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A riesgo de parecer apurado o de poner el ojo mucho más allá de la coyuntura, es posible decir que la forma en la que asume hoy Daniel Martínez al frente de la Intendencia de Montevideo supone un riesgo que nada tiene que ver con su futura gestión pero sí con sus venideras apetencias políticas.

Es decir, Martínez es considerado en la interna del Frente Amplio como uno de los posibles relevos de la izquierda para el 2019 cuando la coalición tenga que pelear el gobierno nacional por cuarta vez.
Con la vejez opacando la proyección de los líderes principales del FA –Tabaré Vázquez, Danilo Astori y José Mujica– la izquierda necesita ir pensando en algunas variantes para la candidatura presidencial.

Y las candidaturas, en la izquierda y en cualquier otro lado, dependen de las virtudes de los postulantes pero también de las simpatías que despierte en aquellos que deben impulsarlo.

Más de un crack ha quedado por el camino menos abatido por sus capacidades que por sus escasas habilidades para las relaciones públicas.


Dicho esto, hay que señalar que Martínez empieza de la peor manera si lo que pretende es juntar las voluntades necesarias para que dentro de cinco años pueda aspirar a suceder a Vázquez.
Martínez no sólo dejó afuera del gabinete municipal al Movimiento de Participación Popular (MPP), la fuerza política con más votos del Frente Amplio, sino también a Compromiso Frenteamplista del vicepresidente Raúl Sendic (lista 711) y al Partido Comunista, siempre influyente en las bases de la izquierda.

Cinco años atrás, el MPP y el PCU fueron factores fundamentales para impulsar la candidatura municipal de la comunista Ana Olivera y evitar la postulación de Martínez, a quien muchos frenteamplistas consideraban el postulante natural de la izquierda en la capital.

Pero el dirigente socialista tuvo que esperan un lustro para poder postularse y, aún así, tuvo que hacerlo a través del sistema de candidaturas múltiples habilitado por el Frente Amplio en Montevideo por primera vez en su historia.

El MPP le puso enfrente a Lucía Topolansky pero Martínez le ganó con distancia. Y cuando tuvo que armar el gabinete dejó afuera al sector de Mujica y a los sectores que respaldaron a la esposa del exguerrillero tupamaro.

"El MPP se transformó en una víctima de Martínez", se quejó un legislador del sector que lidera el expresidente Mujica.

Otros dirigentes del MPP dijeron a El Observador que no entienden "la jugada" de Martínez porque se parece más a "una venganza" que a convicciones políticas.


En el PCU el enojo es evidente porque, para peor, Martínez sacó de su cargo en el Mercado Agrícola de Montevideo (MAM) a la comunista Beatriz Silva, quien estuvo a cargo de la remodelación y apertura de ese centro comercial del barrio Goes. La decisión fue cuestionada a través de una carta firmada por la coordinadora frenteamplista de la zona que también contó con el respaldo del denominado Grupo de los 41 que agrupa a los representantes de los Comité de Base de Montevideo.

Mayormente, Martínez decidió llenar los principales puestos del gabinete con dirigentes de los sectores que respaldaron su candidatura comunal (Partido Socialista, Frente Líber Seregni, Vertiente Artiguista y Casa Grande).

En definitiva, Martínez no es de los dirigentes frenteamplistas que le caen más simpáticos a los sectores marginados del gabinete municipal. Por eso, aunque faltan cinco años para el 2019, el intendente socialista deberá restablecer esa lastimada relación si quiere trascender el ámbito departamental. O, de lo contrario, está obligado a ser Gardel y a concretar una gestión de tal valor que rompa los ojos de aquellos a los que, cuando tuvo que repartir el poder, mandó con su música a otra parte.
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