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Desde la primera presidencia de Tabaré Vázquez en 2005, el gobierno aprobó leyes y decretos sobre relaciones laborales dejando atrás modelos que no compartía. Con esas normas, explicaban los jerarcas, se buscaba equilibrar una balanza que había estado volcada a favor de los empresarios, en detrimento de los trabajadores.

Unos 12 años después, la pastera UPM se apresta a concretar la inversión para una segunda planta de celulosa y uno de los aspectos que observa de reojo es el de las relaciones laborales.

Sin embargo, el gobierno no plantea incluir modificaciones a las normativas sobre trabajo para “darle llave en mano una solución a UPM”, aunque sí buscará atender las complejidades que traerá la instalación de la pastera, dijo a El Observador el nuevo director nacional de Trabajo, Jorge Mesa.

A nivel general señaló que el mantenimiento de los puestos de trabajo es una preocupación permanente de la cartera y que otro objetivo es la mejora de los salarios más sumergidos. Mesa estuvo en la actividad sindical hasta 2007, como dirigente del Sunca e integrando en algún período el Secretariado Ejecutivo del PIT-CNT. A continuación, una síntesis de una entrevista con El Observador.

¿Cambiaron los sindicatos desde la época que usted estaba? ¿Tienen una postura diferente ahora?
Los sindicatos cambiaron porque se llenaron de gente. Se incorporó gente nueva a las organizaciones sindicales, a las cámaras empresariales y a las empresas. Las definiciones institucionales que fueron tomadas en 2005 apuntaban a que hubiera un crecimiento de las relaciones laborales y de los dos actores. En esa dinámica a nivel de la empresa y de las representaciones es donde encontramos todavía la necesidad de llegar a una cultura y un conocimiento que permitan que las relaciones laborales sean más fluidas. Eso no quiere decir que no haya conflicto, sino que fluyan de forma más ordenada.

¿Cree que hay inexperiencia, en algunos casos, de los representantes de los dos sectores?
No diría inexperiencia. Hay decisiones anteriores que tomaron actores perjudican ahora el clima de relaciones laborales. Y a veces no es gente nueva o inexperiente; capaz que aprendió mal de otro tipo de relaciones laborales que estamos tratando de superar ya hace un tiempo. Toman decisiones inconsultas, con poca información, eso se recibe de mala forma y las reacciones son fuera del marco que quisiéramos. Hay que tener madurez de las dos partes. Si el origen es incorrecto las consecuencias no pueden ser correctas.

El año que viene habrá una nueva ronda de Consejos de Salarios y por primera vez en muchos años se prevé que la inflación esté dentro de la meta oficial. ¿Cree que eso modificará o moderará los reclamos salariales de los sindicatos?
Lo que podría hacer es que variara el tipo de reclamos. Todavía seguimos teniendo algunos problemas por superar. Hay algunos sectores de actividad con salarios para atender, bajos para lo que es el costo de vida y su mejoramiento. Tenemos la responsabilidad de atenderlos.

En estos meses se produjo el cierre de algunas empresas y la pérdida (o el anuncio en algún caso) de puestos de trabajo. ¿Cómo observa esa situación?
Las noticias que podríamos tener en Uruguay serían bastante más negativas si no hubiera éxito en algunas políticas públicas. Si se mira a los vecinos próximos tienen mayores problemas de empleo; se podía haber tenido un impacto más negativo, creo que mantenemos rangos buenos en la relación entre empleo y desempleo. Hay sectores que apuntalan el crecimiento de la economía que no necesariamente generan empleo. Tal vez haya necesidad de mirar eso con mayor atención, porque podría haber necesidad de dinamizar la generación de más empleo en algún sector de actividad. La preocupación sobre el tema del mantenimiento de los puestos de trabajo es permanente.

En contrapartida, la instalación de la segunda planta de UPM será un generador de empleo. ¿Cómo se está trabajando en materia laboral en relación al proyecto?
Es algo novedoso: estamos hablando de temas laborales antes que la decisión esté plenamente confirmada y bastante antes de que comiencen efectivamente el trabajo, al menos del desarrollo de las obras. Y esto es una innovación para todos. La empresa viene a invertir y las reglas de juego son claras. Pero está el tamaño de la inversión, la complejidad de tener trabajadores de empresas nacionales y extranjeras y la necesidad de no modificar las reglas de juego nacionales, sino de tener algunas propias en base a esa complejidad. Eso hace que la empresa insista con trabajar en algún acuerdo que le posible tener un marco para moverse en materia de relaciones laborales. Estamos para trabajar en lo que nos permitan las partes, sindicales y empresariales, y obviamente en lo que nos permita la forma en que nosotros pensamos, con determinados principios y conceptos. No vamos a desarmar el marco de relaciones laborales que tenemos para darle llave en mano una solución diferente a UPM; vamos a atender las características que tiene la inversión por su volumen y todos los demás temas.

Por lo que usted dice son muchos los aspectos a tener en cuenta.
Están las leyes que obligan a todo el mundo, pero debajo de ese paraguas ocurren relaciones laborales que hay que atender. En la etapa de obra y montaje habrá miles de trabajadores, que además van a estar en el interior del país; hay que resolver con anticipación sus condiciones de vivienda, de alimentación, de transporte. El gobierno planteó, en algún momento, que si la inversión se realiza hay que pensar incluso cuáles son los compromisos de la empresa respecto a generación de lugares de esparcimiento y ocio que cualquier lugar del interior del país tiene que ampliar por el solo hecho de que va a haber miles de trabajadores.
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