28 de noviembre de 2019 5:01 hs

Esta nota empieza con un audio de WhatsApp. Era una mañana cualquiera en la redacción del diario cuando un mensaje cayó bajo el ritmo de una vibración corta. “Ah, no. Esto es el colmo”, dijo a los pocos segundos la dueña del teléfono, una periodista que también se ocupa de llenar las páginas de esta y otras secciones. Enseguida, los que se sientan más o menos cerca de ella se giraron a ver. “¿Qué pasó?”, le preguntó uno de sus compañeros. “Una persona que no tengo entre mis contactos y con la que nunca antes me mandé mensajes me acaba de mandar un audio de casi un minuto. Ni siquiera se presentó. ¿No es cualquiera?”, lanzó la receptora del mensaje de voz. “Es lamentable, sí, la gente ya no tiene ni las cortesías mínimas para comunicarse con el celular”, apoyó uno. “No me parece tan grave, es un audio”, apuntó otra. Así, el mensaje de WhatsApp dividió aguas.  

Por un lado estaban aquellos que creían que aquel audio era sencillamente un elemento más en la era de la hiperconectividad y moneda corriente de la comunicación cotidiana. Otros no. Otros –entre ellos la persona que lo recibió– creían que aquello ilustraba a la perfección la falta de códigos y límites que las personas enfrentan cada vez más en el universo digital.

El celular y las redes sociales como medio de comunicación se instalaron muy rápido en la vida de las personas. Lo que antes podía llevar sellos postales, dinero y un viaje físico de días, evolucionó a una velocidad aplastante y se impuso sobre todas las alternativas a la comunicación a distancia. Pero también se llevó puestos los protocolos y los modales. El teléfono se volvió un apéndice del cuerpo y de alguna manera obligó a sus dueños a estar todo el tiempo conectados y, por ende, disponibles para quienes deseen comunicarse, muchas veces sin importar el día o la hora.

En el ámbito laboral esta herramienta generó más problemas que en ningún otro ecosistema. Un informe publicado en el suplemento Café & Negocios de El Observador recoge algunos datos. Por ejemplo, en Francia el 37% de los trabajadores utilizan sus herramientas digitales con fines laborales fuera de los horarios de trabajo. También que en España el 65% de los trabajadores eran requeridos fuera de horario laboral. Y por último que ocho de cada diez trabajadores continúan conectados fuera del horario de oficina. Esto impulsó una reforma laboral que le da al trabajador europeo el derecho de no tener que contestar mensajes fuera de un horario estipulado.

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En Uruguay se quiso hacer algo similar con un proyecto de ley que garantizara a los trabajadores un “derecho de desconexión”, pero la iniciativa ya lleva un buen tiempo en el Parlamento y todavía no encontró luz verde.

Por eso en Cromo quisimos redactar un modesto y muy caprichoso decálogo de comportamiento en redes sociales basado en nuestras experiencias como usuarios de estas herramientas y utilizando como insumo publicaciones sobre el tema. El lector encontrará a continuación una serie de pautas y sutilezas que ahorrarán malentendidos, dolores de cabeza y que, ojalá, ayudarán a mejorar la convivencia virtual. 

Antes de llamar, mejor escribir

Esta es casi que la regla de oro dentro de la comunicación digital. Antes de llamar a una persona que no sea un familiar o un amigo, es mejor anunciarse y manifestar el deseo de establecer una comunicación telefónica más larga. Si se trata de un contacto con el que no tuviste una charla virtual antes, lo ideal es que en ese texto pongas tu nombre y el motivo de la futura llamada. Esto no solamente es más cortés, sino que también puede ayudarte a que, cuando finalmente llames, te contesten la llamada.

Según La guía para una comunicación efectiva en el mundo digital publicada por Microsoft, a diferencia de las interacciones por correo electrónico, nunca debemos suponer como usuarios que hay una invitación abierta para realizar llamadas inesperadas a colegas o clientes. La guía detalla que, en la actualidad, esta es una forma muy personal de conectarse y que, eventualmente, es mejor enviar un mensaje o un mail antes de llamar.  

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Cortita y al pie

La guía de Microsoft sugiere que hay que ser muy cuidadoso con las palabras que se utilizan para establecer una comunicación virtual. “Las personas a menudo malinterpretan el tono de una conversación en un correo electrónico o un mensaje de texto, ya que puede ser difícil expresar con precisión las emociones por escrito”, dice la publicación. La clave está en ser cuidadoso y conciso con la selección de palabras. Microsoft recomienda que, al responder, se aborden los puntos claves solicitados por el remitente. También, hay que evitar leer entre líneas. Si algo no quedó claro, lo mejor es pedir una llamada telefónica. Nunca intentar adivinar la emoción de alguien. 

Ser breve es otra virtud en el mundo de la comunicación instantánea, que fue diseñada para un intercambio rápido de información. “Limite su uso de mensajería a preguntas que alguien pueda responder rápidamente. Si se requiere una respuesta más larga, elija una herramienta diferente o haga la pregunta en persona. Los mensajes de audio de WhatsApp no son una buena alternativa. Cualquier audio que supere el minuto de duración, bien vale la pena suplantarlo con una llamada telefónica”, señala la guía.

¿Qué hacemos con el lenguaje?

Qué tipo de lenguaje aplicar en las redes sociales y la mensajería instantánea podría ser un debate aparte. Según varios manuales, no hay una respuesta fácil al momento de tomar decisiones de gramática en el mundo virtual. Sin embargo, hay algunas pautas básicas de ortografía, gramática y estilo que pueden ayudar a salir mejor parado. 

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Barbara Pachter, autora del libro The Essentials of Business Etiquette, explica que el lenguaje coloquial y las abreviaciones están permitidas en ciertos ámbitos de relativa informalidad, pero es importante –al aplicarlos en un mensaje virtual– asegurarse de que la persona a la que se le escribe entienda a qué se refieren. 

Evitar malas noticias y recordar cortesías

Diversas publicaciones realizadas sobre este tema aseguran que, sea cual sea el medio de mensajería, es mejor no compartir información negativa a través de una plataforma virtual. “Si tiene malas noticias para compartir con alguien, aunque puede parecer más fácil escribir un mensaje rápido, es irrespetuoso hacerlo”, detalla un estudio realizado por Microsoft. La inmediatez que da la tecnología y el vértigo de la cotidianidad muchas veces nos hacen olvidar de cuidar las formas y que detrás de la pantalla hay una persona. En esta línea, también es importante ser cortés al empezar y terminar una conversación con un breve saludo o comentario inicial. Es bueno recordar que existen expresiones como “buenos días” y “gracias por darme una mano”, que ayudarán a que la comunicación sea más agradable y predispondrá al receptor del mensaje a un trato más amable.

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Algunas otras consideraciones

El portal Phys –especializado en información vinculada al lenguaje y la piscología– recoge algunas otras consideraciones que es importante tener en cuenta al momento de establecer una comunicación virtual e incluso al manejar las redes sociales. Una de ellas es que si alguien comenta una foto o un video publicado en algún perfil social, es de buen gusto responder. También dice que no está bien visto darle“Me gusta” a publicaciones propias ni pedirlo directamente a los seguidores. A la vez, si alguien se comunica vía mail, debería respondérsele por allí. Lo mismo si alguien manda un WhatsApp o mensaje de texto. Tampoco debería demorarse días en responder un mensaje sin siquiera excusarse al respecto, pero aun así no debería hacerse un escándalo si alguien nunca responde, al fin de cuentas no es tan grave. La lista de Phys también detalla que en la actualidad es correcto desearle feliz cumpleaños o feliz Navidad a alguien por mensaje de texto, no es necesario llamar. Y por último que es de mal gusto –y completamente evitable– mantener conversaciones de uno a uno en un chat grupal, el resto no tiene por qué ser testigo de una charla privada.   

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