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Amores modernos en tiempos de resistidos finales felices

Una serie que recorre diversos tipos de amor, con el telón de fondo de Nueva York

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02 de noviembre de 2019 a las 05:01

Modern Love tiene todo lo que debe tener para atraer a un público exigente: buenos guiones (cada capítulo es la adaptación de una historia que se publicó en el New York Times), buenos actores (Ane Hathaway, Tina Fey, Dev Patel Andy García y John Slattery, entre otros) y un escenario de frente y fondo que solo se pude admirar, Nueva York.

La parte más cálida de esta serie tiene que ver con las diferentes especies de amor que los humanos podemos experimentar y que no siempre logramos identificar como tal. Amor es el que busca la editora de libros en citas nunca aprobadas por el portero de su edificio, pero sobre todo amor es esa preocupación constante del portero por su felicidad. Amor es el romántico y pasional que parece ser el más intenso que sentirás en tu vida (y que lleva a que todo lo compares con ESA persona), y el de la madurez que te lleva a intentarlo una y otra vez aunque todo parezca perdido. Amor es el de una amiga que te salva de la bipolaridad, y el del esposo o esposa que se la juega a salvar un matrimonio a puro partido de tenis, para reconstruir un vínculo que parece irremediablemente roto.

La miniserie se empieza a ver con entusiasmo, sobre todo si ya se había leído alguna historia de Modern Love, una sección a esta altura mítica del New York Times en la que autores muy diferentes escriben en primera persona columnas que relatan alguna experiencia íntima que involucra al amor, en cualquiera de sus expresiones.

Con ese punto de partida muchos apostaban por esta ficción que se puede ver por Amazon Prime y está compuesta por ocho episodios; el encanto se arrastra en las primeras entregas, sobre todo. Pero 30 minutos no son casi nunca suficientes para contener narrativas por lo general encantadoras pero también muchas veces complejas y algo intrincadas y que por eso mismo en algunos casos se quedan en la anécdota, en una historia que no cierra del todo o en estereotipos que de modernos no tienen nada.

El temido final feliz

El ángulo más interesante de esta miniserie es el que explora muchos tipos de amor, que pueden ser tan o más gratificantes que una relación “amorosa” tradicional. En el segundo capítulo se cruzan dos historias en la entrevista que una periodista le hace a un joven empresario estrella que desarrolló un sistema de citas online. Uno de esos amores termina bien y el otro…también, aunque ambos de forma muy diferente. El capítulo es uno de los mejor logrados, sobre todo porque juega con el –por estos tiempos- final feliz que tanto cuesta en la vida real y en las ficciones también.

Modern Love se enfrenta en su concepción a ese deseado/temido final feliz que, lejos de la época de oro de la comedia romántica, no parece tener siempre buena prensa entre las audiencias modernas. Casi todas estas historias tienen un final más o menos feliz, incluso si a primera vista no lo parece e incluso si resulta excesivo. No me malentiendan: soy una firme defensora de los finales felices, sobre todo en estos tiempos en los que un The End con sonrisas –y un beso- es más escaso en las pantallas que en la vida real. No se comprende por qué tanto odio a los finales felices si la realidad es que es solo un momento que dista mucho del “vivieron felices para siempre jamás” de los cuentos de hadas. Pero por ese camino marcha buena parte de las narrativas audiovisuales modernas.

La miniserie vale la pena en su colectivo, por su encanto y su apertura a tantos amores como seres humanos existen, pero tiene un desigual ritmo que –como le sucede a la abogada bipolar interpretada por Hathaway- sube y baja sin previo aviso. Al final es una suma de historias que en algunos de sus vértices nos hacen sentir identificados, pero que no terminan de cerrar como ciclo.

Lo mejor de Modern Love es su amplitud para contener muchos tipos de amor, incluso aquellos que en la vida cotidiana no identificamos como tal. Como dice el personaje de la periodista interpretada por Catherine Keener: “A veces, te das cuenta de que el verdadero amor, en su forma absoluta, tiene muchos propósitos en la vida. En realidad no se trata solo de traer bebés al mundo, o romance, o almas gemelas, o incluso compañía para toda la vida".

En ese episodio se cruzan dos historias muy iguales y a la vez muy diferentes, con el telón de fondo de la ansiedad que causa buscar y encontrar el amor (y perderlo), apps de citas mediante.

En todos los casos se subraya el poder emotivo y transformativo del amor, que se presenta como algo mucho más importante que los éxitos o fracasos de las relaciones. Es decir, el amor experimentado y expresado suele ser más importante que su consecución. Y en algunos episodios las historias logran alejarse de los clichés más tradicionales del cine y la televisión, para incluso llegar a sorprender sin giros bruscos.

Eso sucede en el capítulo en el que una pareja que lleva años casados (Tina Fey y John Slattery) se acercan lenta pero certeramente al divorcio, a fuerza de aburrimiento y frustraciones casi nunca habladas. El episodio dirigido por Sharon Horgan, la misma que escribió y protagonizó la muy buena serie Catástrofe, logra con poco drama y un guión sólido, mostrar que la cotidianeidad puede ser el peor enemigo y el mejor amigo del amor de pareja.

Irremediablemente cada televidente se identificará con las historias y personajes que por alguna razón tocan alguna fibra de su ser y criticará aquellas que le resultan ajenas.

Como el amor –o los amores- Modern Love está lejos de la perfección, pero es una bienvenida brisa de aire fresco basada en historias reales que pueden ser tan increíbles como la ficción.

Cada historia se desarrolla a lo largo de la línea narrativa de uno o varios tipos de amor (carnal, de pareja, platónico, familiar, de amigos) y en la mayoría de los casos los guionistas logran alejarse del cliché constante que suele rodear al romance. Por eso hay finales felices (algunos) casi siempre con poco azúcar y mucha ternura y otros no tradicionalmente felices, pero que dejan pintada una mueca en la cara parecida a una sonrisa. En casi todos los casos el relato conduce a pensar que algo se resolvió, para bien o para mal, pero que esa resolución no necesariamente es duradera y mucho menos “para siempre”.

Los fanáticos de las columnas escritas en el New York Times notarán diferencias abismales, tal vez porque no es fácil contar con imágenes y palabras lo que se escribe con detalle. En el episodio 5 una pareja que recién se conoce termina en el hospital por un accidente relativamente trivial y es allí donde él logra mostrarse genuinamente superando los nervios que le genera enfrentarse a un posible interés amoroso. En el ensayo escrito el autor, Brian Gittis, usa ese recurso de la emergencia en un hospital para relatar cómo logró superar su timidez, pero luego cuenta con candor que ese incipiente prospecto amoroso no dura mucho (en un mes ella lo deja, y no por su timidez, sino porque extrañaba a su exnovio).  En el episodio buena parte de estos matices (ansiedad, timidez, nervios, atracción, rechazo) se pierden y el final se aparta de esta conclusión agridulce pero real.

En el último episodio se cruzan todas las historias de una manera poco natural y que emula esas películas corales al estilo de Love Actually, pero sin tanto encanto ni comedia ni romance. Es una pena, porque con altos y bajos esta miniserie merecía una frutilla de la torta un poco más apetitosa. A pesar del final y de sus fluctuaciones, vale la pena ver todos los episodios pero no a ritmo de atracón televisivo (binge watching); con menos apuro y buena disposición, Modern Love se disfruta.

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