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La suerte no acompañó a la selección uruguaya contra Paraguay y Venezuela

Opinión > COLUMNA/EDUARDO ESPINA

Azar y papi fútbol celeste

Todos apuntan a Tabárez y al plantel como responsables del mal momento; y la suerte ¿qué? 

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13 de junio de 2021 a las 05:05

Allá por principios de este siglo, 20 años atrás, periodistas y administradores de este diario tenían la costumbre de juntarse una vez por año, en diciembre, a comer un asado y olvidarse por unas horas de que al mundo las noticias le importan. Tras una opípara bacanal en la que ninguna parte de la vaca salía ilesa, a casi todos les daba por jugar un picado de fútbol hasta la caída del sol. Por supuesto, con vino y achuras en el estómago nadie puede aspirar a correr mucho o a ser preciso con los pases. El partido Uruguay contra Venezuela el martes pasado me hizo acordar a esos picados de papi fútbol posasado. Semejaba un asunto muy amateur en el que los futbolistas uruguayos parecían estar jugando a ver cuál se equivocaba más en los pases y erraba mayor cantidad de goles en las poquísimas oportunidades que hubo. Si se trató de jugar de la peor manera, el objetivo fue conseguido. Felicitaciones. Sin embargo, a pesar de todas las críticas válidas y justificadas que pueda recibir el combinado celeste y su entrenador, hay un aspecto a tener en cuenta que tampoco nos favorece, a jugadores, entrenadores y ciudadanía: la suerte. Como si la pandemia hubiera llegado cargada de malas vibras, la buena fortuna no hizo acto de presencia. El talismán se quedó sin pilas.

Contra Paraguay, Luis Suárez falló un gol solo debajo del arco, un gol que ni yo, tras haber comido bestialmente en el asado anual, hubiera marrado. En décimas de segundo, el azar cambió el ángulo de la cabeza del delantero salteño, poniéndola en posición desalineada respecto de adonde venía el balón. La pelota terminó en la tribuna. Contra Venezuela, hubo cuatro chances claras: dos cabezazos, uno de Viña y otro de Giménez, que pasaron rozando el arco; Viña erró un gol solo frente al golero, y en la última oportunidad del partido De la Cruz mandó a las nubes de Caracas una pelota que debería haber entrado sin problemas. Cabe destacar que estamos hablando de futbolistas profesionales muy cotizados, no de compañeros jugando un picadito luego de un pantagruélico almuerzo. La buena fortuna, que durante el ciclo de O. W. Tabárez al frente de la selección siempre ha acompañado de una manera o de otra, se ha tomado vacaciones, tal parece. El tango de Gardel parece haber sido escrito para estos momentos: “Cuando la suerte qu’es grela / Fayando y fayando / Te largue para’o”.

Quien haya jugado el fútbol o lo siga desde la tribuna con ojo avizor, sabe que en este deporte, más que en ninguno otro, la suerte existe, que no es una leyenda urbana ni un mito sin asidero real, como los platillos voladores. La suerte estuvo con nosotros en el partido contra Ghana y faltó sin aviso en el partido siguiente contra Holanda. Quienes alguna vez se han enamorado de la suerte saben que es la novia más infiel de todas. Un día está y al siguiente se va con otro. Un entrenador legendario del fútbol inglés, Henry Redknapp, dijo, refiriéndose a otra leyenda, que nadie a Alex Ferguson le ganaba en suerte, mejor dicho, que la suerte siempre estaba de su lado. Ponía como ejemplo un partido entre Tottenham y Manchester United en el que los dirigidos por Redknapp estrellaron varias pelotas en los palos, tuvieron al rival contra las cuerdas, pero que en el único ataque que los diablos rojos tuvieron hicieron el único gol del partido. La historia presenta infinidad de casos en que los equipos dirigidos por Ferguson ganaron partidos de manera inexplicable, como si el destino hubiera escrito el libreto. Cuando los rivales jugaban contra el Man U sabían que era también un partido contra el favoritismo de la suerte.

Los jugadores de fútbol ganan fortunas y necesitan de la fortuna para que las consagraciones lleguen. En el mundo presidido por una pelota redonda, dos por tres (que no siempre son seis) la realidad presenta extrañas asimetrías que llevan a plantear la pregunta: ¿cuál es el origen de situaciones casuales que de pronto transforman la forma de percibir los hechos? ¿Hasta qué punto interviene la fortuna? ¿Participa o es neutral? Dice el adagio que “a la suerte hay que ayudarla”. Pero, ¿cómo? ¿Creyendo en ella? ¿Es posible mimarla y tenerla siempre de nuestro lado? ¿Será posible que la realidad en ciertas instancias se canse de ser todo el tiempo la misma y establezca momentos de irregularidad que coinciden a su vez con otros en otras partes? El azar resulta impredecible, es sabido. Además, le gusta hacer bromas. En su comportamiento hay algo que llama la atención, imposible de explicar. A las antojadizas intervenciones del azar el pensamiento racional tiene serios problemas para entenderlas y, todavía más, explicarlas. La suerte puede actuar a favor o en contra, y en ambos casos su lógica operativa es igual de críptica. ¿Cómo puede ser que surjan situaciones de una manera tan particular que llevan a creer en la existencia de una fuerza invisible que participa como designio inaudito, como si estuviera jugando con las vidas de los seres humanos?

Me interesa conocer gente con suerte, la que se considera a sí misma “afortunada”. Tal vez me gusta conocerla porque creo que la suerte, como la gripe, puede transmitirse de una persona a otra, sobre todo si la gente que la recibe cree que puede recibirla y siente que su sangre es compatible con la sangre de la suerte. Hay una película que trata sobre eso, sobre el robo de la suerte; es una película original, muy buena, de las mejores que ha hecho el cine español. Se llama Intacto (2001), dirigida por Juan Carlos Fresnadillo. La premisa del filme es insólita, pero posible. Trata sobre gente que le roba la suerte a otra, a la cual considera más afortunada. Hay gente con mucha suerte, no solo en las historietas de Glad Consuerte, también en la vida real, la cual incluye los casinos y las canchas de fútbol. Hay profesionales de los juegos de azar que viven de las decisiones de la suerte, por lo que no dejan que nadie los toque pues pueden alterar el ritmo normal de su afortunada condición. Aunque el robo de suerte no se denuncia, existe, pues hay quienes tenían suerte y la pierden, aunque hay también otros que no sabían que la tenían hasta que la suerte les hace una visita, casi siempre sin anunciar ni llamar por teléfono para decirle “Preparate, pues voy para ahí”. Esa sería una suerte más organizada, sin embargo, el azar carece de organización intrínseca. Actúa como se le da la gana. 

El azar interviene de manera regular en los deportes, y el fútbol es el que muestra mayor cantidad de casos en los que la presencia de la fortuna decide los resultados. Según opinión de técnicos que dirigían a otros equipos de la Premier, cuando Ferguson ganaba partidos y campeonatos más que nadie, el entrenador escocés era favorecido con inusitada frecuencia por la suerte y, por ende, también el Manchester United. ¿Se puede clasificar a un mundial porque la suerte acompaña a una selección, interviniendo en el destino antes que los propios hechos? En el fútbol, jugar mal y no ganar no siempre son sinónimos. A lo largo de la historia ha habido equipos y selecciones que jugaron mal y consiguieron ganar campeonatos por razones casi siempre asociadas a la continua intervención del azar, el cual parece andar dando vueltas en la realidad de los hombres con ganas de favorecer a unos y castigar a otros. Cuántas veces hemos oído decir “la suerte sigue sin acompañarnos”. Yo, por ejemplo, lo digo hoy aquí, convencido de que la buena suerte es hincha de algunas selecciones y a otras, en cambio, las ignora. Somos títeres del azar, y en ocasiones lo único que podemos hacer es preguntarnos cuándo terminará la obra lúdica en la que estamos participando.

En su libro Luck: What it Means and Why it Matters (La suerte: qué significa y por qué importa), Ed Smith, exjugador profesional de críquet convertido en estudioso de los deportes desde una perspectiva más analítica que exclusivamente deportiva, argumenta que en todos las disciplinas deportivas se necesita de la ayuda de la suerte para triunfar, pero es el fútbol donde la suerte tiene mayor incidencia, y este detalle no tan menor es una de las razones principales por las cuales es el deporte de mayor popularidad en el mundo. Smith acierta; hay ocasiones en que la suerte es más parcial y premia excesivamente a uno de los equipos, que termina ganando por razones que la razón no entiende. Smith recurre al factor menos demostrable de todos para intentar explicar los desequilibrios en el marcador en aquellos partidos parejos, que podrían terminar empatados pero que, no obstante, tienen un ganador, porque en el momento menos pensado, y contra toda explicación lógica o causal, la arbitraria trayectoria del balón cambia el destino del partido, premiando al bando que menos lo merece. En este aspecto, la falta de objetividad de la suerte es absoluta y podemos responsabilizarla de la vulnerabilidad anímica de algunos jugadores en el campo de juego. Contra Paraguay y Venezuela lo acabamos de ver, como hacía tiempo no lo veíamos. 

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