Opinión > Editorial

Expansión comercial sin tal vez

El análisis de la política económica de Uruguay con el mundo

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22 de junio de 2018 a las 05:00

Ampliar a menor costo el acceso al vital mercado de China y a otros países es un objetivo imperativo para fortalecer una economía en crecimiento cansino. Pero el gobierno la encara con poco realismo y menos decisión al seguir empecinado con un Mercosur que nos traba. Desde la reciente asunción de la presidencia semestral del bloque por Uruguay, tanto el presidente Tabaré Vázquez como su canciller Rodolfo Nin Novoa enfatizaron la necesidad de un comercio con menos pagos de aranceles para ingresar al gigantesco mercado chino. Pero afirman que se buscará a través de un tratado de libre comercio de todo el Mercosur, lo cual es inviable mientras Paraguay mantenga relaciones diplomáticas con Taiwán, situación inaceptable para Beijing.

En tanto persista este obstáculo, de poco servirán los encuentros presidenciales, de cancilleres y de otros altos funcionarios de Uruguay y China. Vázquez volvió de una visita a esa potencia en 2016 con un acuerdo preliminar con el presidente Xi Jinping para un TLC. El propósito quedó en la nada desde entonces por obra y gracia de la perniciosa norma del Mercosur que prohibe a uno de sus miembros concluir TLC bilaterales por fuera del bloque sin permiso de los demás socios, requisito que ha sido bloqueado por Brasil.


Debido a este obstáculo Uruguay paga US$ 1.500 millones anuales en aranceles, además de no poder entrar con productos que han sido desplazados por otos países más competitivos, según señaló Nin Novoa.
Destacó además que países que compiten con Uruguay y el resto del Mercosur porque ya tienen tratados de libre comercio con China, como es el caso de Chile, Costa Rica, Australia y Nueva Zelanda, tienen asegurado el ingreso de sus productos sin aranceles. Pero enfatizar estas dificultades no las solucionan mientras los otros socios no autoricen a nuestro país a cerrar TLC bilaterales por fuera del bloque, lo cual parece improbable, o que concierte acuerdos de ese tipo por su cuenta y enfrente las consecuencias con el resto del bloque regional. Este último curso ni se avizora. Al contrario, la administración Vázquez insiste en acciones conjuntas del Mercosur pese a que la experiencia ha demostrados que son ilusorias.


Ya ha ocurrido con el anciano intento de concertar un TLC con la Unión Europea, que después de 20 años de negociaciones agoniza por desacuerdos insalvables debido a posiciones proteccionistas sobre productos agropecuarios y en otros rubros. Al asumir la presidencia del Mercosur, Vázquez anunció que se buscará ahora un acuerdo – también en forma conjunta por el inefectivo Mercosur – con la exitosa Alianza del Pacífico que integran Chile, Perú, Colombia y México, así como con otros mercados.

Pero además de la decorativa presunción de que el Mercosur actúe con solvencia en estos casos, dentro del propio Frente Amplio hay sectores que se oponen a ese curso para no unirse a gobiernos de diferente signo ideológico. La misma razón sigue demorando la ratificación parlamentaria del TLC firmado en 2016 con Chile, aunque el gobierno asegura que finalmente saldrá el visto bueno de su Plenario. Nin Novoa ha declarado que "tal vez sea hora de plantearnos un repriorización en la búsqueda de acuerdos comerciales." La hora está llegada, sin tal vez que valga. Solo falta que el gobierno sea capaz de aprovecharla sin más dilaciones o infundadas esperanzas mercosureñas.

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