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Frank Underwood puede alegar que aún se sienta en el sillón presidencial, pero con el futuro de la serie House of Cards pendiendo de un hilo, el castillo de naipes que finalmente se derrumbó fue el de Kevin Spacey. El último golpe –o el soplo final– para el actor de 58 años fue el anuncio de este martes de que el rodaje de la sexta temporada de la serie sería interrumpido indefinidamente por la producción. A raíz de las acusaciones, Netflix había anunciado el lunes que la serie, uno de sus mayores éxitos y la que le permitió el salto más importante al incursionar de forma acertada en la industria de la producción de ficción, terminaría en una sexta temporada. Ahora, la producción dio un nuevo paso al vacío.

Para Spacey, ganador de dos premios Oscar y hasta hace pocos días uno de los actores más respetados de la industria estadounidense, la cancelación de la serie significa la culminación –¿o el arranque?– de unos días plagados de ataques y excusas mal administradas. El actor, que fue señalado de haber acosado sexualmente a su colega Anthony Rapp cuando este tenía solo 14 años, se disculpó el lunes aduciendo que no recordaba el hecho descrito pero que si había sucedido debía ser porque estaba borracho. Y en una actitud que fue cuestionada con dureza desde algunos sectores, contó que es gay, un dato desconocido hasta el momento y que en un mundo heteronormativo puede llegar a ser más llamativo, impactante, morboso, de chisme fácil. Y con eso tapar la acusación anterior.

Es difícil saber si la estrategia fue pensada por sus asistentes o si fue producto de alguna extraña sinapsis del actor, pero lo cierto es que fue un movimiento torpe. Como era de esperarse, vincular en un mismo comunicado las disculpas respecto a un acoso sexual y la revelación de su orientación sexual molestó especialmente a los colectivos LGBT, que criticaron con pertinencia lo contraproducente que podría llegar a ser el anuncio para sus luchas diarias.

El diario británico The Guardian publicó un artículo en el que el periodista Owen Jones señaló que la declaración de Spacey no contribuye a sensibilizarse con la situación de estos grupos históricamente discriminados, sino que agrega otro argumento al discurso radical que une homosexualidad con pedofilia. "Esta mentira viciosa ha sido muy útil para justificar la persecución sistemática de gays y bisexuales. Y es por eso que el comunicado de Spacey es absolutamente despreciable", escribió en su columna.

¿Es este el fin de la carrera de Spacey? Hollywood tiende a olvidar estas situaciones –pregunten por Casey Affleck–, pero el caso de Harvey Weinstein abrió una canilla y el chorro no para.
Nadie puede saber qué rumbos tomará la carrera de un actor que acumula papeles icónicos a montones, pero en principio, la acusación parece haber bajado de un golpe a Frank Underwood. Si bien Netflix anunció su interés en comenzar con al menos una serie derivada –varios medios indican que iría tras los pasos del personaje Doug Stamper–, parece difícil que Spacey vuelva a romper la cuarta pared detrás del rostro del maquiavélico presidente Underwood.

Todo esto, sin embargo, es una buena señal. Las expulsiones de Weinstein de distintas organizaciones, los ataques contra un sistema que ocultó la realidad durante décadas, la reticencia de los estudios a bancar proyectos donde los acusados estén involucrados. En Hollywood también campea a sus anchas la hipocresía, pero parece que es otro de los tabúes que se están suprimiendo. Esperemos no sea, también, parte del juego de la industria.
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