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Aquella vez en Anchorena la reunión fue de pocos minutos, tan rápida que preocupó a los cancilleres Rodolfo Nin Novoa y Susana Malcorra. Pero, cuando se abrió la puerta, los ministros respiraron aliviados; no había nada de qué preocuparse.

El primer encuentro bilateral entre los presidentes Tabaré Vázquez y Mauricio Macri, el 6 de enero de 2016, había sido realmente bueno y la rapidez, que puede ser leído como signo de fracaso era, en ese caso, una señal que corría en sentido opuesto. La razón del éxito estuvo en el sí fácil de Macri, según contó tiempo atrás en Montevideo la excanciller Malcorra. El presidente argentino le dijo que sí a cada una de las peticiones de Vázquez, entre ellas, la de levantar la restricción que impedía el trasbordo en puertos uruguayos de cargas de exportación originadas en puertos argentinos.

Vázquez y Macri se volvieron a reunir el 23 de octubre de 2016 en la quinta presidencial de Olivos, en la provincia de Buenos Aires, y el encuentro volvió a ser motivo de satisfacción. La relación bilateral que los presidentes habían reinaugurado seguía por la senda de la colaboración y el entendimiento que tanto había faltado durante los años del matrimonio Kirchner en el poder.

El canciller Nin Novoa puede decir con absoluta tranquilidad que hay temas de la agenda bilateral, como el dragado y monitoreo del Río Uruguay, que tuvieron avances sustantivos. Vázquez y Macri se vieron el viernes 21 en Mendoza y ese espíritu cooperativo volvió a manifestarse cuando los presidentes repasaron la agenda bilateral.

Pero, a diferencia de aquel día de verano en Anchorena, no hubo planteos múltiples y Vázquez no le dijo a todo que sí a su par argentino. Hubo tan solo un pedido de Macri: endurecer la posición del bloque con Venezuela, una opción que no estaba dentro de las alternativas del presidente uruguayo. La reunión terminó, antes de lo previsto, con esa negativa de Vázquez, relataron a El Observador fuentes de los dos gobiernos.

De ahí en más, la delegación uruguaya enmudeció. Durante el viernes continuaron las duras negociaciones que habían comenzado el jueves para acordar el texto de una declaración conjunta por la situación en Venezuela. La posición uruguaya se impuso y el bloque sacó un texto que no agregaba nada nuevo y que estaba varios cambios por debajo de lo que pretendía el gobierno argentino, que contaba con el apoyo de Brasil y Paraguay.

Pero Vázquez prefirió no gritar ese gol (ni hacer ningún tipo de comentario) y, en cambio, le mandó a decir a los periodistas uruguayos que estaba enojado por una supuesta falta de cobertura adecuada en la ceremonia en que le fue entregado el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Cuyo.

La pregunta es si el gobierno uruguayo tiene algo para celebrar tras bajarle las revoluciones a la declaración sobre Venezuela, o si existirán efectos negativos que todavía no son visibles.
Fuentes de la cancillería argentina dijeron a El Observador que la cuestión de Venezuela volverá a ser tema de conversación a nivel de las cancillerías, cuando el ministro de Relaciones Exteriores argentino, Jorge Faurie, visite a Nin Novoa en Montevideo durante los primeros días de agosto en una reunión que ya estaba prevista.

Pero la atención también estará en Brasilia, que espera una respuesta de la nota que el Mercosur le envió al presidente Nicolás Maduro para que inicie un diálogo con el bloque. Si ese camino -presumiblemente complicado- prospera Vázquez no tendrá de qué preocuparse. Pero si un nuevo llamado al diálogo se convierte en otro fracaso, entonces el gobierno uruguayo estará sometido a una presión mucho más asfixiante de la que ya sufrió la semana pasada en Mendoza.

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