Hace 68 años se hizo el primer ensayo nuclear en un desierto de Nueva México
Robert Oppenheimer, considerado el padre de la bomba atómica, esperaba en un bunker a 10 kilómetros. Con los años se arrepintió y dijo “me convertí en la muerte, el destructor de mundos”.
El lunes 16 de julio de 1945 no fue un día más para la historia de la humanidad y de un planeta en el que, según el propio presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, hay casi 13.000 ojivas o cabezas nucleares en manos de nueve países. Suficientes para hacer volar todos los rincones del planeta Tierra.
En aquel julio, apenas terminaba la Segunda Guerra en el frente europeo con la rendición incondicional del Tercer Reich y la muerte de Adolf Hitler. Sin embargo, el imperio japonés seguía dando batalla pese a que desde enero de 1945 la aviación militar estadounidense hacía trizas todas las ciudades niponas.
En julio, la Casa Blanca había quedado en manos de Harry Truman, tras la muerte ocurrida el 12 de abril de Franklin Delano Roosevelt, el hombre que había presidido los destinos de su país durante 12 años y fue, al menos en los Estados Unidos, el padre del llamado “Estado de Bienestar”. Roosevelt participó en febrero de 1945 de la Conferencia de Yalta, una ciudad soviética a orillas del Mar Negro junto al británico Winston Churchill y el ruso José Stalin.
El frente europeo ya estaba prácticamente resuelto por el avance imparable del Ejército Rojo desde el frente oriental y de las tropas británicas y estadounidenses del occidental.
El 7 de mayo de 1945 capituló el Tercer Reich. Poco después se llevó a cabo la Cumbre de Potsdam. Fue entre el 17 de julio y el 2 de agosto de 1945, y los Estados Unidos estaba representado ya por Harry Truman. Un día antes de comenzar la conferencia llevada a cabo en las afueras de Berlín, con una Europa donde los estallidos habían dejado de tronar, se llevó a cabo el primer ejercicio de una bomba nuclear de la historia de la humanidad.
Los estudios que finalizaron en esa primera explosión atómica habían comenzado mucho antes. Truman fue a Alemania con el secreto guardado bajo llave respecto de cuáles serían las consecuencias del ensayo llevado a cabo en el desierto Jornada del Muerto, en el sureño estado de Nueva México. La conferencia de Potsdam finalizaba el jueves 2 de agosto y sirvió para que los jefes de Estado de la Unión Soviética, Gran Bretaña y los Estados Unidos sellaran la paz en el frente europeo.
Sin embargo, el reloj corría para lo que, apenas unos días después, sería la tragedia de las dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, lanzadas por la aviación estadounidense el lunes 6 y el jueves 9 de agosto. En total, unas 214.000 personas murieron por el efecto directo de la explosión de las bombas en ambas ciudades. Las consecuencias de la radiación en los sobrevivientes, conocidos como hibakusha (“persona bombardeada”, en japonés), dejaron cientos de miles de personas con gravísimas lesiones.
El día anterior al inicio del diálogo entre los tres estadistas en Potsdam, el físico Robert Oppenheimer esperaba en un bunker a pocos kilómetros de distancia de donde explotaría la primera bomba atómica en la historia en un territorio desértico. Así como la bomba de Hiroshima fue bautizada “Little Boy” y la de Nagasaky “Fat Man”, la de este ensayo fue llamada “Trinity”.
Oppenheimer había nacido en el seno de una familia judía de Nueva York y estaba a cargo del Proyecto Y, encargado de diseñar y fabricar la bomba. Apenas había cumplido 41.
Un artículo publicado por la cadena británica BBC cita a los historiadores Kai Bird y Martin J Shirwin, biógrafos del padre de la bomba nuclear, autores de American Prometheus, editado en 2005 y que sirvió de base para una película biográfica que se estrenará el próximo 21 de julio en los Estados Unidos.
En los minutos finales de la cuenta regresiva de aquel 16 de julio, cuentan Bird y Sherwin, un general del Ejército observó de cerca el estado de ánimo de Oppenheimer: “Se puso más tenso a medida que transcurrían los últimos segundos. Apenas respiraba”.
La explosión, cuando se produjo, eclipsó al Sol. Con una fuerza equivalente a 21 kilotoneladas de TNT, la detonación fue la más grande provocada por la especie humana hasta ese día. La onda expansiva se sintió a 160 kilómetros de distancia.
El artículo de la BBC, escrito por Ben Platts-Mills, cuenta que cuando anunció el bombardeo exitoso de Hiroshima, alguien observó que Oppenheimer “juntó y agitó su mano sobre su cabeza como un boxeador victorioso”. Los aplausos “prácticamente subieron el techo”. Oppenheimer era el director del Proyecto Manhattan.
Sin embargo, años después, como relatan Bird y Sherwin, como miembro de la Comisión de Energía Atómica durante el período de posguerra, abogó en contra del desarrollo de más armas, incluida la bomba de hidrógeno más potente, para la que su trabajo había allanado el camino.
El resultado fue que Oppenheimer fue investigado por el gobierno en 1954 y que le quitaran su autorización de seguridad, lo que marcó el final de su participación en el diseño y asesoría de políticas. El padre de la bomba atómica, arrepentido, murió el 18 de febrero de 1967. Tenía 62 años y, para entonces, el Ejército de los Estados Unidos había invadido Vietnam y sus aviones lanzaban cientos de bombas con el agente naranja, ideado como un defoliante pero que causó miles de muertes en ese país del sudeste asiático.
Hasta el día de hoy, millones de personas sufren los efectos tardíos de aquellas bombas, no atómicas, pero devastadoras. El propio presidente Joe Biden dijo que, en la actualidad, se calcula que hay casi 13.000 ojivas o cabezas nucleares que están en manos de nueve países.