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No es fácil escribir por encargo y mucho menos si la libertad creativa debe estar ceñida a un tema concreto, en este caso, a los balnearios. Por suerte los desafíos no suelen amedrentar a los escritores, ávidos siempre de probarse a sí mismos de que son capaces de cualquier cosa.

Autores uruguayos como Gustavo Espinosa, Agustín Acevedo Kanopa, Leandro Delgado, Hugo Fontana u Hoski, se dan la mano aquí con otros que recién comienzan. Hay que señalar como un acierto que en un país donde los hombres predominan en literatura haya varias mujeres presentes en el libro. Y también que varíe mucho la edad de los escritores, lo que permite observar las diferencias generacionales.

Los relatos se desarrollan en balnearios de Uruguay, Brasil y Argentina más o menos populares. Giran sobre un mismo eje pero todos son muy distintos entre sí, más que nada por el estilo personal de cada autor que se hace presente como un sello distintivo.

Así es posible reconocer la escritura precisa y elocuente de Kanopa, la prosa rebelde y el buen humor de Espinosa, la elegante cadencia poética de Delgado, la sabiduría conceptual de Fontana o el desparpajo constante de Hoski.

Aunque no sean trágicos, después de leer los textos queda claro que las vacaciones no son la panacea que todo el mundo piensa. Entre otras cosas, porque nunca son solo vacaciones. Detrás de los viajes, las acampadas, los hoteles, las risas y la playa, se esconden relaciones humanas complejas como lo demuestran estos once relatos.

Para Kanopa, por ejemplo, las vacaciones en un balneario son ideales para evaluar la situación sentimental de los veraneantes. Varias parejas, alguna en descomposición, alquilan una casa que pronto se revela como un enemigo temible para todos ellos cuando los insectos se rebelan contra los intrusos.

En cambio, para Espinosa, el arrendamiento de una improbable casa en Parque del Plata deriva en un paseo infernal por las calles de un balneario que parece una planta carnívora acechando a sus presas.

Nota aparte merecería el amigo escritor que a base de marxismo y whisky intenta exorcizar las penas de la vida mientras los demás ven cada vez más lejana la posibilidad de veranear allí.

Carol Milkewitz explica en ¿Qué es un balneario? las infinitas posibilidades que se apilan detrás de la palabra y señala el peso de las generaciones en esa construcción cultural que se transmite de padres a hijos. Los días perdidos de la infancia, la familia y el paso del tiempo son el centro del relato.

De lo mejor del libro es Valizas, de Hoski, un relato que parece escrito en tiempo real desde el balneario mismo y que se vive como una aventura verosímil de principio a fin. La descripción del lugar es magnífica a la hora de mostrar el aquelarre de tribus urbanas o suburbanas que se mueven por la zona, los amores de verano, las amistades, la droga, la música y el sexo. Pero es, en el fondo, una reflexión profunda sobre la identidad personal.

Fontana juega de taquito con su Tijerona, nombre de la casa que el veterano propietario intenta vender a un comprador. Lo que importa sucede por lo bajo. Ni él quiere vender ni el comprador parece realmente interesado en comprar. Como telón de fondo, la casa y sus recuerdos. Y también una rica charla sobre la trascendencia de todo acto sexual por más superficial que parezca.

El volumen se completa con relatos de Martín Arocena, Carolina Cynovich, María Inés Krimer, Diego Recoba y Valentina Viettro.

Balnearios, con su mezcla de autores y las ilustraciones de once colaboradores, resulta un libro ameno y original, ideal para el verano.
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