Al comenzar el siglo XX Occidente vivía un optimismo derivado de la ausencia de guerras y el crecimiento económico que se vio drásticamente interrumpido cuando un asesinato en Serbia desencadenó la primera guerra mundial a la que siguió la segunda, dos masacres de proporciones mayúsculas acompañadas de dos shocks culturales: el genocidio armenio y judío y el lanzamiento de dos bombas atómicas.
Cerca del abismo
ruguay tiene la oportunidad de ser un oasis ético de paz y convivencia pacífica