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Deterioro de las joyas etiopíes

A medida que crece la capital con los rascacielos, la mayoría de los lugares catalogados como patrimonio histórico se vienen abajo por falta de atención  

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08 de enero de 2019 a las 05:00

Con sus paredes de yeso rojo y sus balcones de madera, la casa familiar de Berhanu Mengistu en Adís Abeba es testigo desde hace más de un siglo de la llegada al poder y las caídas de emperadores y gobiernos. Esta mansión sobrevivió al tiempo en un barrio, antaño ilustre, que ahora alberga un sinfín de construcciones modestas. Destaca en medio de un terreno invadido por la maleza y planta cara a rascacielos convertidos en el símbolo de la transformación fulgurante de Adís Abeba, la capital etíope en busca de modernidad arquitectónica.

En la ciudad solo quedan algunas casas como la de Berhanu Mengistu, construidas por los cortesanos y los nababs extranjeros de la época imperial. Muchas de ellas decrépitas. Los barrios pobres de la capital, sobre todo los cercanos a la casa de Berhanu, fueron arrasados para dejar sitio a las torres de hormigón y vidrio que simbolizan el rápido desarrollo económico del segundo país más poblado del continente africano después de Nigeria. Un desarrollo en detrimento de la herencia arquitectónica de la ciudad. “Se hicieron esfuerzos aislados para proteger y salvar estos edificios históricos, pero es muy limitado”, dijo Fasil Giorghis, un arquitecto de Adís Abeba.

La capital etíope fue creada en el siglo XIX por el emperador Menelik II, en una época en la que el imperio se expandió más allá de las tierras del norte del país actual. Fue obra de ingenieros armenios. Algunos dignatarios del entorno del emperador la eligieron como lugar de residencia, como Yemtu Beznash, antepasado de Berhanu, que administraba un tribunal. También vivían en ella comerciantes indios o yemeníes.

El cosmopolitismo terminó en 1974 con la llegada al poder de la junta militar comunista Derg. Los magnates extranjeros se marcharon de Adís Abeba y el Derg entregó sus casas a propietarios pobres que no tenían los medios de mantenerlas. El régimen del Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF), que derrocó el Derg en 1991, estuvo marcado por un auge económico que favoreció los rascacielos, a menudo inacabados y construidos por empresas chinas.

Decadencia

Solo un puñado de edificios históricos fueron restaurados gracias al esfuerzo del gobierno y a donantes privados, como uno de los palacios de Menelik y la casa de un exministro de Defensa convertida en museo. Las autoridades locales reconocen que la mayoría de los 440 lugares de la capital catalogados como patrimonio histórico se vienen abajo con los años.

Hace 10 años, varias embajadas y etíopes interesados en la conservación del patrimonio intentaron restaurar la casa Mohammedali, antigua propiedad de un rico mercante indio, pero todo se quedó en nada debido a la burocracia y a la pésima formación de los obreros. La mansión quedó al abandono.

AFP

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