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Culpables, inocentes y falsas promesas en el estreno de En honor al mérito

Con políticos y gente de la cultura en las butacas de la sala Campodónico se reestrenó la obra que intenta aclarar que pasó con la investigación del crimen de Zelmar Michelini, y que girará por Argentina y Chile

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08 de mayo de 2012 a las 19:10

Con la presencia de destacadas figuras de la política nacional se reestrenó el lunes la obra de teatro En honor al mérito, escrita y protagonizada por Margarita Musto. La pieza intenta arrojar luz sobre el asesinato de Zelmar Michelini en Argentina y traza hipótesis sobre qué pasó durante la investigación posterior, durante los trabajos de la Comisión para la Paz.

Solo tres personajes sobre las tablas, una puesta en escena austera, apenas tres sillas, un cuadro, una botella y un revólver, y la ausencia de música durante toda la obra, logran que el espectador se aferre al texto durante la hora y media que dura En honor al mérito.

Los tres actores realizan un trabajo muy profesional, que logra sin despeinarse pasar de una conversación trivial a tratar temas tan profundos como la responsabilidad, la tortura, la conciencia, la indiferencia o la conveniencia del silencio, y el asesinato y la muerte como símbolos de una época.

Destaca Margarita Musto, que pasa de representar lo cotidiano, la broma entre amigas sobre sexo, a darle vida a una mujer al borde del colapso emocional una vez que la obra se sitúa en los años ochenta y el personaje de la enfermera pasa a ser testigo en la causa de la muerte del político uruguayo.

Los otros dos actores, Liliana García y Rogelio Gracia, acompañan perfectamente a Musto sin estridencias, encarnando con soltura a dos macabros personajes. García logra transmitir a la platea esa naturalidad, esa indiferencia ante lo terrible que a los demás (a su amiga) horroriza. Gracia, por su parte, acapara la media hora final, en el papel de asesino (aunque no único) que confiesa envuelto en una nube de alcohol su crimen, entre arrepentido y orgulloso de su acto infame.

No es fácil el tema, y no es fácil estar así, tan expuestos en escena los tres, sin ayuda de ninguna clase, ni artificios decorativos u objetos que permitan apoyarse o desplegar una gestualidad con más facilidad. La obra, no obstante, se sostiene de principio a fin, aunque el comienzo parezca un poco extenso como prólogo de lo que vendrá.

Durante la obra solo hay un sonido, muy logrado, tenebroso, que generalmente es acompañado de un cambio de cuadro o un oscurecimiento de la escena, que acongoja al espectador. Ese sonido, muy meritorio, alude y permite el viaje en el tiempo que la historia requiere con sus repetidos saltos temporales.

Hay que destacar la escena de la confesión del asesinato, con los tres actores en escena dando lo mejor de sí, y logrando estremecer al público. También los últimos cinco minutos donde los personajes declaran, de cara a la platea, como si esta fuera la Comisión para la Paz. Esta última escena pasa la pelota al espectador y obliga a la reflexión de quien ve y oye, cerrando un gran trabajo del trío actoral.

La dirección de Sebastián Barrios se nota, sobre todo, en la dirección de actores, en la química entre ellos, en el ritmo de los diálogos y las pausas muy bien elegidas, donde las ideas o los sentimientos se transmiten a través de esos silencios con gran eficacia.

Saludos y reflexiones

Tras la cerrada ovación después de la caída el telón, se pudo ver en las primeras filas a Rafael Michelini recibiendo el afecto de todos. Ya en el hall, el legislador dijo a El Observador que “la obra marca un punto en la historia uruguaya, ya en democracia, donde se instala la impunidad y donde todas las investigaciones se terminan cortando. Donde había una acción de militancia por parte de los militares para amedrentar, para golpear, para trabar todas las investigaciones, y después, como todo eso no alcanzaba, vino la ley de impunidad. La obra es una denuncia y teatralmente está muy bien hecha.”

Consultado sobre cómo ve el futuro sobre este tema, sostuvo que “la verdad va a florecer. Estamos mucho mejor que antes en el tema de la impunidad: hemos logrado que se hallaran cuerpos, que se encontrara información, que se juzgara a militares y policías violadores de los derechos humanos; yo creo que hemos avanzado mucho desde ese 1° de marzo en que Tabaré Vázquez gobernó el país”.

También habló Juan Raúl Ferreira, quien expresó : “Me pareció una obra magnífica, es increíble como con recursos mínimos escénicos logran plasmar la esencia de todo el drama y la época; más allá del episodio concreto de tres personajes reales, lo reviven de manera espléndida. A mí me remueve recuerdos como el testimonio de la enfermera en el Parlamento, aunque no mucho más en ese sentido. Pero lo que me impresionó es cómo el episodio histórico real trasciende, y uno lo que vive es todo el drama del asesinato de Zelmar Michelini. Me sorprendió cómo no se nombra expresamente a Gutiérrez Ruiz, a Rosario Barredo, a Whitelaw, y sin embargo están todos presentes en la obra, y también el submundo que llevó a esa situación”.

Sobre cómo lo vivió desde la butaca, Ferreira comentó: “Una cosa muy personal que quiero decir es que mi señora y yo estábamos en la fila de atrás de Rafael Michelini. Para mí Rafael pasó a ser un personaje más de la obra, por lo que vivimos juntos aquellos días. La obra logra meternos en la quintaesencia del terrorismo de estado y del Plan Cóndor”

Por su parte, Yamandú Fau dijo que fue invitado por uno de los actores por haber integrado la comisión investigadora en su momento. “En una larga conversación pude aportar algunos datos más que no estaban en conocimiento de ellos. En su momento decidimos, con otros miembros de la comisión, enviar las declaraciones no solo al Poder Judicial, sino también al Poder Legislativo, y al Poder Ejecutivo. Las declaraciones, obviamente, eran secretas. Y, al otro día de enviar esas conclusiones y declaraciones, la información apareció en un medio de prensa, y ahí se perdió el factor secreto”. Para Fau esa fue la sentencia de muerte de la comisión investigadora.

Las siete únicas funciones de la obra van hasta el 13 de mayo. Las entradas cuestan $ 250 y se consiguen en boleterías de El Galpón y Red UTS. Luego, la obra se irá hacia Argentina y Chile. l

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