páginas cuentan casos y casos, uno detrás de otro…

No, olvidate. No tengo la más puta idea. No sé, cientos… Manejo una agenda de 20 investigaciones simultáneas, todo el tiempo. Tengo 20 en marcha, que van cambiando. Hay algunos que son de corto plazo y otros que me llevan años. Entonces, medirlo para el libro es imposible, porque es la acumulación de 20 años de acumulación de material. 

¿El corrupto se siente culpable? 

Es que es más interesante todavía. Hay múltiples encuestas, y no solamente en Argentina, que te muestran esa dicotomía que es interesantísima. Hubo una en la que los argentinos respondieron que creían que el 80% de la sociedad era corrupta, pero la misma proporción respondió que nunca había pagado un soborno. Entonces, es como que son todos, pero yo no. Es como al manejar: todos manejan como el culo, pero yo no, yo manejo fenómeno.

Es un problema latinoamericano.

Pero va en esta línea: la mayoría no se ve a sí mismo como un corrupto.

Siguen las reglas del juego…

Sí, o incluso no se concibe un soborno como es corrupción. Como evasión de impuestos: hay quienes dicen que no lo hacen, ¿pero cómo no? ¡No pagás los impuestos! Cómo te definís, eso es evasión, querido.

"¿Por qué nos la agarramos con los ladrones de gallinas y los trapitos y mientras tanto les rendimos pleitesía, entrevistamos y les servimos champagne a los grandes lavadores de dinero?"

¿Qué le apasiona de su especialización?

Si lo tengo que reducir, es por una posición propia, moral. Porque cualquiera de estos delincuente de cuello blanco, en una sola operación financiera terminan robándonos más dinero que por ejemplo todos los “trapitos” (cuidacoches) o ladrones de gallina de la ciudad de Buenos Aires en todo un año. Entonces me pregunto: ¿por qué nos la agarramos con los ladrones de gallinas y los trapitos y mientras tanto les rendimos pleitesía, entrevistamos y les servimos champagne a los grandes lavadores de dinero? ¡Es joda! ¿Cuántos de los que están acá en Punta del Este tendrían que estar en prisión? Pero bueno, no es así: los de acá salen en la revista Gente, en la revista Caras y demás, y no tendrían que aparecer ahí, sino en los informes del Ministerio de Seguridad.

En una entrevista con la revista Galería dijo que Uruguay era la meca del lavado de activos. ¿En qué medida la corrupción de Argentina se enlaza con la de Uruguay?

Creo que con la corrupción uruguaya, no. Pero lo digo con el mayor de los respetos, porque yo no quise desafiar a nadie ni faltarle el respeto a nadie, yo adoro este país. Simplemente lo que quise plantear es que en un alto porcentaje de mis investigaciones tarde o temprano aparece un capítulo uruguayo. Entonces, ahí claramente hay algo y que todavía no ha salido a la luz. Por algún motivo, no en corrupción, pero sí en la fase del lavado de activos, en la fase de la ruta del dinero, tarde o temprano aparece Uruguay.

Ahora, desde el sistema político hubo algunas señales para combatir con mayor rigor el lavado de dinero. De hecho, hay una ley integral de lavado de activos aprobada a comienzos de año pasado, y están en discusión parlamentaria una ley para regular el financiamiento de los partidos políticos y otra para extender las declaraciones juradas de bienes de los gobernantes.

Ojalá que sirva, porque claramente Uruguay tiene un problema. Explicame Punta del Este y explicame Carmelo. Si nos ponemos en serio, explicame la zona franca de Montevideo. Si se ponen en serio a hacer controles, a ver qué encuentran. Esto, insisto, lo digo con el mayor de los respetos. No quiero desafiar a nadie ni nada, es simplemente que cuento aquello con lo que me he topado una y otra vez. Y no solamente soy yo; no es casualidad que también, por ejemplo, múltiples derivaciones de los escándalos de corrupción española, en el Partido Popular, financiamiento legal, o el caso Bárcenas, pasen por Uruguay. Oh casualidad, pasan también por la zona franca de Montevideo. Hoy un colega me decía que no hay Lava Jato en Uruguay. Perdón. Sí hay. Y no solamente para pagar sobornos a funcionarios argentinos, sino también para pagar sobornos a otros países, los brasileños pasaron por Uruguay. Lo hicieron para mandar dinero hacia Andorra, y desde Andorra mandar dinero para la zona franca de Montevideo para pagar sobornos en Argentina. Así que Uruguay es escala para ir y volver el dinero negro. Hay brasileños confesos que detallaron cómo hay uruguayos implicados en el Lava Jato. Yo tengo múltiples documentos sobre el Lava Jato en donde aparece Uruguay, Uruguay, Uruguay, Uruguay, zona franca, zona franca, cuentas bancarias, Uruguay, Uruguay y Uruguay. Hagamos un repaso muy simple. Caso Siemens, Ruta del dinero K, Lava Jato, Cuadernos de la Corrupción, caso Ciccone; cinco de los más recientes y más grandes escándalos de la Argentina involucran a Uruguay. El dinero pasa por los bancos, por zona franca, cuentas bancarias, sociedades, terrenos, propiedades. Algo está pasando.

En Uruguay no es tan frecuente encontrar el nivel de periodismo de investigación como el que usted hace, en el que puede pasar años rastreando un dato o documento específico para publicar una nota. ¿Cree que esa tarea cumple un rol esencial para cualquier democracia?

Probablemente atente contra mi propio laburo, pero la verdad es que no sé, porque lo que veo es que la inmensa mayoría no nos lee, no les importamos, nos defenestra. No sé si somos esenciales. Una respuesta sería que sí, que somos fundamentales, que por nuestras investigaciones se han abierto causas judiciales por las que fue procesada gente, que hubo empresas que colapsaron, gente que ha sido condenada, leyes que han sido modificadas, todo lo que quieras. Pero en la práctica, dicho todo eso, no lo sé. No estoy seguro que este periodismo sea esencial.

"En un alto porcentaje de mis investigaciones tarde o temprano aparece un capítulo uruguayo. Entonces, ahí claramente hay algo y que todavía no ha salido a la luz"

En el libro usted sostiene que los argentinos ven a la corrupción como un “costo inevitable” o el “aceite aceptable”. Hay como una tolerancia que persiste. ¿A qué se debe?

Creo que hay raíces históricas, y también cuestiones culturales: “Y bueno, son las reglas del juego, yo no estoy pagando la corrupción”, se dice. O incluso más “Yo soy una víctima, a mí me extorsionaron”. Y tampoco quiero ser injusto, hay mucha gente que realmente fue apretada y fue puesta contra las cuerdas, pero hay muchos otros que no, que tuvieron 50 contratos con el que supuestamente lo apretó.

Lo han amenazado, pero usted ha sostenido varias veces que es parte de su trabajo.

Es que es cierto; son las reglas del juego y trato de ponerlas en su debido contexto. Nunca cruzaron la línea roja, y nunca llegaron a un punto de meterse con mi familia. Sí me han dejado claro que me están siguiendo a mí o a mi familia.

¿Se sintió alguna vez seguido?

No es que me haya sentido: me lo demostraron. Claramente. Me lo han dicho cara a cara. Pero son las reglas del juego. Si yo me dedico a hacer lo que hago, y con mi trabajo hay gente que ha ido presa o colapsado empresas, yo no puedo pretender que del otro lado me den un beso, un abrazo y una flor. Pero creo que debemos restarle dramatismo e importancia a nuestro trabajo. ¿Tenemos más presión nosotros cuando escribimos sobre un banquero o sobre narcolavado o un político corrupto de lo que puede tener un cardiocirujano infantil que tiene que hacer un trasplante de corazón en una criatura de tres kilos? Aunque es cierto, una vez me pasó que por una nota mía hubo un banco que perdió en las siguientes 24 horas US$ 1.000 millones

¿Cuál?

No importa, no lo quiero decir para que no se sienta que los estoy... (se toca la oreja).

¿Lo reconforta cuando ocurren esas cosas o cuando logra que la Justicia actúe o condene por sus investigaciones?

Por un lado me da miedo: tenemos una responsabilidad y me la han hecho saber. Una nota mía te puede generar la apertura de una investigación, el colapso de las acciones, el cierre de cuentas bancarias, el bloqueo de tarjetas de crédito, la ruptura de sociedades comerciales… Yo no puedo escribir cualquier pelotudez, porque le puedo hacer un daño gigantesco a un tipo que no tiene nada que ver.  Trato de ser muy cauto. Por otra parte, una vez mi trabajo llevó a prisión a alguien que esta noche va a dormir tras las rejas. Un amigo me decía, bueno, tomate una cerveza. Y yo le dije: “Boludo, no puedo tomar cerveza: hay un tipo que está en prisión y su pareja está llorando y su familia está destrozada”. 

¿Qué consecuencias judiciales tuvo su libro?

Por lo menos tuve que dar declaraciones testimoniales en cuatro investigaciones distintas. Debí aportar detalles, datos, cifras y demás. Desde fines de 2015 hasta acá –lo llevo contado porque soy un obsesivo compulsivo– declaré en Tribunales 47 veces.

En el libro también menciona a“los gordos”, como se les llama a muchos líderes sindicales mafiosos. Cuando Marcelo Balcedo fue detenido hace un año en su chacra de Playa Hermosa, para los periodistas uruguayos era extraño escribir que se trataba de un sindicalista que a su vez era empresario, investigado por lavado de activos en Argentina, y luego también en Uruguay. Pero esa aparente contradicción identitaria en Argentina es normal. ¿Por qué?

Por las raigambres culturales e históricas, características muy propias de gremialistas y sindicalistas argentinos, muchos de los cuales tienen sus cargos por herencia. 
Con el caso de Balcedo, tenés otro ejemplo de Uruguay: ¿al que le vendió los inmuebles, no le llamó la atención? ¿Al que le vendió los autos, no le llamó la atención? ¿Al que le vendió los relojes, no le llamó la atención? ¿Al que le abrió las cuentas bancarias, no le llamó la atención? ¿Al que le vendió joyas a la mujer, no le llamó la atención? Dónde estaban todos los que en teoría deberían haberlo advertido? Nadie se preguntó, y perdón por la procacidad, ¿quién carajo es este tipo que está comprando cosas como si fuera un sultán árabe y googlearlo? ¿O será que miraban para otro lado?

¿Cómo nació la idea del ciclo de entrevistas en La Nación +, 99 por ciento la disciplina del éxito?

A mí no me gusta ni me interesa ni quiero hacer televisión. Pero me pedían que pusiera el hombro, y como un estúpido les tiré una idea a un amigo mío que la tenía muy clara y era muy bueno entrevistando. Al final me dijeron que lo hiciera yo.

¿Lo disfrutó?

Mmm, sí (duda). La esencia del programa era que no me interesaba el qué sino el cómo. Cómo lo hicieron, cómo se desarrollaron. 

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