Estilo de vida > COLUMNA DE HUMOR

A instaurar el Día de la Amnesia

Muchos piensan en el olvido como algo malo, pero es una de las cosas más importantes en la vida, sobre todo sabiendo que nada se olvida del todo jamás

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20 de mayo de 2014 a las 17:33

Todos los días es el día de algo. Un día sí y el otro también, conmemoramos o recordamos algo. Sin embargo, no hay ninguna jornada dedicada al no recuerdo, no existe un Día de la Amnesia, como si olvidar no fuera necesario. Supongamos que el equipo de sus amores tiene una mala racha y se come cinco goles de local. Todos dirán que fue un día para el olvido, sin embargo, lo recordarán en cada aniversario. Porque en realidad nada se olvida del todo. El olvido es apenas un recurso para ocultar en algún rincón oscuro del alma las cosas que no nos hacen bien, pero por más que no queramos, en determinado momento vuelven a aparecer, y a veces ya no tiene ganas uno de volver a olvidarlas.

Puede pasarle con aquella maestra de tercero de escuela que tanto odiaba, y que volvió a encontrar años después para comprobar que no era tan mala como pensaba y que le tenía un aprecio considerable. Pasa también con algunos amores, que a veces vuelven a surgir cuando se pretendían enterrados.

Olvidar es imposible, puede uno no recordar una cita con el dentista, sacar la basura o el lugar donde puso las llaves, pero una pequeña laguna mental nada tiene que ver con el olvido. En todo caso, que uno más tarde recuerde estas cosas y finalmente vaya al dentista, agarre la bolsa de basura y pueda salir a cumplir con ambas tareas, también es prueba de ello.

Hay cosas que no podremos olvidar jamás y otras que deberemos recordar para siempre por más que tengamos tendencia a olvidarlas. Y el hecho de que nada pueda ser marginado definitivamente de los recuerdos, es motivo más que suficiente para establecer oficialmente un Día de la Amnesia, en tanto es un recurso útil para seguir adelante.

El precavido lector intentará echar por tierra este intento de darle cierta dignidad al olvido, imponiendo el argumento de que ya todos los días del año están adjudicados a alguna otra cosa, y superponer el Día de la Amnesia con el de los Corredores de Bolsa, podrá llevar a algunos a suponer que se trata de un insulto a tan abnegados trabajadores que se ganan la vida saltando de aquí para allá en sus bolsas de arpillera. Pues no importa con qué día coincida el de la Amnesia, porque deberemos olvidarlo si es que pretendemos hacerle justo homenaje.

Una vez decidida la fecha en que se celebrará cada año, una vez votada y proclamada la ley que lo imponga, todos deberemos olvidarla, cerrando de esa forma el círculo de olvidar el olvido como forma de recordarlo.

El problema es que tal vez ya exista. Puede que decenas o cientos de años atrás alguien haya impuesto el Día de la Amnesia, y que no podamos recordarlo precisamente por eso. Puede que con el paso del tiempo hayamos olvidado ponerlo en los almanaques y anotarlo en las agendas, y que un día que nadie es capaz de recordar cuál es, estemos celebrándolo sin tener la menor idea.

En ese caso, imponer un nuevo día sería en cierto modo una falta de respeto, pero suponiendo que todos lo hemos olvidado, tenemos la necesidad de buscar uno nuevo.

Pero para evitar que este error que nunca podremos recordar si es tal se repita, lo justo sería que fijáramos el Día de la Amnesia y designáramos a una persona para que no olvidara cuál es mientras los demás sí lo hacemos. El individuo designado no podrá decirnos la fecha pues de esa forma lo recordaríamos y no tendría sentido, simplemente se limitará a contarnos que ya existe uno, cuando alguien plantee la necesidad de imponerlo nuevamente.

De esa forma existirá por siempre un Día de la Amnesia cuya fecha no recordaremos, rindiendo así el justo homenaje que merece. A fin de cuentas, la existencia del olvido es la única forma de que, por oposición, existan el recuerdo, y si le damos justa dimensión a una cosa, tampoco valoraremos suficientemente la otra. Sólo se trata de mantener la balanza en equilibrio, como en todos los órdenes de la vida. La forma en que nos aferramos a los recuerdos es la mayor prueba de lo importante que es el olvido para nosotros.

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