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Dawson hace historia: es el primer golero elegido mejor jugador del fútbol Uruguayo

Fue el primer arquero en ser elegido como el futbolista más destacado de una edición de Fútbolx100; sus recuerdos de Plaza, los esfuerzos de su madre, el apoyo de su mujer y su hija, y su presente en Peñarol

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26 de noviembre de 2018 a las 05:03

¿Cómo puede ser que la partida de nacimiento diga que nació en Montevideo si todos piensan que Kevin Dawson nació en Colonia? Pero es así. El tema es que de la capital se mudó para esa ciudad que lo adoptó. En realidad, ambos se adoptaron.

Kevin Dawson fue elegido en la encuesta Fútbolx100 como el mejor futbolista de la temporada 2018 y es la primera vez que la distinción la consigue un arquero. Además, es la tercera temporada en ganar el galardón al mejor arquero del campeonato.

De aquellos días de estudio en la escuela 1 a los tres años de liceo y a las ganas que hoy tiene de terminarlo porque ve que su hija crece y quiere que ella vea que va a seguir estudiando hasta terminar, y la idea de empezar ya a estudiar inglés, han pasado muchas cosas.

El club de baby fútbol de nombre más extraño de Colonia fue en el que debutó con cuatro años: se llama Otto Wulff. Pero lo ponían de zaguero pero a esa edad ya quería ser arquero, por lo que se fue a probar en el baby de Nacional. De allí pasó a Plaza Colonia con nueve años.

“Quería ser golero por la vestimenta. Tenía las camisetas de Pagliuca, la de Chilavert con el perro en el pecho y jugaba a que era Carini. Hace poco me lo crucé en un canal y me dijo que se lo habían contado”, dijo Dawson a Referí.

Cuenta que Federico Pérez, que está en Plaza, le comentó que llevó a su hijo al baby y que veía a muchos niños jugando a “ser Dawson”. Entonces, dentro de su timidez, no sabe “cómo reaccionar, pero me llena de orgullo. Mi mujer me dice que no me di cuenta lo que he logrado o lo que le transmito a los niños. Soy una figura pública”.

Se emociona cuando habla de Cristina, su madre, quien trabajaba en la feria que está pegada al Suppici, donde se crió él. “Tuve una infancia preciosa y todo gracias a ella y a mis hermanas Roxana, que es doctora, y Vanina. Mi vieja vendía artesanías, buzos de lana y yo la ayudaba haciendo de todo. Había unos botines Nike negros que me enloquecían y no me los podía comprar.  Un día vino Roxana y me los regaló. También me compró guantes. El fútbol era todo para mí. Como mi madre trabajaba, el técnico me llevaba a los partidos hasta que crecí y empecé a ir en bicicleta”, recuerda.

“Si estoy donde estoy y soy lo que soy es por mi madre. Con algunas dificultades, me ayudó. Ella se siente orgullosa y se emociona cuando la nombran”, agrega.

Un día le pidió a su madre que lo anotara en el club Rowing al que iban casi todos sus amigos a hacer remo. Pero él se anotó para jugar al básquetbol. “Pasaba todo el día en la calle. Cuando Plaza Colonia ascendió por primera vez, yo era alcanzapelotas. Jugaban Lugano, Leguizamón, Baldi, los dirigía Diego Aguirre, un cuadrazo, pero yo solo miraba a Mauricio Vigo, que era el arquero”.

A los 13 años se vino a Montevideo a las formativas de Nacional. Tenía de compañeros, entre otros a Carlos De Pena y Leandro Barcia y tiene un gran recuerdo de dos técnicos, que "se portaron muy bien" con él: Juan Jacinto Rodríguez y Gustavo Bueno.

Se fue de Nacional porque le hablaban constantemente de que le faltaba altura para arquero y porque se dio cuenta de que iba a ser difícil ganarse un puesto. Allí decidió volver a Plaza.

Luis Matosas lo hizo debutar en Primera división de los colonienses jugando en la B luego de estar seis meses en el banco.

En 2015, estuvo alejado de las canchas cinco meses por una luxación de rótula en una rodilla, con dos meses con una férula. Recuerda con cariño todo lo que hizo el médico de Plaza, Álvaro Verolo.

Cuando se lesionó, el equipo estaba penúltimo. Volvió en la segunda rueda y ascendieron ya con él como capitán.

Al año tuvo otra lesión en la misma rodilla, por un pelotazo de su compañero Facundo Waller, y tres meses más de baja. Cuenta que Leonel Rocco lo rescató. “'Dale, ponete los guantes’, me dijo. Y yo rengueaba y no podía caminar. Pero empecé a hacer ejercicios sentado y en poco tiempo, tomé confianza y llegué al Clausura que terminamos ganando”, explica.

Corrían tiempos difíciles. Por un acuerdo entre un empresario y Nacional, estuvo seis meses sin cobrar ya estando en Plaza. El final de la carrera del futbolista se acercaba pese a su juventud. Pero allí fue fundamental su mujer, Paula. “Iba a dejar todo y buscarme otro trabajo. Además, ella estaba embarazada. Pero fue ella la que me impulsó a que siguiera”.

Y allí recordó un par de promesas incumplidas. “Le prometí que me casaba si era campeón con Plaza y no lo hice. Después, le prometí que me casaba si era campeón con Peñarol, pero jugando. También se cumplió, pero todavía no cumplí. Me quiere matar”, dice sonriendo.

Con Plaza vivió todo, porque no se olvida que también peleó un descenso a lo que antes era la C. Carlos Manta, el gerente deportivo de Plaza, le decía que se vistiera mejor en la cancha, le daba consejos, que jugara más tranquilo.

“Hace un par de semanas, después de ganarle a Defensor y conquistar la Anual, me llamó. Me dijo que me había visto muy confiado y que pensara en el clásico que se venía. Yo pensé que me llamaba para felicitarme porque había andado bien, pero no. Eso me hizo mirar las jugadas del partido y darme cuenta de que en alguna jugada, Carlos tenía razón”, indicó.

Tiene un duelo particular de bromas con el exarquero y amigo Manta. “Él siempre me contó que atajaba bien. Un día le dije: ‘Mirá que te busco en YouTube y no te encuentro. Yo atajo mejor que vos. No compares cosas incomparables’”.

Feliz por otro título

El título logrado este año “es el mejor que conseguí en Peñarol. Si bien volvimos a ganarlo de atrás, este fue un poco más sufrido. El del año pasado fue muy lindo, pero jugué la mitad”, explica.

Chiche Corujo y Guzmán Pereira le dicen “Szymanowski” porque “dicen que no tengo manos” y el Mota Gargano cada vez que se saludan, lo hacen con los codos, por la misma broma.

El partido contra Defensor que les dio la Anual, junto al de Fénix, fueron “los más complicados”. Cuenta que ante los violetas “preguntaba al banco cómo iba Nacional y me decían que ganaba 1-0. Le dije a mis compañeros que había que ganar. Cuando lo empatamos sobre el final, sabía que lo íbamos a dar vuelta por el envión anímico que teníamos”.

Cuando Nacional se puso en ventaja en la definición dice que miró al Mota Gargano que hacía gestos de calma con las dos palmas de la mano hacia abajo y eso lo tranquilizó. “Te baja a tierra. Es un técnico dentro de la cancha”.

Para Kevin, el Cebolla Rodríguez es “el motor del equipo, el plus que tenemos. En el clásico, estaba entre algodones, y lo veías correr y no podías creer. Jugó los 120 minutos. Entonces, viéndolo a él y al Mota que estaba igual, ¿cómo no íbamos a meter como locos? Nos contagiaban”.

Recuerda cuando se enojó con Gastón Guruceaga cuando se enfrentaron en Plaza-Peñarol hace dos años. Le pidió para cambiar la camiseta y ya la había cambiado. “Desde ese día se lo echo en cara”, dice sonriendo. Con el tiempo, se hicieron grandes amigos y explica que el hecho de que Gastón tuviera que salir del arco para dejárselo a él, demostró lo persona que es. “Nunca puso una mala cara. Cuando salimos campeones el año pasado, él estaba más feliz que yo. La prensa y la hinchada fueron injustos con él en su momento”.

Luego de haber trabajado algunos años en el salón de remates de su padre, hoy disfruta de su hija Francesca de seis años. “Es mi motor, la luz de mis ojos. Cariñosa, súper dulce, se pone celosa con los compañeritos del Jardín de Infantes cuando hablan de mí y le explicamos que es mi trabajo. Tiene su personalidad y ya se elige la ropa solita”, cuenta.

Francesca le hizo un dibujo de él atajando y siempre lo lleva en la mochila a los partidos. Se lo olvidó ante Torque y perdieron.

Mira a la selección “tranquilo porque hay grandes profesionales en el arco”. Ya estuvo en la sub 15 y sub 17, y la mayor “es el sueño de todo futbolista”.

KEVIN DAWSON

Fecha de nacimiento: 8/2/1992 en Montevideo. Edad: 26

Altura: 1,77 m

Trayectoria: Baby fútbol en Otto Wulff, Nacional y Plaza Colonia, todos de Colonia, formativas de Nacional de Montevideo y Plaza Colonia. En Primera división defendió a Plaza Colonia y a Peñarol.

En la selección: Estuvo en los planteles de la sub 15 de 2007 con Fabián Coito y la sub 17 de 2009 con Roland Marcenaro.

Títulos: Clausura 2016 con Plaza Colonia, del Clausura y del Uruguayo 2017 con Peñarol, del Clausura y del Uruguayo 2018 con Peñarol y de la Supercopa 2018 con Peñarol.

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