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Francia: la modernización entre la resistencia

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29 de noviembre de 2019 a las 05:04

En sus dos primeros años de gestión, tres instancias principales han marcado al gobierno de Emmanuel Macron, en su intento de modernizar a la sociedad francesa en un entramado social con fuerte resistencia al cambio.     

En estos días, se cumple un año del inicio de la protesta de los “chalecos amarillos”, el primer cuestionamiento de importancia que debió enfrentar Macron, al punto que debió renunciar a su propuesta original para aprobar varias concesiones sociales que no estaban en su programa inicial. .

La resistencia comenzó en rechazo a la propuesta oficial de un impuesto sobre los combustibles destinado a financiar un fondo para la protección del medio ambiente. La importancia de las sucesivas movilizaciones obligó a Macron a desistir de esa propuesta y a convocar a un diálogo social que concluyó en varias mejoras a favor de los ingresos de trabajadores y jubilados.

Así, Macron anunció un aumento de € 100 mensuales para los trabajadores que perciben el salario mínimo, a ser financiado con cargo a rentas generales, sin costo para los empleadores. También fue restablecida la exención de impuestos sobre los ingresos que se perciban por el cumplimiento de horas extras y esa exención se hizo extensiva a la prima “voluntaria” de fin de año que se pidió concedan las empresas.

En cambio, Macron se opuso al restablecimiento de un impuesto sobre las grandes fortunas, que fue una de las principales reivindicaciones de los manifestantes.

El costo de estas medidas se estima fue equivalente a 1% del PBI, a ser financiado mediante un plan de reducción del gasto público, el aumento de ciertos impuestos y un aumento del déficit fiscal y la deuda pública.

Sin perjuicio de la persistencia y, en algunos casos, la violencia, de las protestas, ellas no afectaron a la institucionalidad de Francia, en parte porque no tuvieron líderes visibles, que pudieran captar el apoyo de alguno de los partidos políticos más importantes. En el mismo sentido, la continuidad de los movimientos fue afectada por la división entre los intereses de los sectores urbanos y rurales, que están afectados de forma disímil por el precio de los combustibles para sus necesidades de transporte y de producción.

Pero el ruido de los “chalecos amarillos” y el paso atrás de Macron para acomodarse a sus protestas no pueden ignorar que entretanto, su gobierno tenía éxito en la baja del desempleo, otro dato importante desde el punto de vista económico y social. En especial, porque en el pasado los ex presidentes Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy y François Hollande debieron resignar sus respectivos intentos alcanzar ese mismo logro mediante una modernización del mercado laboral. .

Entonces, el año pasado el crecimiento de la economía fue del 1,7% y en este año se espera cierre en torno al 1,3%, por encima de sus vecinos Alemania, que pasa por una recesión, e Italia.

En base a este dinamismo, y como consecuencia de la reforma laboral impulsada por Macron, en el segundo trimestre del año en curso la tasa de desempleo bajó al 8,2%, la menor de la última década, aunque aún alta en comparación con la Unión Europea.

La reforma de Macron redujo el costo de los contratos laborales en parte por una rebaja de la indemnización por despido y en parte por menores  impuestos sobre los salarios. También fue decidida una restricción de los beneficios del seguro de desempleo. A la vez, fue impulsado un ambicioso programa de entrenamiento para los jóvenes.

Como consecuencia, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, Francia tiene ahora un mercado laboral más flexible que Alemania, Italia y Suecia y la menor carga tributaria sobre los salarios después de Japón. 

Esto ha permitido una creación de empleos muy importante en los últimos tiempos. De hecho, el problema parece ser el opuesto, con unos 400.000 puestos de trabajo que no pueden ser cubiertos, en parte por la generosidad de la cobertura del seguro de desempleo y en parte por la falta de personal debidamente calificado.  

Después de estos dos acontecimientos tan importantes, Macron está redoblando su apuesta, porque en estos días intenta reformar una de las instituciones sociales más arraigadas en la sociedad francesa, como es la seguridad social. Así, el  proyecto de reforma intentará unificar los cuarenta y dos sistemas  particulares de retiro existentes en la actualidad en uno único y de aplicación general.

Entre otros objetivos, el cambio habrá de facilitar el retiro de todos quienes hayan cambiado de profesión o de trabajo y también contemplar a la situación de los trabajadores que debieron interrumpir su actividad. La reforma comenzará a aplicarse en el 2025 y no habrá de afectar a quienes ya están retirados ni a los derechos adquiridos hasta entonces. A partir de ese año se abrirá un período de transición de quince años. En el futuro la edad mínima de retiro será de 62 años.

Tal como era de esperar, en rechazo a esta iniciativa, los diversos sectores eventualmente afectados están convocando a un paro general para el próximo 5 de diciembre.

Entretanto, y para descomprimir esa movilización, la semana pasada Macron accedió a aprobar un programa de refuerzo de fondos por US$ 1.700 millones en tres años a favor del sector de la salud, con el fin de atender a la protesta de los médicos y trabajadores del sector.

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